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Opinión

Alguien que nos ama de verdad.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

Solemos vivir rodeados de sonidos, e incluso me animo a decir de ruidos. A veces elegidos por cada quien como música o un programa de radio o TV. En otras oportunidades simplemente lo que se escucha en la calle, el colegio, el trabajo. También hay voces que buscan llamar nuestra atención, sea para vendernos un producto, darnos un consejo, compartir una historia…

En la Pascua Dios tiene un mensaje que es fundante de la paz y la alegría: “Te amo hasta dar la vida y quiero estar siempre junto a vos”.

Esto es un gran consuelo y aliento en la esperanza. Hace tiempo leí una frase que me quedó dando vueltas en el corazón. “Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás.” (Gabriel Marcel, dramaturgo y filósofo francés muerto en 1973.)

Este domingo celebramos la ternura de Jesús Resucitado, el Buen Pastor. El Evangelio proclamado en las misas nos muestra el vínculo con el cual Él quiere estar unido a cada uno: “Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”. (Jn 10, 27-30)

Escuchar la voz del Pastor requiere decisión. Cuando hay “muchas voces o ruidos” nos cuesta distinguir con claridad lo que nos dicen. Estamos acostumbrados a saltar de un mensaje a otro, sin darnos tiempo al diálogo. La voz del Pastor busca un encuentro. Quiere decirnos algo y entrar en comunión. Nos dice con claridad “yo las conozco”, sabe cuáles son nuestros anhelos y ansias más profundos, nuestras búsquedas y fracasos. Nos conoce a fondo.

“Ellas (las ovejas) me siguen.” Escuchar la voz, entrar en amistad con Él nos mueve a seguir sus pasos de cerca. Jesús nos desinstala y nos pone en camino. Nos saca del tedio y la apatía.

En todas las Parroquias y Capillas del mundo se celebra hoy el domingo del Buen Pastor, y se reza especialmente por las vocaciones sacerdotales, religiosas, misioneras de especial consagración.

En este tiempo que estamos transitando el camino sinodal, hay tres verbos que te quiero proponer: orar, discernir, decidir.

En la oración escuchamos a Dios, dialogamos con Él, nos dejamos interpelar por su Palabra. El Espíritu Santo es luz que nos ayuda a mirar lo profundo del corazón de la cultura, los dolores y angustias de nuestro pueblo, las esperanzas y alegrías.

Y es necesario dar el paso al discernir. ¿Qué puedo hacer yo ante esta situación? ¿Qué siento como reclamo? ¿Qué me está diciendo Dios?

Y tiene que entrar el tercer verbo. Decidir qué camino tomar y encararlo. No se trata de un ejercicio mental o de racionalizar la realidad, sino de involucrarnos.

Todos tenemos una vocación. El bautismo es el primer llamado a ser hijos de Dios, y esto inicia un dinamismo nuevo que nos acompaña toda la vida.

Jesús siempre está junto a nosotros, no nos deja solos nunca.

Renovemos hoy nuestra oración por los sacerdotes y diáconos; por los seminaristas, las religiosas y consagradas. Necesitamos que nos lleven al Encuentro con Jesús que nos habla al corazón.

Se realiza también en este día la Colecta de dinero para el sostenimiento del Seminario, lugar en el cual se forman quienes serán pastores en nuestra diócesis. Seamos generosos en el compromiso.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

Opinión

Acuerdos económicos entre Argentina y Brasil: una apuesta por el desarrollo bilateral.

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Los anuncios de los presidentes Alberto Fernández y Lula da Silva en el marco de la Cumbre de la CELAC reflejan la búsqueda por recuperar la integración regional. Desde el financiamiento para la construcción del gasoducto argentino en Vaca Muerta hasta el proyecto de una moneda común, ¿qué impacto pueden tener en la economía del país austral?

Por Juan Lehmann

La VII Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) estuvo signada por el rol preponderante que asumió Brasil tras su regreso al bloque, catalizado por la asunción presidencial de Luiz Inácio Lula da Silva. El encuentro puso de manifiesto el interés del flamante mandatario por profundizar el histórico lazo comercial que une al gigante sudamericano con la Argentina.

El presidente Alberto Fernández y su par brasileño explicitaron en una declaración conjunta su búsqueda por “relanzar la alianza estratégica bilateral con la reactivación de varios espacios de cooperación y diálogo”. Tal como remarcó el embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, el objetivo consiste en la consolidación de la CELAC y el relanzamiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Son tres los anuncios centrales para el desarrollo de la relación bilateral:

  • El financiamiento brasileño para la construcción de la segunda etapa del gasoducto argentino Néstor Kirchner, cuyo objetivo consiste en aumentar el flujo de gas proveniente del yacimiento de Vaca Muerta en la provincia patagónica de Neuquén para la exportación a Brasil, como parte de la organización de un “entramado energético”, según consignó el presidente Alberto Fernández.
  • El proyecto de instaurar una moneda común para el intercambio entre ambos países
  • El financiamiento de importaciones, que consiste en la ampliación de una línea de crédito por parte del Banco Nación argentino que beneficia a las empresas del país proveyéndolas de los dólares necesarios para importar desde el país vecino. Simultáneamente se corre hasta 366 días la fecha de pago de divisas desde el país austral, gracias al financiamiento en reales ofrecido por el Banco Do Brasil.

La pregunta que sobrevuela entre los analistas apunta a cómo se reflejará el paquete de medidas en la práctica. Concretamente, ¿qué impacto tendrán para Argentina los anuncios acordados?

Destrabar el desarrollo

“El financiamiento por parte de Brasil para la construcción del gasoducto es lo más relevante, porque hoy Argentina no cuenta con los dólares para llevar a cabo la segunda etapa”, dice Cecilia Graschinsky, ingeniera, investigadora y consultora energética.

La especialista se refiere a la ampliación de la obra que hoy busca conectar al yacimiento de Vaca Muerta con la provincia de Buenos Aires, con una extensión de 573 kilómetros. De concretarse la segunda fase del gasoducto, la construcción de 467 kilómetros adicionales llegaría hasta la provincia de Santa Fe, y habilitaría la posibilidad de abastecer a grandes ejes urbanos e industrias del centro y norte del país, así como la oportunidad de exportar los excedentes a Chile y Brasil. Para esta instancia, el gigante sudamericano está dispuesto a financiar con 689 millones de dólares.

“El potencial de Vaca Muerta es altísimo. Sabemos que el principal obstáculo que dificulta que se pueda sacar todo el gas que potencialmente extraíble es la limitada capacidad de transporte, y el anuncio se dirige a este punto central”, sostiene Graschinsky.

La conclusión de la consultora es compartida entre los analistas. Según Hernán Letcher —economista y director del Centro de Economía Política (CEPA)— la construcción en cuestión “generará en el futuro muchos más dólares que los que cuesta hacerla. Pero lo cierto es que las divisas se necesitan hoy, y el hecho de que lo financie Brasil nos resuelve un capítulo central: no afecta a las reservas del Banco Central. Es absolutamente trascendente para la economía argentina“.

Del anuncio a la realidad

El impacto que generaría la concreción del gasoducto para traducir en exportaciones la explotación de Vaca Muerta —la segunda reserva de gas y la cuarta de petróleo a nivel mundial— es crucial para la macroeconomía argentina, que atraviesa una apremiante situación ligada a la escasez de divisas.

“El efecto central sería en materia cambiaria. Si logra terminarse la primera etapa de la obra en junio de este año, Argentina ahorraría 3.000 millones de dólares, dependiendo del valor de la energía, porque ese tramo alcanzaría para abastecer al mercado interno de consumo de gas: es una cantidad sustancial de divisas que dejarían de salir”, sostiene Letcher.

El economista subraya la trascendencia de que se cumplan los plazos previstos, pues es fundamental terminarlo antes de que empiece el invierno austral, porque la demanda de energía importada se presenta en los meses de alto consumo de gas, entre junio y septiembre. “Si el proyecto se retrasara, no se daría semejante ahorro. Cada día cuenta“, remarca.

En este punto entra en juego el rol del acuerdo entre Fernández y Da Silva: la segunda etapa del gasoducto abre la puerta a la exportación de gas a Brasil y al mundo, que sufre el declive de la producción de Bolivia.

“La financiación sería beneficiosa ya en un nivel estructural de la economía. Se incorpora una masa de dólares que hoy no existe: el 90% de los problemas económicos del país obedecen a la cuestión cambiaria. Una inyección de dólares de este tipo permitiría afrontar el problema desde otro lugar”, afirma Letcher.

La esperanza en números

La expectativa es por el potencial caudal de divisas que podrían ingresar al país: “considerando la volatilidad del precio internacional del gas, estimar un precio futuro es difícil. Pero podemos pensar en que las exportaciones rondarían los 1.000 o 1.500 millones de dólares anuales“, apunta Graschinsky.

“Más allá del monto de divisas, en Vaca Muerta hay reservas para abastecer a la Argentina por 130 años: son muchísimos dólares disponibles que potencialmente podrían ingresar, y esa es la clave para la economía”, completa Letcher. “Depende de adónde pueda colocarse el gas y a qué precio. Si se da otro conflicto bélico como el de Rusia y Ucrania, la cantidad de divisas sería francamente sustancial”, agrega.

Concretar el proyecto exportador repercutiría, incluso, en los niveles de producción de gas. Según Graschinsky, “lo que se busca es potenciar los mercados para exportar gas en verano —cuando acá no es consumido— manteniendo la producción relativamente estable. Porque lo que sucede hoy es que los responsables se ven forzados a cerrar la producción porque no tienen a quien vendérsela. El mercado brasileño es una clara oportunidad”.

La utopía de la independencia

Otro de los ejes centrales del acuerdo reside en el establecimiento de una moneda común para el intercambio comercial entre Brasil y Argentina. Tal como señaló el canciller de Honduras, Eduardo Reina García, la propuesta busca reducir la dependencia hacia monedas foráneas como el euro o el dólar.

“El acuerdo que rige actualmente indica que la relación comercial se realice en las monedas de estos países. Si bien este pacto existía desde 2008, por cuestiones técnicas no se concretaba: por ejemplo, al ser optativo, muchas empresas no se anotaban. Ahora se están corrigiendo estos puntos para potenciar la herramienta”, afirma Letcher.

Sin embargo, el consultor marca que el caso no seguiría el ejemplo de la moneda de la Unión Europea: “Veo muy lejana esa posibilidad. Los ministros de Economía se encargaron de mencionar que ninguno de los países perdería su moneda en los acuerdos mencionados. Además, el euro funcionó bien para Alemania y Francia, pero mal para Grecia: no vaya a ser que cualquier acuerdo en esa dirección termine generando que los países paguen el costo”, considera.

Independientemente del formato de la moneda de convergencia, la voluntad de profundizar el intercambio bilateral resulta insoslayable: “El objetivo es recuperar la relación comercial entre Argentina y Brasil, que supo alcanzar un volumen de 40.000 millones de dólares, mientras que hoy se ubica en 28.000 millones”, advierte el economista.

“Argentina es el país más demandado en materia de divisas. Para Brasil quizás sea menos significativo, aunque puede tener como prioridad recuperar la relación comercial, habida cuenta de que supo ser la sexta economía más grande a nivel mundial, mientras que hoy es la décimo tercera“, concluye Letcher.

@Sputnik

/ Imagen principal: © Foto : Twitter / @alferdez

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Opinión

Los sanjuaninos necesitamos ser escuchados más allá de la campaña electoral.

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En los barrios y departamentos sanjuaninos se repite el mismo sentimiento en los vecinos. Se sienten olvidados por la élite política tradicional y la mayoría de los partidos políticos. Esa apatía es culpa de todos, no es que a la gente no le interese la política, sino que los vecinos sienten que solo se les usa cuando llega época electoral. Para los sanjuaninos es muy importante la cercanía, y la cuestión personal es clave. Necesitan poder confiar en quien pretende gestionar por ellos.

Por Julio Benedetto.

San Juan es hermosa. Depende qué es lo que nos interese más, todos tenemos algo en San Juan que nos encanta. Ya sea algo de nuestras raíces, alguna actividad que se lleve a cabo, o un lugar concreto. San Juan es hermosa, sí. Pero podría serlo más.

Cuando uno se mueve bastante, con tan sólo prestar oído a la gente se aprende mucho. Más aún si uno le pregunta a los vecinos y pacientemente los escucha mientras se expresan. Porque a diferencia de esa idea elitista de que la opinión que importa es de “los que saben”, todo el mundo tiene sus ideas. No sólo es que sean válidas, sino que se puede aprender muchísimo de cada sanjuanino.

Puede que haya muchas cosas que nos dividen: si San Martín o Desamparados, si mejor el verano por la pileta o el invierno por abrigarse, si el asado con o sin achuras… Por no mencionar la polarización que se da si se entra en un tema político, con tanto odio que se anda sembrando y en el que ya más que pensar en un proyecto colectivo todo se resume en elegir a quién se odia más.

Sin entrar en elegir bando, por más que le extrañe a alguno hay puntos en común en el que coinciden casi todos los sanjuaninos. Tanto por los barrios como por los departamentos más alejados hay un sentir general en los vecinos de sentir que la política es algo que les pasa de lejos.

Muchos se sientes abandonados, gana cada vez más fuerza esa idea de que “todos son iguales”, porque (tal vez con razón) entienden que los políticos viven en una burbuja, en una realidad muy diferente a su vida cotidiana. Esa queja es muy cierta respecto a aquellos que pasada la campaña y conseguida la oficina, ya no salen de ella.

Nadie va a hablar con ellos, mucho menos a escucharlos. Los políticos se extrañan que la gente esté desencantada, pero los vecinos entienden la política como algo ajeno, que no está en su vida porque entiende que va aparte de ellos. Otros deciden, otros consiguen, otros se reparten.

Esa apatía es culpa de todos, no es que a la gente no le interese la política, sino que los vecinos (otra vez con razón) sienten que solo se les usa cuando llega época electoral. Después todos se olvidan de ellos. Pero si uno se acerca, todos tienen muchas ideas, inquietudes, preocupaciones.

¿Cómo no van a sentirse que la cosa no va con ellos? Si hasta hay temas que por intereses muy lejanos a su calle, su barrio o su departamento, se termina queriendo defender cuestiones que van en contra de los sanjuaninos. ¿Qué vecino puede estar a favor de pegarse un tiro en el pie?

Las fotos de campaña electoral ya no convencen a nadie.

Porque la política no es una cuestión de siglas, ni de colores partidarios. La política en su concepción más de raíz es el arte de gestionar lo colectivo. En eso todo el mundo tiene y puede aportar, no es cómo algunos pretenden algo para aquellos que tienen un título universitario.

Para el sanjuanino es muy importante conocer o haber visto en persona a aquel que quiere arrogarse con el título de representarlos. Lo cierto es que nadie o casi nadie se acerca a ellos. No es cosa de rodearse para una foto de aquella “militancia” que está de acuerdo con el político de turno.

Los vecinos tienen mucha idea de cómo se puede mejorar varias cosas. No sólo eso sino que muchos al sentirse abandonados hacen lo que está a su alcance, porque por más que nos intenten dividir, sigue habiendo sanjuaninos que tienen un concepto de lo colectivo. Están los que barren no sólo su vereda sino la del vecino y su parte de calle. Los que riegan la placita que tienen cerca o los árboles que pueden. Aquellos que dan una mano a los que lo necesiten, o incluso a los animales que no tienen ni agua.

Para todos en la provincia es muy importante la cercanía, y la cuestión personal es clave. Necesitan poder confiar en quien pretende gestionar por ellos. Y éstos últimos podrían aprender mucho del pueblo si les interesara más allá de traducir todo en número de votos.

Ahora que entramos en la carrera electoral todos quieren mostrarse como cercanos a la vecindad, pero eso no puede pasar por un par de fotos bien arregladas pareciendo que son del pueblo. La gente no es tonta.

Habría que ver quien está dispuesto a hacerlo en serio, en ir a sentarse con los sanjuaninos que no suelen salir en las fotos, aquellos que se sienten abandonados y que por su calle no pasa nada ni nadie. Nadie tiene ganas de escuchar a alguien que venga como cada cuatro años a prometer un montón de cosas que ya nadie cree. Quieren alguien que haga, no mienta, y sobre todo alguien que los escuche y los respete.

San Juan es hermosa, pero podría serlo más. La desidia se combate con honestidad. Y la apatía con la cercanía.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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El sueño de Dios, la vida.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

Soñar con grandes ideales es propio de la juventud, pero ellos pueden acompañarnos y movilizarnos toda la vida. Los grandes hombres y mujeres que hacen historia han mantenido grandes sueños sin desalentarse ante los resultados adversos. En la Biblia encontramos unos cuantos. Abraham y los Patriarcas, Moisés, Rut, Esther, José, María… Más cerca en el tiempo son ejemplos Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Teresa de Calcuta…. de diversas creencias religiosas, alentaron sus corazones con un “fuego sagrado” que marcaron cambios significativos.

El Espíritu Santo nos impulsa a desplegar esos anhelos profundos de plenitud de vida, tanto en lo personal como en lo social. El Papa Francisco muchas veces alude a la imagen de los sueños para la Iglesia y la humanidad toda.

Nosotros mismos necesitamos alentar sueños para alcanzar logros importantes. De otro modo nos volvemos conformistas, mediocres y la rutina puede aplastarnos. Pero rara vez implicamos a Dios como poseedor de sueños. En el texto conclusivo de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, se nos presenta esta condición de Dios como Soñador. En pocos párrafos, del 177 al 183, nueve veces se repite la expresión “Sueño de Dios”.

¿Una actividad intimista y reservada? ¡No! Se manifiesta por desborde. En el mismo texto se especifica que “puesto que su sueño tiene una esencial dimensión comunitaria, el Señor eligió un pueblo con el que compartió su plan” (179).

Tanto nos involucra que estamos convocados a “ver con los ojos de Dios, sentir con su corazón y soñar sus sueños. Tenemos confianza en que el sueño de Dios no fracasará” (179). Por eso, aun en medio de dificultades y sufrimientos importantes que nos llevan al desaliento, nos sostiene la esperanza que “no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado” (Rm 5,5).

Un gran santo expresó que “la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios” (San Ireneo de Lyon, siglo II).

También afirmamos en el mismo texto de la Asamblea Eclesial que “los cristianos creemos y confesamos un acontecimiento inaudito: ‘La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros’ (Jn 1, 14)” (181).

Nosotros sabemos que Dios se comunica de muchas maneras. Así, por medio de la belleza y majestad de la creación nos expresa su poder y cercanía. Del mismo modo que a un artista lo conocemos por sus obras, a Dios lo empezamos a percibir por medio del universo, fruto de un proyecto de su amor.

A lo largo de la historia de Israel Dios habló por medio de los Patriarcas, especialmente por medio de Moisés y los Profetas. Y “ahora, en el tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo” (Hb 1, 2). 

Dios nos busca para encontrarnos. Él dialoga con nosotros como amigo. La Constitución Dogmática “Dei Verbum”, acerca de la Divina Revelación, con belleza enseña: “Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía” (Concilio Vaticano II, Dei Verbum 2).

La Biblia, entonces, no es solamente un libro. Nos comunica una Palabra que quiere entrar en diálogo con mi vida, iluminarla, despertarla. Nos muestra el camino para que tengamos vida en abundancia. Nos inquieta y estimula a ponernos en marcha.

No sé si prestaste atención a un par de gestos que se realizan durante la celebración de la misa. Al inicio, el obispo, el sacerdote y el diácono besan el altar. Al terminar de proclamar el Evangelio se repite el mismo gesto con el Libro de la Palabra. Es una manera de expresar la fe en que Dios nos alimenta en dos Mesas, la de la Palabra y la de la Eucaristía, ambas necesarias para sostenernos en nuestra peregrinación en la fe. Cristo mismo nos nutre con el pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía.

Este Domingo en todo el mundo nos dedicamos a resaltar el lugar que la Palabra de Dios tiene en cada creyente y en la vida de la Iglesia. El lema que se nos propone está tomado de una frase de la Primera Carta de San Juan: “Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes” (I Jn 1,3).  No se trata de dar explicaciones de una idea o una fábula, sino de compartir una experiencia de encuentro concreto con la Palabra de Vida.

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