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Sociedad Relatos de Vida

Anchipurac será sede del 43º Encuentro de Maestros Rurales Argentinos.

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El 43º Encuentro de Maestros Rurales Argentinos se realizará los días 8 y 9 de febrero con ponencias sobre temáticas ambientales. Las exposiciones se realizarán desde 9 provincias de la Argentina y expresarán distintas realidades que se viven en las regiones.
En este contexto, Anchipurac, con el apoyo de la Secretaría de Estado de Ambiente y Desarrollo Sustentable y conjuntamente con el Ministerio de Educación y AMRA, Asociación De Maestros Rurales Argentinos trabajan conjuntamente en la organización de la reunión que será de manera virtual en el marco de la pandemia de Covid-19, debido a los protocolos existentes.
La sede central elegida es el Centro Ambiental: en la reunión virtual, la presentación de las temáticas y de los participantes se realizará desde el Complejo, como así también la moderación. Sumado a esto, las exposiciones de sanjuaninos y todo el material audiovisual que se use en el Encuentro se transmitirán desde el Centro Ambiental sanjuanino.
El 43º Encuentro es gratuito, tiene aval del Ministerio de Educación de San Juan y su inscripción está abierta en https://forms.gle/rQXArAUrFVPuoYZ7A hasta el 4 de febrero.
Esta reunión virtual será provechosa por las diferentes situaciones ambientales en las regiones de las provincias que participarán: Buenos Aires, Córdoba, San Juan, Mendoza, Santa Fe, La Pampa, Río Negro, Catamarca y Jujuy.

Anchipurac, los ODS y el Encuentro
El Centro Ambiental sanjuanino tiene como guía en sus actividades los 17 Objetivos del Desarrollo Sustentable, ODS, y este Encuentro está relacionado con varios de esos objetivos, especialmente el 4- Garantizar una Educación Inclusiva, Equitativa y de Calidad. Y Promover Oportunidades de Aprendizaje Durante Toda La Vida Para Todos; el 10- Reducir la Desigualdad en y Entre Los Países; y el 11- Lograr que las Ciudades y los Asentamientos Humanos Sean Inclusivos, Seguros, Resilientes y Sostenibles.

Temáticas
Campañas del Agua en Escuelas Rurales, Forestación Masiva, Ladrillos Ecológicos, en Educación Musical: Canciones Urgente para mi Tierra, Plantar como Símbolo de Compromiso con Nuestro Planeta, entre otros.

Sociedad Relatos de Vida

Pedro Ferrer es un sanjuanino que entiende que “lo más importante de la vida es disfrutarla”.

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Ahora San Juan habló con un padre, esposo, trabajador, amigo y vecino rawsino por adopción. Quien se definió como una buena persona (y quienes lo conocen así lo afirman). Lleva una vida tranquila, aunque en su historial cuenta con dos momentos de quiebre, que lo hicieron replantearse la importancia de cada suspiro, cada latido. Con el alma envuelta en su labor paternal ante todo, compartió ésto y un poco más de su recorrido histórico. De su provincia natal aseguró que “le gusta su geografía, su posición privilegiada en este hermoso planeta, sus climas. Y el hecho de que se puede encontrar desde la crudeza del desierto hasta lo inhóspito de las montañas nevadas. Que existe la posibilidad de hacer desde deportes acuáticos hasta gozar de las increíbles vistas del cielo estrellado como en pocos lugares se puede”. En cuanto a planes a futuro, están “terminar de criar y formar a mis hijas, una vez que estén establecidas y ya por su cuenta, me dedicaré a disfrutar todos los años que me regale el destino. Soy muy soñador, pero sensato a la vez, no hay algo que me quite el sueño”.

Este relato, no sería un relato sino empezara como fragmento extraído de algún momento. Entonces con el lápiz afilado, graficamos una o solo algunas de las aventuras que Pedro trae en su memoria, y esto comienza de la siguiente manera:

La primavera se hizo presente en el calendario, pero en lo que hace al clima, se tomó su tiempo. Quizás no tiene prisa y camina tranquila pero segura. Así como Pedro Ferrer, que tal vez sea un laburante más que transita las calles cuyanas. Sin embargo, se distingue porque tiene un corazón donde caben sus dos hijas, su esposa y miles de sueños para ellas. Es de esos que a simple vista se ven sencillos, que pasan desapercibidos, así como esta media estación que no es invierno ni verano. Aunque al conocerlo, florecen todos esos atributos que lo hacen especial. Así es Pedro, con su sentido latente de vivir el aquí y ahora con el mero fin de ser feliz y hacer feliz a los suyos. Vivió en Concepción (Pueblo Viejo) hasta sus 13 años, cuando se mudó a Rawson, lugar donde vive actualmente. Este sanjuanino con cara de bueno, lleva esta apariencia hasta lo certero, y es muy querido entre su círculo más cercano. Es de tener la cantidad de amigos justa, ni más ni menos. Pero sabe que cualquiera de ellos jamás le faltará. La familia que formó lo es todo para él, su propósito y combustible diario. No le tiene miedo al ayer ni al mañana, el presente es su mejor momento para disfrutar de todo aquello que la vida le regala.

Estoy criando dos niñas hermosas una de 15 y otra de 8 años, junto una buena mujer de buena familia que es mi señora“, así es como arrancó una breve charla que decidió tener con la hija de un gran amigo que hacía mucho tiempo que no veía. Con quien tuvo la oportunidad de reencontrarse una tarde a través de las redes sociales, e intercambiar un poco del correr de sus historias (aclarando que hace poco uso de ellas, ya que prefiere incursionar por la realidad natural). En ese momento, entre brechas de horas de trabajos, contestó algunos mensajes y luego retomó su rutina. Las artes gráficas comprenden el oficio adquirido por Jorge, ese gran amigo, que en épocas pasadas, supo orientarlo en el rubro. “Por varios años fue mi tutor“, expresó inmerso en la nostalgia que conlleva trasladarse a momentos de una buena amistad. Hoy la imprenta, la rotulación, la cartelería, etc. Son algunas de las tareas que hacen a la mitad de su tiempo.

Cuando la chica le preguntó:

Y… ¿cómo estás ahora, qué es de tu vida?

Él sólo contestó:

-“Paso mis días entre el trabajo, hacer de mis niñas un par de personas de bien y rodar con mi bicicleta por las montañas sanjuaninas, una pasión que llevo dentro desde que tengo memoria. Amo andar en bicicleta por las montañas”.

Este es un punto a resaltar, ya que fiel a su espíritu liviano, no podía faltarle una inclinación hacia un deporte tan libre, ligero y aventurero como lo es andar en bici por los bellos paisajes sanjuaninos. Flaquito, con su cabello (ya con algunas canas) al viento, sale cuando puede a dar una vuelta para dejar volar sus pensamientos. Aunque, cuando lo piensa, dice: “No sé si es una pasión, pero ¡qué bien que me hace sentir pasear en bicicleta!. Siempre me gustó, ojalá hubiera puesto más empeño en ello”. Quizás en su camino tuvo que priorizar otras cosas, así como les pasa a muchas otras personas.

La tarde se pasaba más rápido que su dedo haciendo scroll en el chat de whatsapp. Por lo que, se despidió y terminó su jornada laboral. Luego fue a su casa y allí comenzó su jornada favorita, la familiar: “Si a algo me dedico es a ‘construir’ dos personas íntegras, independientes, con principios y fundamentos“, así es como define su grandiosa forma de ser papá.

Tal vez, todo ésto más adelante se convierta en nuevas remembranzas. Así como aquellas que atesora en su perfecta memoria: “Si recuerdos bonitos existen, pues son los de los primeros años de mi niñas. Puedo recordar cómo mi cerebro cambió el día que decidí hacerme cargo de una vida humana para construír una persona de bien”.

El sol caía, y poco antes de que termine su día, agradecido por haberlo vivido y como reminiscencia de dos importantes problemas de salud, no olvida aquellos acontecimientos que le permitieron reinventarse, re-aceptarse y seguir en pie: Nunca me ha sido difícil resolver ‘cosas’ de cualquier índole pero, si algo fue complicado (no por mi capacidad sino por la de los demás) fue la vez que me rompí la espalda y pasé 6 meses en cama con riesgo de quedar paralítico. Al igual que cuando pasé un año internado en un hospital por cáncer. Lo difícil en tales casos es dar consuelo a los demás, hacerles entender que uno ya superó la circunstancia y es capaz de asimilar lo que venga como parte de la vida misma”. Así es como se expresa quien lleva una paz interna a niveles poco entendibles para otros mortales.

Escucha buena música (“que transmite“), “casi todo el día rock matizado con varios géneros”. Y, por supuesto, “las comidas en casa compartidas con un vino y alguna conversación” son de su predilección. Seguro que pone el despertador, besa a sus pequeñas y su esposa, y se va a dormir sin temor ni ansiedad por lo que vendrá. Porque su lugar en el mundo: “es el mundo mismo“. “No soy alguien de raíces profundas, puedo levantar el campamento e ir a otro lugar cuando sea“, reflectó. Junto al hecho de que está en un punto de su línea temporal, donde entendió que lo más importante de la vida es disfrutarla”, que “todo sirve, lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo, y que hay que aprender a aprovechar cada cosa que nos sucede para descubrir lo sorprendente que es nuestra corta existencia como seres pensantes en el infinito que nos rodea”.

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Sociedad Relatos de Vida

Marcela, enfermera oncológica sanjuanina. Empatía, paciencia y ternura para luchar contra la enfermedad.

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Marcela Noemí Jesús Palma Espejo trabaja en el servicio de oncología del Hospital Rawson. Lleva más de trece años de enfermera. Ama lo que hace a pesar de que no es una tarea fácil. Compagina los cuidados de su trabajo con los de sus dos hijas, de cinco y ocho años. Desde Ahora San Juan nos acercamos a hablar con ella para aprender de su ejemplo. Conversamos de la importancia de la paciencia, la ternura, la empatía y el valor de ponerle amor a lo que uno hace. Con 36 años, lleva desde el 2009 trabajando en el Hospital Rawson. Nacida en San Juan, dónde también curso sus estudios.

Por Antonio Morente.

“Estoy muy enamorada de lo que hago”, confiesa Marcela sonriendo. “Dicen que normalmente uno no está cómodo con el trabajo que hace, pero a mí no me pasa eso. Soy feliz ahí, voy bien a trabajar. Aparte hay muy buen equipo laboral, nos llevamos todos excelente, lo que además genera muy buen ambiente”. Incluso, reveló que hay momentos en los que les ataca la risa entre enfermeras y con los pacientes, lo cual éstos agradecen mucho. Con todo el drama que atraviesa cualquiera con la enfermedad, poder reírse un poco es un rayo de sol entre nubes tan oscuras.

Trabajar con pacientes con cáncer no es sencillo, más complicado aún hacerlo bien y con cariño. Hace falta un gran corazón y a veces grandes dosis de paciencia, como nos cuenta Marcela: “fundamental armarse de paciencia. Porque esa persona ya tiene bastante con lo que está viviendo.”

Generalmente, advirtió que cuando llega un paciente nuevo tiene mucha información de todo lo que puede salir mal, pero ellas se toman su tiempo y le preguntan cómo espera que le afecte el tratamiento. Lo escuchan y después lo calman explicándole que “la idea es que la pase lo mejor posible”. Hay muchos miedos e ideas con las que se llega, y por las que Marcela y sus compañeras también han de actuar como “psicólogas” en cierta forma. Esa parte humana no se descuida.

Poner en práctica la ternura en los cuidados no es algo que se pueda estudiar concretamente. Marcela subraya que con los pacientes “terminas generando un vínculo”. Lo que a veces conlleva sus sombras, cuando se les da la baja. “Nosotras lo sufrimos como si fuera un familiar nuestro”, cuenta con tristeza. Porque al final, ellas lo terminan sintiendo como una lucha conjunta. Sin embargo, las sombras tienen su parte de luz, cuando un paciente recibe el alta y su salud ha mejorado. Siempre tienen un sentimiento muy fuerte de agradecimiento hacia la enfermera y sus compañeros. Algunos incluso les llevan algún regalo, y está presente el detalle, como ella manifiesta: “esas cosas te alimentan el alma”.

No hay recetas mágicas para tratar con alguien que esté en un momento crítico de su vida. “No puedo decir cómo hago, eso te sale. Hay momentos en que los pacientes se vienen abajo, y te surge. Uno se sienta con ellos, los escucha y les dice que tienen que tener fe”. Porque es una realidad que el estado de ánimo es fundamental para encarar la enfermedad. Para quien está dispuesto a pelearla y tiene esperanza, el cuerpo le responde de una forma. Cuando se decae el ánimo, se pierden las ganas de luchar, se bajan los brazos, todo se viene abajo rápidamente. Más valor toma la labor de Marcela y su equipo. Siempre le decimos a los pacientes que cada vez que van a un tratamiento, van a alargarse un poco más la vida, subraya.

La sanjuanina, que lleva consigo el don de auxiliar a los enfermos, recomienda a los pacientes “que se dejen cuidar”, también recordando a los familiares que el afectado es el protagonista, si bien es cierto que el cáncer es algo que concierne a quien lo padece y a todo su entorno, no hay que perder de vista que quien está pasando por la parte más complicada es el enfermo. Es a quien hay que apoyar.

Esta enfermera de alma generosa, arranca a las 5:30, para prepararlo todo y levantar a sus hijas. Las lleva, y va a cumplir con su jornada laboral en el hospital. A la tarde está con ellas, entre deberes, comidas y otras actividades ya es la hora de dormir. El día se va rápido confiesa, pero es muy importante para ella que su trabajo le permita poder tener tiempo de calidad con sus niñas. Por lo que se pasa el día de cuidados, en la mañana en el servicio de oncología y en la tarde con sus pequeñas.

Estoy muy orgullosa con la mamá que soy, aunque pueda sonar egocéntrico”, y no lo es para nada, porque esta gran mujer pone todo su amor y eso se nota: “mis hijas son niñas felices: corren, saltan, bailan todo el tiempo. Y en todo momento están con el ‘mami te amo’ en la boca”, nos cuenta emocionada.

Tanto como para su trabajo como en la labor de madre Marcela destaca la importancia de la empatía como valor fundamental: Es la base de todo, para poder ponerte en el lugar del otro. Siempre decimos que el paciente ya tiene bastante con lo que está viviendo, como para que nosotros vengamos a complicarle el momento”. También la tolerancia y la habilidad para mantener la calma. Todos los cuidados la requieren, más cuando son delicados. Destacamos también la ternura, no menos importante porque normalmente no se la valore tanto. Llevar todos esos cuidados es complicado, pero además hacerlo con cariño ya es un arte. Trabajamos con mucha humanidad, lo que ayuda a que formemos un buen equipo, que nos llevemos bien. El trato con tus pares es fundamental para el funcionamiento del lugar”. Como es cierto que los pacientes han de pasar mucho tiempo ahí en el tratamiento, que terminen pudiéndose reír en algún momento es vital.

La ocupación no es fácil. No se puede negar que cohabitan con una realidad muy dura. Nosotras convivimos con la muerte en la nuca”, expresa coloquialmente Marcela. Y es cierto, a veces se torna incomprensible e intransigente. Lo que hace más admirable la actitud que ellos afrontan. Los pacientes ya vienen con mucho drama, todo es una tragedia. Que alguien los reciba con una sonrisa y los trate cariñosamente, no tiene precio. Ayuda mucho que en ese rato que tiene que pasar en el tratamiento puedan sentirse cómodos y acompañados. Si bien es cierto que la enfermedad es algo muy serio, Marcela también aclara que hay que tener esperanza, hoy en día los tratamientos son más efectivos que antes, “existen muchos mitos alrededor de lo que es el tratamiento. La gente tiene que venir con menos miedo, porque al final lo que nosotros hacemos es intentar alargarles la vida. Es fundamental el estado anímico de la persona. Hay que tener fe, mucha fe para salir adelante. Tenemos una gran cantidad de pacientes que se curan. Hay que ponerle garra, voluntad para salir adelante. Tanto el afectado como los familiares”.

Para alguien que tenga un diagnóstico de cáncer, o para el familiar de un paciente oncológico, todo puede parecer muy oscuro. Es una batalla en la que hay que armarse con todo para conseguir afrontarla. Se debe tener esperanza y contar con el consuelo de que existen personas como Marcela que ayudan en el camino y aportan luz cuando parece que todo se reduce a tinieblas. Como sociedad queda resaltar el agradecimiento hacia estos enfermeros, compañeros de cuerpos y corazones dolidos. Ojalá todo el mundo tuviera la misma actitud de llevar la empatía y el amor por bandera.

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Sociedad Relatos de Vida

Naty Legrand, profe de bici, peluquera y madre sanjuanina. El deporte como vehículo de ayuda a los demás.

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Natalia Erica Legrand, “Naty”, lleva más de treinta años pasando por gimnasios. A sus 48 aparenta muchos menos, tanto por el deporte como por su actitud hacia la vida. Ahora compagina clases de Indoor cycling y Gap a las mañanas; y peluquería-estética a la tarde. Además de madre a tiempo completo. Desde Ahora San Juan nos acercamos a conversar con ella, a aprender de sus vivencias y de su fortaleza. Hablamos de la importancia del deporte para la salud mental ahora que en estos tiempos todo parece estar en crisis.

Por Antonio Morente.

Naty empezó haciendo patín carrera con doce años, cuando la llevaba su papá. “Un sacrificio enorme que tuvo que hacer mi papá para comprarme los patines”, recuerda con cariño. Estuvo unos años, después paso por el básquet y hockey sobre césped, hasta que con quince años llega por primera vez a un gimnasio. “En aquella época no se estilaba que mujeres a mi edad hicieran aparatos en musculación. Ahora veo cómo va cambiando la mentalidad” observa.

Con el tiempo llega a hacer el instructorado de aeróbica. Un día prueba clases de bici, Indoor cycling. Le gusta tanto que decide que se quiere formar en ello. Lo hace y poco después ya comienza de profesora, ya son más de 20 años sobre una bicicleta dando clases.

En algunas épocas ha combinado las clases de bicicleta con natación o gimnasia acuática. Bajarse de la bici, ir a la pileta y continuar. Con el tremendo esfuerzo que eso supone. Incluso en muchas ocasiones ha encadenado una clase con otra de bicicleta, y los que hayan probado alguna vez saben de la energía que requiere dar una sola hora a la mayor intensidad. Porque en esto no es que el profesor descansa mientras los demás son los que hacen el esfuerzo, sino que el profesor ha de vivir la clase y hacerla dando el ejemplo, poniéndole más ganas que nadie y sumándole los gritos para dar indicaciones y motivar a los alumnos.

“El deporte para mí era como una pasión, era como levantarme y lavarme los dientes. No me podía faltar. No era tedioso para nada, era un placer” aclara. Ya antes de instructora y de trabajar en gimnasios, Naty se formó de peluquera. Y esa ha sido su principal fuente de ingresos. Aunque reconoce que ama la actividad física, señala la dificultad de poder vivir únicamente con ese trabajo. “Lo hacemos por apasionados, pero tristemente no da para todo”, señala Naty que a nivel provincial deberían estar mucho mejor valorados los instructores.

Un tiempo estuvo trabajando de secretaria y administrativa en una obra social, lo cual terminó dejando. El problema suponía cuando fue mamá y tener que cuidar a sus hijos. Lo que trabajaba lo tenía que gastar en pagar a alguien para que cuidara a su hija, así que se decidió por la peluquería. Se montó su propia peluquería en su casa y así podía estar con sus hijos mientras trabajaba.

Ya con tres hijos y cuando empezaron a ir a la escuela, decide compaginar gimnasio y peluquería. A la mañana a dar clases y a entrenar, a la tarde dedicarse a la estética y cortar pelo. Todo eso unido a todo el trabajo que supone ser madre, aquellos cuidados a veces invisibilizados porque no se puede medir en ingreso económico, pero que realmente son lo más importante.

Naty tiene cuatro hijos. Se separó hace nueve años. Una hija de 23 años, y tres varones de 19, 17 y diez años el más chico. Advirtió que cada vez fue teniendo menos ayuda del padre de sus hijos, y que tuvo que hacerse cargo ella de todo. Y explicó que no solo en lo económico, sino también en todo lo que implica la crianza. Si tengo que decir que tengo el apoyo de mi familia a morir. Mucho apoyo, siempre lo he tenido”, reconoce Naty.

No es fácil, no se me hace fácil. Pero la llevo, la llevo”, confiesa.  “Siempre le digo a mis alumnos y a los clientes de la peluquería, o a cualquiera, que si yo no hiciera actividad física estaría con una depresión de estar tirada en la cama”. Acá hablamos de los beneficios del deporte para el bienestar general. No solo físico, sino también mental. Para todo el mundo, pero también conversamos sobre lo importante que puede ser para los adolescentes, a raíz de los problemas que están saliendo a la luz últimamente. Con todos los peligros que pueden rondar a una edad en la que se dan tantos cambios en la persona, la actividad física puede convertirse en un pilar fundamental para mejorar la salud. El deporte puede dar una estabilidad más que necesaria cuando todo alrededor se tambalea. Naty lo sabe, ella lo toma como su propia terapia y predica con el ejemplo. No solo para sí misma, sino que intenta motivar y alegrar a aquellos que vienen a su clase. Es envidiable, porque pase lo que pase en la vida de Naty, ella llega con una sonrisa a primera hora de la mañana y da la clase con toda la energía del mundo.

Porque cuando las cosas no andan bien es difícil encontrar la fuerza o las ganas para darlo todo físicamente. Naty se acuerda que en las épocas en que ha estado muy mal: “estaba triste mal, con la cara llena de lágrimas y tener que ir a dar clase. Bajarme del auto y decir: ‘hay que cambiar la cara, hay que ponerle ganas’ a pesar de todo lo malo. Entrar al gimnasio, cerrar los ojos y contar hasta veinte. Subirme a la bici y ‘aquí no ha pasado nada’, que nadie se diera cuenta de lo mal que estaba. Y así un tiempo, hasta que poco a poco fui saliendo.”

Es admirable esa fortaleza, disciplina y esfuerzo. Para Naty no sólo es hacer que en sus clases pedaleen o que transpiren: “yo intento hacerles sentir lo que siento yo sobre la bici, que lo disfruten como lo hago yo”. Cierto es que lo consigue. Y contó que constantemente sus alumnos le agradecen el impacto positivo que ha tenido en sus vidas. Cada vez que Naty ha cambiado de gimnasio siempre hubo alumnos que la siguieron, y que buscaron sus clases.

Conversamos con ella sobre cómo ese mecanismo la ayudó tanto, a empujarse a sí misma y a sentirse bien sobre la bici. Que esa hora la disfrute como siempre, buscar a esa Naty que aprovecha ganarle terreno a su versión que sufriendo. Lo que vendría a ser un mecanismo de la psicología conductual de lo más efectivo. Le tiembla la voz contando que la única vez que quebré fue cuando falleció mi papá, que para mí ha sido lo más duro, una pérdida tremenda. Se tomó unos días, pero una semana después ya estaba de vuelta sobre la bici, “él ya no estaba y yo tenía que seguir. Sé que él lo hubiese querido así”, recuerda con tristeza Naty.

Le apasiona trabajar de profe de bici, pero no solamente por los beneficios en el plano individual, sino colectivo. “La satisfacción que da que alguien te diga que lo estás ayudando, que una alumna, por ejemplo, te diga: ‘Naty empecé el gimnasio y tomaba pastillas para dormir, pastillas para la depresión, pastillas para los ataques de pánico’ y que te agarre de las manos y te digan: ‘gracias Naty porque ya dejé de tomar la pastilla para la depresón, la pastilla para dormir, …’. Te hacen sentir tan importante para la vida de las personas, tan bien…”, relata con orgullo. Rosalía, una de las alumnas que lleva con ella mucho tiempo, le dice siempre: “Naty sos mi medicina”.

Ayudar es un valor fundamental según ella. Porque no se limita solamente a dar clase, las mayoría de las veces se queda conversando con alguna alumna que tal vez está atravesando un mal momento. Naty siempre presta su apoyo, algunos pueden pensar que es cargarse negativamente, pero no es así: “no me hace mal que las personas me cuenten cosas malas, no me hace daño, todo lo contrario. Me hace bien, porque siento que estoy ayudando a esa persona, y eso es muy lindo”. Es más, Naty subraya una de sus premisas fundamentales: “Yo siempre dije que hay que ser humilde. No ponerte por encima en el lugar de profe, tenés que estar a la par, la humildad es muy importante en la persona. Porque es un ida y vuelta, yo no soy más que nadie. Si puedo ayudar: lo hago; y de toda persona aprendo”.

Naty trabaja a la mañana en un gimnasio, cuando acaba va a comprar la comida y cocina para sus hijos. A la tarde trabaja en la peluquería. Intenta enseñarles a sus hijos a esforzarse: “Yo les digo que puede que no tenga ganas, o que esté cansada, pero que igual hago el sacrificio porque es para todos”, dice. Predica con el ejemplo e intenta demostrar con sus acciones, puede que no sea perfecta, pero intento llevarlos por ese camino de la responsabilidad.

En la peluquería y estética ofrecen todo tipo de servicios, porque Naty ha seguido siempre haciendo una amplia variedad de cursos. Nunca ha dejado de formarse. Y también tiene muchas inquietudes de cosas que le gustaría aprender. Los límites los pone uno” afirma tajantemente Naty. “La vida sigue, y voy a seguir haciendo cosas y aprendiendo cosas”.

Cualquier mañana si uno va por la calle Tucumán, un poquito antes de la plaza Trinidad, puede ver a Naty en el gimnasio Fitness Center dando gritos para animar su clase, e iluminando con esa sonrisa que siempre lleva puesta. Sino en las tardes en su estética en Santa Lucía. Porque Naty sigue peleándola y pedaleándola a cómo venga la vida, lo que sea necesario por sus hijos, y ayudando a todo aquel que se le acerque.

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