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Sociedad Relatos de Vida

Alberto Rubiño, corazón de bueno y rostro de malevo: “Siempre hago de malo. Así es como la cámara me quiere”, dijo el sanjuanino

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Ahora San Juan entrevistó a más que un actor local, a un hombre de valores: “la lealtad hasta por sobre el amor, la humildad y la amistad. Me gusta que la gente me quiera, por eso trato de hacer acciones buenas”. Alberto es parte del elenco de la miniserie nacional que se está rodando en nuestra provincia: “Martina Chapanay, mujer de cinco mil batallas”, encarnando a un sargento. “La industria cinematográfica es extraordinaria. San Juan debería potenciarla”, resaltó. Sociable, trabajador, emprendedor, perseverante; lleva su amor por la arquitectura y la construcción en conjunto con una pasión por la actuación que surgió casi por accidente.

Rubiño, este grandote de alma carismática y largas piernas inquietas, no solamente adora “profundamente a las personas”, como acotó, sino que no les teme a las dificultades de la vida y hace frente a lo que venga para lograr sus metas. Hoy hay mucho odio, preocupación en la belleza, la juventud y el dinero. Los cuales son circunstancias solamente. La sociedad sería mejor si entendiera que cuando morimos se acaba todo”, indicó. Confesó que tiene dos sueños: Uno es llegar a construir una clínica para que trabajen tres de mis hijos que están en el rubro de la medicina. Y el otro es poder escribir dos cuentos que ya tengo pensados: el primero es fantástico, de cuando era joven y el otro fue ideado junto a mi amigo que falleció (Frito). Acerca de un hombre que está en coma y todo lo que a éste le sucede. Lo haría en su honor”.

Alberto llegó al mundo de la actuación casi por accidente: “En el 2002 fuimos a vivir a San Luis, donde me enteré que se estaba rodando una novela en la que actuaba Andrea del Boca (Sálvame María), y estaban buscando escenógrafos. Me presenté y así comencé. Luego pasé a tener papeles de extra, siempre pensando que sería algo pasajero. Ya que, en realidad, apuntaba a un trabajo en la Secretaría de Obras de la ciudad”. Sin embargo, el hermano de la protagonista, contó Rubiño, que lo vio y aconsejó para un papel mayor: “Me llaman y me dicen tu personaje va a ser de Daniel, hermano de Juan Palomino, salís de la prisión y buscas venganza. Haría de malo. Filmé algunos capítulos'”. Y con el tiempo la magia de la televisión lo sedujo:
“Me resultaba muy fácil. No me corregían nada.
Siempre tuve personajes secundarios con diálogos cortitos pero interpreté los papeles tal como el director me lo pedía“.

Luego, explicó que concurrió a un casting para hacer de guardaespaldas en una película mientras estaba trabajando en la Secretarías de Obras en la ciudad puntana. Agregó que le había salido un proyecto de construcción en San Juan, el cual aceptó: “A los meses me avisa mi esposa que me llamaron de la productora de la película ‘Tres de Corazones’ en la que el director, Sergio Renán, estaba interesado en mí para un personaje de guardaespaldas. En el elenco estaban China Zorrilla, Nicolás Cabré, Mónica Ayos, etc”. Aclaró que aceptó y mantuvo ambos trabajos en paralelo viajando de una provincia a la otra.Parece ser que hay algo entre mi cara y la cámara que hace que guste. De una sola escena terminé haciendo varias, e hice sonar a Nicolás Cabré en una de ellas”, exclamó entre risas. Y recalcó que esta experiencia fue la mejor ya que le significó un avance en su carrera de actuación.

¿Cómo se resume el proceso de grabaciones que haces?, preguntamos a este “villano”, bonachón.

-“Se hace una escena para tomar posición, luego un ensayo general y la filmación final“, resumió.

Un desafío que enfrenta cada día es su dislexia: La actuación te descubre, yo soy disléxico, me cuesta escribir y leer si me concentro demasiado, no tengo mucha memoria y es por eso que siempre le tuve miedo al teatro. Esto lo arranqué a mis 40 años, aunque me hubiera encantado hacerlo desde chico”, describió. Y alegó que: “Actuar se aprende actuando”.

Entre lo aprendido, señaló: “El cine es diferente al teatro, el primero es más pausado, con gestos menores, más tranquilo y el segundo debe ser todo más exagerado, ampuloso, hablar más fuerte. Un ejemplo es ‘Esperando a la Carroza’, la cual es una película de cine presentada en un formato como si fuera de teatro. Es por eso que a algunos les gusta mucho”.

Elenco de la serie de Martina Chapanay.

La biografía de Alberto, el “Pipi”, Rubiño contada desde sus mejores recuerdos: Tiene 57 años nació en San Juan en Villa del Carril. Alto y de corazón tan grande como sus sueños y sus ganas constantes de hacer amigos. Vecino de Concepción o “Pueblo Viejo“, estudió en la escuela Superior Sarmiento y luego en la escuela técnica Ing. Rogelio Boero. Además, tiene una historia magnífica de perseverancia con la facultad de arquitectura. Donde con sólo la tesis pendiente desde el año 2000 que rindió su última materia; después de veintiún años retomó sus estudios: “Nuestro primer hijo venía en camino cuando con mi esposa estábamos estudiando, ella recién empezaba magisterio y yo en cuarto año de arquitectura. En mi caso, el cursado fue el más tedioso. Todo era dibujar, con horas trastes en el tablero. Trabajando, criando los chicos, se hizo cuesta arriba terminar. En el 2000 rendí urbanismo II que fue la última“. Para su sorpresa, detalló que se quedó sin trabajo cuando estaba haciendo su tesis: “Estuve vendiendo ropa y perfumes casa por casa, entre otras cosas, y tuve que postergarla”.

Junto a su esposa Laura.

Este gran aventurero de la vida, mencionó que, en los 90′ bajo el gobierno menemista todo se les hizo cuesta arriba: “Había un alto grado de desempleo, me tocó hacer de todo para subsistir, desde albañil hasta consultor del Banco Mundial en los programas Trabajar“.

Hoy, su familia está compuesta por: su esposa Laura desde hace 30 años, sus hijos Gerónimo (28) Guillermina (25), Valentina (21) y Oriana (16). “Me siento orgulloso de todos, mi hijo es un genio y mis hijas son preciosas e inteligentes. La más chica es creativa, una artista”, indicó entre suspiros de papá enamorado.

Junto a su familia.

Proveniente de raíces humildes, advirtió que con sus padres vivieron en una casa de adobe con piso de tierra. Su infancia no fue fácil, pero la recuerda como buena y con anécdotas significativas. “No olvido cuando lloraba para no quedarme en el jardín y mi papá se devolvía en su Siambretta 125. Me buscaba y me llevaba a la casa de mis abuelos paternos. Me quedaba a dormir con ellos y me tranquilizaba. Era algo que le hacía con frecuencia, lo manipulaba de esta manera“, confesó entre risas.

Declaró que cuando él tenía 6 años, su padre viajó a EEUU en búsqueda de una mejora económica y permaneció allá por 4 años. En este punto comentó: “Todo cambió, porque cuando regresó, fuimos a vivir a barrio Mitre donde tuve mis mejores momentos, conocí gente extraordinaria. Era un lugar lleno de niños, ahí viví por 25 años“. Entre sus añoranzas sumó: “Partidos de fútbol con mi amigo ‘el rata’ al arco, qué capo!, el Negro Aguilera que ya falleció, los Torres (que nos hacían rabear), el Alfredito Sánchez que también falleció (el ‘Frito’). Los recuerdo a todos con mucho cariño, la pasábamos excelente. Andar en bicicleta, ir a lavar la pileta del colegio Don Bosco con el padre Rosas que nos hacía un bizcochuelo (aclarando que soy agnóstico). Me encantaría que mis hijos hubieran podido vivir esa infancia y adolescencia“.

Para él, su historia tuvo gran protagonismo en barrio Mitre: “Éramos un ejército. Jugábamos y cada uno de nosotros aportaba cosas al grupo“. Y aquí comentó que en el cuento fantástico que tiene ideado, usa la memoria emotiva: “El aroma de los paraísos me lleva instantáneamente a una tarde de primavera, mientras jugaba en el pasaje de mi casa a la pelota con mis amigos, luego nos sentamos en la vereda entre estos dos grandes árboles que teníamos y sentimos su olorcito fresco. Todos en la calle, despreocupados“. Este artista soñador, explicó que su cuento tiene que ver con ese recuerdo tan vívido para él. Y, especificó, que todos los años le sucede lo mismo en esta estación.

Entre las cosas que destaca de los protagonistas de aventuras en su infancia, están: “Jorge, ‘el rata’, era muy creativo. Me acuerdo cuando quiso hacer autos de plásticos, cohetes. Hicimos un cine, él recreaba programas de radio. Y cuando nos juntábamos los tres (con el Frito) era una locura, muy divertida. Alfredito era un lector muy apasionado. Con ellos jugábamos a las carreras en esos autos de plásticos, en el patio grande de Alfredo“.

Dejó entrever la nostalgia de sus vivencias en el San Juan de aquel entonces: “Cómo olvidar al baldío del ingeniero Bosques, tenía muchos bloques de hormigón y nosotros se los rompíamos sin querer porque hacíamos casitas, imaginábamos que estábamos en la guerra. Decir que nuestra infancia fue hermosa es poco, si hacemos una película la ficción nunca superaría a la realidad“. Además, mencionó, que, en aquel entonces, detrás de la terminal venían los circos y parques de diversiones: “Yo me iba a ayudarles a parar sillas, a darle de comer a los animales y me daban entradas para mis amigos y yo“. Y en la misma terminal, explicó que también cargaba las valijas de la gente en los taxis a cambio de dinero para comprar golosinas.

En la actualidad, se dedica a la construcción junto a su hermano Orlando con quien tiene una pequeña empresa: “Hacemos proyectos, cálculos, dirección, etc”. Como hobby mencionó que va al campo: “Me gusta viajar en auto y estamos con mi esposa conociendo nuestra provincia sanjuanina, vamos a distintas partes y nos gusta hacer trekking. Caminamos los dos solos en las montañas“.

En una de las obras: Plaza de la Salud en Parque de Mayo

Un hombre multirubros: Alberto nunca se quedó quieto, la clave para este señor, maestro de la adaptación en la vida, es nunca darse por vencido: “Estuve 12 años al frente de un local de ropa, trabajé muchas veces en la Fiesta del Sol (desde la primera que se hizo), hice cortos, uno resultó premiado por el INCAA en Francia (Historias breves: Deolinda). Estuve en un documental ficcionado que se llama ‘La verdadera historia de la Difunta Correa’ haciendo del comisario Rancagua, participé de un video musical, trabajé en una película española que se llama Hotel Tívoli . Y luego, al comenzar en el rubro de la construcción con mi hermano, me alejé de la actuación por falta de tiempo”.

Deolinda.
Video clip: Estado ft. Las Manos de Filippi – Para la villa.
Trabajando en una Fiesta del Sol.

Retomando la conexión con la magia actoral: “Ahora me llamaron para audicionar para una miniserie del INCAA sobre Martina Chapanay. Una historia hermosa. Quedé elegido para un personaje de sargento, es una trama que pone en foco a la mujer. Trabaja Paloma Contrera, Charo Bogarín, entre otros. Una muy linda producción. El director ha tomado cosas muy interesantes”.

Un consejo que dejó para los actores iniciantes: “Estudien, acá hay una escuela de cine: ENERC. La cual es muy completa. Ahí participé de varios cortos”, manifestó.

Sus películas favoritas: “Cinema Paradiso” y “I’ am Sam”. “El cine argentino también es muy bueno con actores excelentes: “Como Miguel Ángel Solá, Ricardo Darín, Héctor Alterio. Hay muchos que te hacen involucrar en la historia y creertelá. Como es el caso de ‘9 reinas’”, sentenció. Las metas cumplidas que señaló fueron darles casa y estudio a sus hijos, recalcó que disfruta de la familia, de hacer trekking, de viajar, y que su lugar preferido es Cuba: “Es un lugar soñado”.

Para cerrar, compartió una frase que lleva como lema: “El que no camina de joven, corre de viejo”. A lo que sumó: “Me parece muy sabia y acertada ya que lo revolucionario es recibirse rápido”.      

Sociedad Relatos de Vida

Iván Manrique: El sanjuanino que transmite en su obra la nostalgia, la identidad y los afectos. “Dibujar es pensar”.

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Ahora San Juan entrevistó a Iván Manrique, una importante figura del mundo del arte de la provincia, que también estuvo siempre relacionado al diseño gráfico. Se autodefine como sencillo, un hombre común, que es papá, esposo, hijo, tío, nieto, etc. Y resaltó: “Tengo una marcada dependencia con la familia y los afectos, eso me moviliza y me mantiene vivo. Creo y cuido la amistad. En lo profesional soy un trabajador de las artes visuales. Como dice Victor Jara: ‘El tiempo dirá si soy un artista o no‘, me levanto todos los días pensando qué puedo hacer de nuevo para ampliar mi obra, qué puede gustarle a la gente y cómo poner en valor ciertas cosas que muchos no ven“. Manifestó que trabaja primero al dibujo como boceto, como estructura de pensamiento, y que desde ahí parte hacia el mural, el grabado o la pintura de caballete. “Lo que más me gusta del arte es la vida misma, la expresión que generan las personas cuando accionan en el teatro, la música, pintura, danza, escritura y el arte en general” argumentó, junto a su idea de que: “Las artes visuales funcionan como documentos históricos”.

Entre las herramientas que usa están: bastidores con acrílicos, técnicas de facturas de pincel y fondos aerografiados, con el dibujo siempre presente. Donde usa tinta, grafito, sepias, sanguinas, carbonillas y acuarelas con las que combina los colores. Y tiene una disciplina favorita: “El mural”. “Me gusta mucho y más si está en la vía pública, esa obra empieza a mutar y a lograr con el contexto otro impacto diferente a las que están en una galería, museo o sala de exposiciones“, determinó. Aquí trabaja con látex acrílico y pincel rodillo, “aunque sobre todo la aerografía“, indicó.

“La rebelión de las masas”, no es sólo un libro de José Ortega y Gasset, sino que puede aplicarse en este caso a lo que un mural callejero significa dentro de la sociedad: En este sentido, Iván alegó que una vez que el artista lo deja en una calle, pared o cualquier entorno social; éste empieza a formar parte de su arquitectura y transeúntes. “Hace que exista un nexo con esos pasos arquitectónicos que hoy están plasmados en la comunidad. Las personas que pasan se apropian tanto del lugar como de ese mural. Accionan y reaccionan contra eso (de buena o mala manera). Y todo tiene su justificación. Es la disciplina que tiene un impacto más directo, deja de pertenecer al artista y se convierte en propiedad de ese entorno. Los murales comunitarios, son importantes porque se convoca a un grupo de personas donde se lo pinta, entonces toma otro sentido”.

Yendo al eje de este relato de vida, podemos decir que si se quiere indagar en el sentido de identidad y riqueza científica, turística y paisajística de San Juan, indudablemente tenemos que hablar de Jáchal y de nuestro Parque Provincial de Ischigualasto. Y, justamente, éstos son dos lugares que hacen al Iván Manrique con el que conversamos en una tarde cuyana tranquila:

Cuando uno camina por las calles jachalleras o visita al que fue declarado sitio del patrimonio mundial por la UNESCO junto al Parque Nacional Talampaya; encuentra no sólo a un gran mural hecho por él en el centro de su ciudad de origen o la fantástica muestra pictórica: “Archipiélago de Adobe- Vestigios de Ischigualasto” que está abierta al público en el Parque hasta el día 14/08. Sino que se trata de su pueblo natal, su historia, tradición, el sentido de arraigo sobre su tierra. “Eso pasa muy a menudo cuando uno dice que es de Jáchal. Uno se siente de ese lugar y no de otro“, tal como Manrique lo explicó. Mientras que en el “yacimiento de fósiles más importante del mundo” nos topamos con “uno de los lugares que Iván más quiere en el planeta y en la galaxia“. Así es como se ingresa al corazón de un verdadero artista y de un sanjuanino nato, recorriendo espacios y momentos en los que dejó su sello.

Eoraptor Lunensis, de la serie Vestigios de Ischigualasto.

El arte es la rebelión del hombre ante la malvada estupidez de los sucesos cotidianos“, según las palabras que Iván citó de Alejandro Dolina para dar inicio a su descripción personal sobre las Artes Visuales, aquellas que adoptó como forma de vida. “Lo vengo haciendo desde niño, siempre vinculado y atraído por el dibujo y la pintura“, relató. Aunque las conoció en profundidad cuando empezó a estudiar en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes. Las cuales dejó y retomó en 2015, cuando comenzó a generar obras para participar en concursos. Luego, contó que arrancó haciendo murales con aerosoles, algo que continuó hasta la actualidad: “Elegí este camino porque siento que es a donde pertenezco. Es lo que me hace bien y me gusta, tengo un sentimiento enraízado con la producción de obras y pinturas“.

Así fue como se fundó este romance sin fin con su obra de arte. “Es como una relación, donde hay primero un deseo de hacer algo, luego un camino en el que juega esa instancia de conocerse e ir desenvolviéndose. A veces se sufren desengaños, uno se enoja, la abandona, la retoma. La obra posee una dinámica propia y va por el camino que ella quiere. Se sufre, se ama, está ese amor-odio, llega el enamoramiento y el desamoramiento. Hasta que uno debe tomar una decisión: se deja, queda guardada, se repinta o se encuentra lo que quiere. Y eso viene de la mano del amor“.

En toda expresión artística no es posible dejar de nombrar a este sentimiento. Y en esto coincidió este maestro de trazo mágico, que recalcó: “Tiene mucho que ver en la producción de una obra desde el amor por lo que se hace y se quiere comunicar“. Aunque también agregó: “No todas transmiten algún sentimiento traído desde el corazón, hay casos donde generan un impacto terrible en el observador. Con relatos históricos y de experiencias personales“. Sin embargo, dejó en claro que las emociones están muy vinculadas, de una u otra forma. “En lo personal, el amor es un ingrediente que ocupa un lugar muy importante (por la historia, pasado, presente y proyección en el futuro. Y por la familia, otros artistas, profesores, maestros y la vida misma)“, reflectó.

Lo valioso que tiene una obra de arte es la unicidad“, advirtió su creador enamorado. Y explicó que esto se debe al hecho de ser un objeto único e irrepetible, concepto que se da también en las series. “Cuando uno arma una exposición, no se hacen cuadros aislados, sino que todos funcionan juntos, tienen un soporte en la totalidad. Pero puntualmente lo significativo es que conecta al observador para que éste termine de cerrar la obra, la cual sin el aporte del público queda abierta”, reveló. Y agregó: “El espectador tiene un rol muy importante, y eso me parece un pensamiento mágico, una observación muy interesante”.

Las artes visuales engloban también las esculturas, perfomances, video-artes, el arte conceptual, la fotografía, collage, etc. Pero lo más relevante a remarcar, según Iván, es que: “Todo cuenta algo de un momento o de un contexto de la historia, del lugar y tiempo de la persona que lo ejecutó “. Además recordó que es una de las manifestaciones más destacadas para los seres humanos, donde “entra a jugar la estética de las sociedades, que algunos admiran, coleccionan, otros profanan, destruyen o sólo observan”. Al hablar del arte en su vasto espectro, Manrique confesó que la música es su soporte o plataforma para conseguir trabajar en algo: “Siempre está presente: ya sea rock, instrumental, chill out, clásica, flamenco. Tenemos un amplio abanico de sonidos con fácil acceso a ellos a través de internet. Sin música no existo, no podría hacer lo que hago“.

Cabe mencionar que “San Juan está muy bien plantada con respecto a las artes visuales“, según este apasionado por ellas. Tenemos al Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, uno de los más importantes del país por su estructura edilicia y la calidad de la obra que alberga y transita. Gracias a este lugar pude conocer obras de artistas de diferentes partes del mundo: más antiguos o clásicos, como también más modernos. Es un punto neurálgico en esta área“. Y en consecuencia, Iván indicó qué es lo que más le gusta de nuestra provincia:La gente, la idiosincracia, el sol tanto en la ciudad como en el campo, amo la montaña, me gustan sus vinos, su olivo, los sabores, los aromas y los lugares turísticos que tenemos, como Ischigualasto, Jáchal, Barreal , los obstervatorios, la cordillera, los departamentos vinculados a manifestaciones de pueblos originarios. Me gustan hasta palabras como: Angualasto, Pismanta. Soy un amante de mi provincia, me parece que es el lugar más lindo del mundo hasta con su viento zonda“.

Molino Viejo de la serie Archipiélago de Adobe.

Hay artistas sanjuaninos que están teniendo éxito por diferentes lugares“, advirtió. Y entre ellos nombró: al ya fallecido Mario Pérez, Eduardo Ezquivel y Alberto Álvarez. Sin embargo, en este sentido, expresó su deseo de mejorar la visibilidad de los artistas en general. “Me gustaría que los artistas emergentes tuvieran la posibilidad de salir a otras partes y no solo en CABA. Como a la Patagonia, Santa Fe, Tucumán, Jujuy, Córdoba. Quisiera que sea un poco más federal el tema y no tan concentrado en Buenos Aires. San Juan en las artes visuales está en expansión, en crecimiento exponencial, y en condiciones de salir del país y al mundo“.

A la mitad de la nota, no hace falta repreguntar mucho para alcanzar el alma de este sanjuanino, empezando por Jáchal. Donde su principal emoción aflora: La nostalgia, y casi entre suspiros nos contó: “Hay un sentido de identidad muy fuerte. Ha sido cuna de muchos músicos, escritores, artistas, pintores, se valora a la cultura“. Aquí, añadió que se inculca desde niño aprender sobre sus orígenes: “Saber que existe un monumento histórico que está frente a la plaza: el Santuario Arquidiocesano San José de Jáchal. Que desde ahí partió la comisión de San Juan hacia Tucumán a declarar la independencia en 1816, y que tiene adentro un Cristo negro hecho en cuero por los pueblos aborígenes”. A lo que sumó: “Jáchal, en su trazo fundacional con sus casonas coloniales de más de 200 años no pasa desapercibida por quienes la transitan y viven. Es uno de los pocos lugares donde hay un estilo arquitectónico de art decó sobre adobe. Tiene un centro como plaza que existe desde su fundación y que se mantuvo erguido hasta la actualidad. Donde hay una escultura de Francisco Narcizo Laprida hecha por Lola Mora, que fue restaurada por especialistas desde hace un poco mas de 10 años. Las cosas toman otro valor en este pueblo cálido, con mucha diversidad. Jáchal es también ese luchador que se revela y es lo que le da el toque distinto”.

Casona con Compuerta De la serie Archipiélago de Adobe.

De hecho, la experiencia artística más emotiva que tuvo fue: “pintar un mural en el centro de este município, a una cuadra de la plaza, con el acompañamiento y colaboración de otro artista visual amigo, Federico Peralta“. Acá hizo una pausa en su relato y lo recordó: “El pueblo se revolucionó, se acercaban para vernos pintar. Eso me dio mucha fuerza y sentí un gran amor en esos días, por pertenecer al pueblo, haber nacido ahí. Fue una situación especial, por el cariño que recibí de todos en general. Nos ofrecían almorzar en sus casas, guardar las herramientas, si necesitábamos algo ir a buscar, nos traían agua, tortitas jachalleras, me sentí muy acompañado y valorado por la gente“.

Pero en su corazón, no sólo hay lugar para quien lo recibió cuando llegó al mundo. Sino también, para el que eligió como refugio seguro al crecer: Parque Provincial Ischigualasto. Esta cuenca triásica, en conjunto al Parque Nacional Talampaya, alberga manifestaciones prehistóricas, históricas, pre y póscolombinas. “Tiene una extención de 73 mil hectáreas aproximadamente, con un área no tangible que se declaró patrimonio del sitio mundial y antes patrimonio natural de la humanidad. UNESCO va modificando rangos“, comentó. Y además, contó acerca de los circuitos turísticos tanto diurnos como nocturnos que tiene disponibles para conocerlo: “Por un lado está presente la parte científica y de investigación, con lo geológico y paleontológico y por otro lado lo histórico, con las manifestaciones de pueblos originarios y marcas de arrieros en las piedras que desde mediado de 1700 empezaron a transitar ese lugar con destino a Huaco, Jáchal y Chile“. Resaltó de Ischigualasto, que tiene una importante “riqueza turística por las geoformas, los paisajes y alrededor de 40 millones de años del período tríasico para descubrir“, podría decirse que es toda una obra de arte natural.

Fósil de la serie Vestigios de Ischigualasto.

Otros lugares que recomendó visitar son: Luego del Museo Provincial de Bellas Artes Frankiln Rawson ubicado en avenida Libertador junto a la Legislatura Provincial, “la Estación San Martín, la cual engloba obras, concursos y exposiciones de diferentes artistas. El Monumento al Deporte de Carrieri, la escultura de Lola Mora en la plaza principal de Jáchal. La casa de Santiago Paredes, un pintor muy importante sanjuanino. Junto a una serie de museos fuera del arte, como el de Ciencias Naturales, y el de la Historia Urbana“.

¿Cuáles son tus referentes y artistas favoritos?, preguntamos.

-“El mendocino Carlos Alonso, pienso que es un tipo fuera de serie en el dibujo y también en la pintura. Tiene un gesto espectacular. Me gusta mucho la pintura, el dibujo y el gesto de Santiago Paredes, nuestro acuarelista y dibujante sanjuanino, me llega muy al corazón. Me hubiese encantado poder conocerlo. Alejandro Ozzi Carrizo, un dibujante sanjuanino amigo. Tiene mucha fuerza su dibujo. Alejandra Carabante, es una referente de nuestra provincia de la región y ya seguro del país, que expresa lo autóctono, lo cotidiano. Manifiesta cosas en sus obras como nostalgias, sentimientos, momentos que son plasmados en los personajes y entornos que dibuja. Tiene un relato propio regional, de mito, de leyenda y una majestuosidad en el dibujo que a mí me conmueve. Después hay otros artistas del mundo como: Alberto Durero que es un referente muy importante en la historia del arte, el pintor francés Théodore Géricault. También me gustan mucho los grabadores. Hace poco pude conocer la obra de un belga que vivió en Mendoza, Victor Delhez. Es un tipo de otro mundo. De Argentina, me encanta Eduardo Sívori en la pintura, Ricardo Carpani, Ernesto de la Carcova, Juan Carlos Castagnino, Lino Enea Spilimbergo, entre otros”.

Compuertas de Riego de la serie Archipiélago de Adobe.

Dibujar es pensar“. Para ir cerrando, Manrique que también está ligado a su actividad educadora desde diversos talleres que brinda, describió a su primer amor (el dibujo) como: “Una representación directa de la imaginación. Es conceptualizar, es pensar. Y acá citó a Paul Klee: “El arte hace visible lo invisible“, para describir lo que a él le pasa cuando agarra un lápiz, una carbonilla o tinta. “Empiezo a jugar con las formas plásticas, con el punto, la línea y estos elementos que voy construyendo. Creo una dinámica propia, armando el concepto de lo que quiero plasmar y lo hago visible a través del dibujo“, detalló. Al mismo tiempo, destacó la idea de que luego se comparte con los seres queridos: Mi hija Mía de 11 años, quien podría decir que me sigue los pasos, a veces dibuja conmigo, y no puedo explicar el placer que ésto me genera”. Y aclaró: “Cuando hago una obra, ésta fue aprendida desde el dibujo”.

¿Es un don o una práctica adquirida?, se le cuestionó

-“Decir que uno sabe dibujar es como decir que uno sabe amar. Es tan sencillo como cocinar, o como hacer cualquier otra actividad manual. Se aprende, no creo que sea un don adquirido. Todos podemos dibujar, y de hecho lo hemos hecho en algún momento de la vida. Algunos tomaron y otros dejaron ese camino por diversas razones. Pero todos pueden desde el dibujo transmitir su propio pensamiento. Es algo muy natural que traemos“, contestó.

Postes de la serie Archipiélago de Adobe.

El mito de la musa inspiradora. Pablo Picasso dijo: “Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando“. Frase que nuestro entrevistado comparte. Y en este punto dijo: “Hablar de musas me resulta gracioso. Creo que en cada caso, depende de la experiencia personal. Yo podría decir que una musa inspiradora es la nostalgia, lo que viví. Gozar de una estabilidad emocional buena es importante también. Y otra podría decir que es mi familia, mis amigos y la música. La cual es un ingrediente imprescindible. Algo que agregaría es mirar a otros artistas y aprender de ellos, de la historia del arte, y del conocimiento que es una gran musa inspiradora”.

Un deseo, varios proyectos y un sueño: Para culminar la charla llena de magia cuyana nacida en la imaginación que Iván materializa con sus manos. Enumeró estos tres puntos:

  1. Quisiera que los sanjuaninos seamos más solidarios, que entendamos y ayudemos a quienes lo necesiten sin hacer la vista al costado. Si bien las actividades artísticas están marcadas por el individualismo, podemos preocuparnos por el que tenemos cerca. En mi caso, siempre alguien me dio una mano, y eso es muy importante. Es necesario sacar el egoísmo que nos divide como sociedad. Aprender a valorar lo mucho que tenemos: desde el vínculo familiar y quienes nos aman, hasta todo lo que nos brinda la naturaleza, nuestra arquitectura, paisaje, flora, fauna. Cuidar a la madre naturaleza para las próximas generaciones, esto lo digo como persona y no como artista“.
  2. Tengo pensado trabajar parte de mi obra en grabado, corrosión galbánica o en aguas fuertes. No sé cuándo lo tendré listo pero es algo que tengo pendiente. Después tengo proyectos para presentar obras nuevamente en Buenos Aires. Y en septiembre, viajo a Jáchal con: Archipielagos de Adobe/ Vestigios de Ischigualasto. Agradezco el acompañamiento de este município”.
  3. Finalmente, seguiré dibujando y produciendo obras hasta que ya no pueda pintar más. Eso es permanente. Un sueño sería vivir de la producción de obra propia. Tener buena salud por mucho tiempo y que todo mi entorno y familia estén bien”.

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Sociedad Relatos de Vida

Una maestra sanjuanina que dejó una huella imborrable en la vida de sus alumnos.

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Normalmente las historias de vida en educación tienen como protagonistas a maestros y maestras de una dilatada carrera docente. Sus comienzos, su evolución, sus testimonios y su identidad docente suelen ser los pilares sobre los que se construyen estos relatos. A Maria Graciela Paez es nuestra protagonista, tiene 58 años, jubilada desde hace un año de maestra de enseñanzas prácticas en peluquería y cosmetologia, peluquera, mamá de dos hijas, abuela, ha pasado una vida sobrepasando dificultades y con mucho amor y dedicación a su profesión y a su hogar. Ahora San Juan decidió entrevistarla para dar a conocer ,desde otra mirada, un poco más acerca de las maestras de escuelas de capacitación laboral, algo que poca veces vemos en nuestros medios.

Graciela, como le gusta que la llamen, nació y vivió en Colola, Iglesia, al noroeste de nuestra provincia, en un ambiente cordillerano, donde el viento helado era una constante de su vida. Recuerda a su niñez con mucha emoción: “En Iglesia me crié junto a diez hermanos, éramos once en total y mis dos padres, fue una infancia de campo, dura, sin los servicios básicos como los hay ahora. Cada uno de los hijos intentábamos ayudar en casa para que no falte la comida de cada día. Teníamos poco pero nunca se faltaba a la escuela. A medida que íbamos creciendo cada uno intentaba forjar su camino.” Es así, que Graciela nos cuenta que con 12 años se tuvo que mudar a la capital de San Juan para buscar un trabajo y seguir estudiando. “Antes se usaba, por necesidad, obvio, que los chicos nos íbamos jóvenes de nuestras casas cuando éramos muchos hermanos y no había oportunidades para todos en el pueblo. Yo soy la anteúltima hermana, y me tocó irme después de tener a varios hermanos que se habían ido a la capital de San Juan y otros al sur de Argentina.”

Graciela y parte de sus hermanos.

La llegada a la Capital de San Juan, fue realmente difícil porque no encontró su lugar inmediatamente.“Llegue ilusionada a la capital porque una de mis hermanas me había conseguido un trabajo cama adentro con una familia y porque tenía de apoyo a mis dos hermanas que ya estaban acá, pero todo no resultó como esperaba porque el trabajo que tenía que hacer era cuidar a dos niñas con discapacidad y pesaban el doble de lo que yo pesaba, era muy delgadita y la verdad es que empecé a sufrir de dolor de espalda, dolores de cabeza y lamentablemente no pude seguir, porque las niñas me necesitaban completa, necesitaban toda mis atenciones. Así que me tuve que ir de ese hogar muy apenada.”

Al tiempo de esta frustrante situación, Graciela encontró un trabajo que le dio su hermana y fue como empezó a cambiar su vida para siempre “Me recomendaron para una casa céntrica, para ayudar a la señora de la casa que era viuda y vivía sola junto a la casa de un hijo y su familia.Tenía que hacer la limpieza y me podía quedar a dormir. Realmente junto a Antonia mi vida cambió para siempre porque fue una verdadera bendición, ella me adoptó como su hija y bregó para que yo siguiera yendo a la escuela, para que terminara mis estudios y para que tuviera mis cosas. Era una mujer extraordinaria, con ella viví años hermosos y me dejó el mejor regalo, su familia que ahora también es la mía.” Cuando Graciela habla de estos momentos se emociona porque se reconoce tan pequeña, inocente pero valiente y motivada a cambiar su vida por una mejor. “Yo era muy chica, inocente y de pueblo pero con ella aprendí cosas del día a día, fue mi segunda mamá, y sus hijos han sido y aún lo son parte de mi vida.” 

Los porqués de su decisión de ser maestra también tuvo que ver con el hogar donde estaba viviendo, Antonia y la esposa de uno de sus hijos la incentivaron a tomar esta decisión. “Empecé a ir a estudiar a una escuela de capacitación laboral, estudié peluquería y cuando terminé, en casa, me empezaron a dar ideas para estudiar algo más y así fue como empecé a cursar para ser maestra de enseñanzas prácticas.Y fue así que empecé mi vocación.” 

Graciela con sus alumnos en un desfile escolar de fin de año.

En el medio de todo lo recorrido conoció a Ricardo, su actual esposo, con quien lleva casada 35 años y tienen dos hijas y una nieta, cuando le preguntamos si hubo tiempo para el amor nos comentó, “con Ricardo veníamos de abajo, el con una historia también muy particular, los dos perdidos entre tanta ciudad y gente nueva, asi que cuando nos conocimos logramos entablar una amistad y amor correspondido, estuvimos tres meses de novios y nos casamos. Antonia y su hijo Adolfo fueron nuestros padrinos de boda y el gran gesto fue que Antonia nos prestó su casa para hacer la misma. Ricardo amaba a Antonia como yo”. 

“Con el tiempo Adolfo y Susana, su esposa, pasaron a cumplir un rol muy importante, ella fue la madrina de mi primera hija y los llamamos padrinos para toda la vida. Son mi familia incondicional. ”

De eventualidades e incongruencias vividas en la formación inicial y en el comienzo de su docencia, su ideal docente y su posición frente a la formación continua, constituyen los ejes sobre los que gira esta historia de vida también.  “Fui docente por más de treinta años,casi todos mis años los cumplí en la escuela de Santa Lucia, Juan Ramirez de Velazco, cerca del matadero y de una villa muy conocida en San Juan, esa escuela ha sido mi segunda casa, la he visto cumplir cincuenta años y he pasado por la compañía de muchas compañeras docentes como yo ”.

Como cada historia de vida docente, este relato tiene sus márgenes personales e intransferibles, aquellos que pertenecen a Graciela de una manera más íntima y que dan cuenta de su singularidad como persona. “He vivido como docente de todo. Mi trabajo consistía en darle clases a personas desde los doce años hasta la edad que se te ocurra, las clases se dividen en teóricas y prácticas. Las teóricas eran de todo lo más tranquilas aunque mis alumnas, casi todas mujeres, pocas sabían leer o escribir bien, muchas no habían terminado el secundario ya que podes ingresar a la escuela bajo esas condiciones. Y para las prácticas es cuando más esfuerzo hay que poner porque son veinte o a veces treinta alumnos haciendo las prácticas de trenzas, de peinados, de corte y de todo lo que tiene que ver con peluquería, manicura y cosmetología. Y cuando estas en primer año todos tienen sus dudas y aunque el pelo crece como siempre digo, un error puede hacer que el cliente o la persona que “prestó” su cabeza para las prácticas se enoje.”

Sus alumnas le realizaron un cumpleaños sorpresa después de clases.
Sus alumnas le realizaron un cumpleaños sorpresa después de clases.

Le preguntamos a Graciela cómo funcionan las prácticas y esto nos contó  “Los  alumnos son los encargados de llevar a sus propios “clientes ”, así les decimos,  porque simulan ser los clientes que tendrán en un futuro si se dedican a esta profesión. Teníamos una planilla para cada alumno y en ella se va poniendo cuantas “cabezas ” llevó y qué trabajos le realizó y las notas. Depende si los chicos están en primero, segundo o tercero son las prácticas correspondientes. Ellos llevan a sus familiares, amigos o practican entre sus propios compañeros. A veces me ha pasado de que algunos me argumentaban que no tenían a quien llevar asi que tenía que llevarles yo personas para que practiquen, conmigo ningún alumno o alumna tenían excusas. Todos me cumplían o los hacía cumplir ”, cuenta entre risas nuestra entrevistada.  

“Es que yo quería que ellos se esforzaran y buscarán la forma de salir adelante como lo hice yo, todos mis alumnos venían de situaciones vulnerables y de lugares humildes. Eso no es una excusa para no ser mejores, les decía. Y la mayoría de mis alumnas eran mamás, algunas muy jóvenes y otras grandes en edad y cuando empezaban a faltar las llamaba para preguntarles y decirles que si seguían faltando ya no podrían pasar de año, y ellas me decían que no podían ir por los niños, entonces yo les decía que las quería al dia siguiente con los niños en clases, que no importaba. Es así, que mi aula estaba llena de mamás y sus hijos aprendiendo. A los niños los ponía a dibujar o jugaban en el patio mientras sus mamás tomaban clases y muchos de esos pequeños me hacían carteles o cartas que aún guardo en casa. Incluso muchas de mis alumnas se quedaban embarazadas durante el cursado y cuando lo tenían al bebe, lo llevaban a clase y yo se los tenía mientras ellas aprendían.Otro problema para ellos eran los materiales, así que cuando no tenían plata les ponía los materiales yo para que ocuparan, porque los primeros años la escuela no tenía de todo como ahora, había que llegar a tener tijeras, secadores,lavacabezas o incluso algodones para trabajar. No me importaba poner de mi sueldo si yo veía que ellos respondian como alumnos.” 

Muestra de fin de año en el municipio de Santa Lucía.
Trabajos de fin de año escolar.

La experiencia y el amor docente le ha dado a Graciela el reconocimiento de sus compañeras, amigos, alumnos y de los hijos de sus alumnos como el de su familia. “Cuando uno empieza a trabajar tan joven, no se da cuenta de lo que está construyendo en la vida de cada uno de los que pasan por el aula. Yo me he cruzado a mis alumnas por la calle ya más grandes y me cuentan de donde trabajan o que han puesto su propio emprendimiento. A veces,no puedo creer cómo están sus hijos de grandes y que me sigan recordando como la seño.”

Las representaciones áulicas, las experiencias y las prácticas de formación cambiaron mucho en la pandemia y fue una época que también pasó Graciela como docente“Viví mis últimos dos años de docencia en pandemia. Fue horrible todo, por el desorden educativo que había a nivel general. Perder el contacto con mis alumnos y no poder enseñarles en vivo y en directo fue lo peor. Sumado a que no me llevo bien con la tecnología, pero los maestros estamos en un aprender constante por eso me da bronca cuando se desvaloriza nuestro trabajo desde los gobiernos o en cualquier área. Aprendí junto a mi hija más pequeña a hacer videos, mandar tutoriales por Whatsapp y estuve más en contacto con mis alumnos por medios telefónicos.Fue muy duro para mi y para ellos, muchos ocupaban teléfonos que no eran de ellos incluso. En el medio falleció una compañera de trabajo, una docente como yo.Todo fue difícil para mi y mis compañeras, como una película pero de miedo”, nos cuenta nuestra entrevistada entre lágrimas. 

Graciela junto a sus compañeras de trabajo.
Graciela en el aniversario 50 de su Escuela.

¿Es imprescindible tener vocación para ser maestro?¿Es más importante la vocación en la docencia que en el ejercicio de cualquier otra profesión?, le preguntamos a nuestra entrevistada. “ Yo siempre he ido por el camino más largo, por el que más me ha costado en mi vida personal y como maestra, con esto te quiero decir que he sido una insistidora serial para que mis alumnas se reciban y cumplan sus metas, me importaba lo que las detenía y las ayudaba en todo, me involucraba muchas veces más de lo que como docente me correspondía. Han sido mis hijos y sus hijos mis nietos de la vida, éramos una gran familia en el aula. Eso sin vocación no se logra. Y eso hacen la mayoría de los docentes a quienes les importa sus alumnos.La escuelas de capacitacion laboral muchas veces son invisibilizadas por la sociedad, se desconocen pero a todos nos gusta,después, cortarnos el pelo, tener un buen plomero en casa, arreglar la ropa, tener un carpintero de confianza. Es un verdadero nido de oficios para la sociedad sanjuanina”.

Al finalizar nuestra entrevista, Graciela nos dice que aun ahora recuerda el nombre de cada uno de los alumnos y alumnas a los que ha dado clase, que sigue teniendo contacto con sus compañeras docentes y con su escuela amada. Su historia contada desde el recuerdo y el sentimiento más puro es parte del reconocer y desde una progresiva toma de conciencia de lo que hacen los docentes que pasan por nuestras vidas.

Graciela jubilada en un festejo familiar.
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Sociedad Relatos de Vida

El Matadero municipal de los 80’, derechos laborales, y un sanjuanino imparable: Eduardo Maza.

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Ahora San Juan se contactó con Eduardo Maza, un hombre que un sin fin de hechos, que parecían aislados, lo llevaron a ser uno de los forjadores de los derechos laborales en un lugar emblemático de San Juan: El Matadero de los 80. ¿Cómo era trabajar en este lugar de “parcos”?¿Cómo fue el proceso de humanizar, romper estructuras que acallaba a muchos trabajadores?.

Maza le dió voz a un sector oprimido socialmente, y por eso era conocido como “El loco” por sus amigos, su entorno más íntimo. “Yo soy de una familia muy humilde, nací y me crié en Iglesias hasta que un Padre de la Iglesia me trajo a la ciudad a los 11 años”.

En aquel momento, según cuenta Eduardo, la iglesia católica bosconia hacía misiones en las comunidades con escasos recursos de departamentos alejados, y “seleccionaban” niños para traerlos a estudiar a la Capital sanjuanina, una gran oportunidad en aquel entonces.

Un niño de 11 años llegaba a la ciudad, una gran oportunidad personal y, sin él imaginarlo, se iniciaba el camino de un hombre que marcaría para siempre la vida de trabajadores sanjuaninos.

Maza, se recibió de fruticultor en la escuela Enología, pero a los 17 años, cuando finalizó “tuve que buscarme la vida solito”.

“Siguiendo el consejo de mi padre, muy sabio, me enfrenté a la vida en la ciudad. Conocí tanta gente que para alguien como yo, que viene del campo, y más en aquella época, eran cosas que uno no conocía”.

Su curiosidad por la lucha en causas que consideraba justas la inició en el secundario. “Recuerdo que lo cambiaban a Ruperto Godoy, que medio que lo derrocaron, y junto con estudiantes de la escuela Enología escuchábamos a los dirigentes y todos nos unimos para pedir que se quede Ruperto”, este fue el primer paso para que Maza inicie a vincularse a las juventudes políticas.

Al empezar a vivir la política activamente su roce con la universidad era constante “recuerdo verme muchas veces frente a la facultad deseando ser un estudiante, pero mi realidad económica no me permitía, era estudiar o comer y bueno, había que elegir”.

Maza se formó en la calle, yendo y viniendo, escuchando detenidamente, alimentando a su mente curiosa con quienes él consideraba referentes en aquel momento. “Fue una época muy enriquecedora porque los debates se hacían casi a diario, en un entorno de mucha pasión y respeto. Todos considerábamos que las ideas eran para todos, no para dos o tres lúcidos”.Ahora San Juan necesitaría escribir un libro, con más de 10 capítulos con todas las vivencias de un personaje como Eduardo Maza.

En esta oportunidad, el colectivo de redacción de este medio se centrará en, quizás, la lucha de clases más fuerte contada en primera persona: los derechos adquiridos por los trabajadores del matadero municipal gracias a un hombre, que sólo iba a trabajar para darle sustento a su familia pero las injusticias lo hicieron alzar la voz, y con ello enaltecer un trabajo que había sido por décadas invisibilizado y denigrado.

“Todo inició por mi cuñada, Rosita Flores, trabajó toda la vida en la casa de los Bravo, crió a todos los hijos de Leopoldo Bravo. Yo le dije a Rosa que me había quedado sin trabajo, y ella un sábado llegó con una tarjeta y me dijo que tenía que ir a buscar a Rodríguez Castro, quien era intendente de Capital en ese momento, para ver un trabajo. Recuerdo que le dije ‘quiero trabajar’ y me mandó a arreglar una máquina, a la semana me llamaron otra vez pero en esa oportunidad era para empezar en el matadero. Así entre a mi querido matadero”.

En aquel momento entraba a las 6 de mañana, me recibió Efraín, el capataz del matadero. Asi empece a trabajar en ese lugar, que ese edificio con sus trabajadores le dieron estructura a la filosofía de vida que adapte”

Muchos detalles de las condiciones de trabajo inhumanas en las que los empleados municipales, del matadero estaban a diario. Pobreza extrema, marginación, explotación laboral, y más. Eduardo, que era un luchador de la vida incansable y que se había nutrido de derechos humanos por medio de la militancia se percató de aquello e inició la lucha de clases.

Al inicio los mismos compañeros de Maza no entendían las exigencias que planteaba el hombre, pero con el tiempo lo fueron comprendiendo. “Recuerdo algo muy bien, cuando logramos que nos dieran algo tan básico como elementos de seguridad, un casco, no se lo querían poner”. Estaban tan acostumbrados a no ser cuidados, ni valorados, a ser tratados como “delincuentes” que la dignidad laboral les parecía extraña.

El trabajo en el matadero municipal era tan precarizado y la lucha fue tan grande que podría ser un largometraje digno de alguna plataforma de streaming, y hasta una serie de varios capítulos. Lo real es que la lucha, que fue dura para Eduardo, porque fue perseguido y señalado por la clase dominante y hasta por algunos de sus pares, perseveró y le dió poder no sólo a todos aquellos que trabajaban de sol a sol en aquel lugar, sino a sus familias y por ende a todo un sector social sanjuanino de los 80’.

Hoy los trabajadores, de cualquier rubro, disfrutan derechos gracias a personas como Eduardo Maza, que vio injusticias y luchó incansablemente hasta subsanar las heridas de la clase trabajadora.

Ahora San Juan se compromete a contar más de la historia de Eduardo, que cuenta la historia provincial desde otro punto, con otra perspectiva que es digna de ser leída.

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