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Opinión

Ante el derrumbe en las criptomonedas, algunas reflexiones sobre el ecosistema.

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Sus creadores e impulsores se han nutrido desde el punto de vista filosófico de distintas escuelas de pensamiento, primordialmente anarquistas y libertarias, enfrentadas en el modelo de sociedad ideal al que apuntan, pero unidas en el frontal rechazo a cualquier ente centralizado que pueda acceder a sus bienes, identidad, sus gustos o preferencias.

Bajo esta cosmovisión se consolidaron distintas ideas, por un lado la que el Estado es un ente intrínsecamente corrupto e ineficiente que atenta contra las libertades individuales, y que estos atropellos puede cometerlos gracias a la posibilidad que tienen los bancos centrales de emitir moneda sin contar con respaldo alguno. El mismo Estado que financia sus desatinos a través del cobro coercitivo de impuestos y que permite que un número muy pequeño de compañías privadas centralizadas como Facebook (Meta), Apple o Amazon se enriquezcan a través del uso indebido de información privada. Dentro de este círculo maligno de entes centralizados al que apuntan los libertarios están también las instituciones financieras a quienes acusan de apropiarse legalmente del dinero de la gente, malversándolo en operaciones ruinosas. El mejor ejemplo es el de la crisis financiera del 2008, donde muy pocos bancos cayeron mientras que millones de personas perdieron sus ahorros o su empleo.

Frente a este panorama imaginan un mundo ideal sin Estado, sin Bancos Centrales y por ende sin un sistema bancario tal como está conformado en la actualidad.

La poderosa y multifacética tecnología denominada “blockchain” que comenzó a desarrollarse a principios de este siglo les brindó a estos grupos una herramienta conceptualmente perfecta para combatir estos males: surgió el mesías llamado bitcoin, criptomoneda  lanzada en el año 2008 caracterizada por alcanzar una emisión limitada, ser accesible a cualquier individuo que pueda conectarse a internet resida donde resida, anónima, segura, con la capacidad de transferir y recibir la moneda hacia y desde cualquier lugar del planeta. Y por sobre todo fuera del radar del Estado.

Dado lo novedoso y peculiar del concepto llevó unos años que se desarrollara, y que el nuevo ecosistema cripto fuera abrazado por una porción creciente de personas e instituciones. Surgieron nuevas monedas asociadas a la criptografía con características diversas; se potenciaron las finanzas descentralizadas; se crearon todo tipo de plataformas inteligentes con la capacidad de desintermediar no solo a los bancos sino también a otros colectivos profesionales, se comercializaron libremente distintos tipos de productos tales como obras de arte de características diversas, se potenció el mundo virtual con experiencias enriquecedoras, pudiendo llevarse a cabo también proyectos de ayuda social, y de inclusión financiera.

Pero en este cocktail explosivo y caótico se mezclaron la biblia y el calefón. Se crearon en muy poco tiempo cerca de 15.000 monedas virtuales con muy elevadas volatilidades, la capitalización del mercado llegó en ese lapso a miles de miles de millones de dólares. Pero la fiebre del oro atrajo la atención de exactamente el mismo universo de actores que opera en el mundo físico, actividades criminales nacionales y transnacionales, tales tráfico de personas, drogas, armas se vieron facilitadas por esta nueva teconología.

Pero quizás el caballo de troya que penetró en el ecosistema cripto fue la adopción y reproducción de todos los vicios del sistema financiero tradicional que pretendía suplantar. El apalancamiento sin límites, el crecimiento exponencial de los denominados “productos derivados” asociados a los criptoactivos sin ningún tipo de regulación estatal más un poderoso aparato comunicacional remunerado para vender ilusiones, puso al sistema en una posición de debilidad, que, ante el primer viento fuerte de cola que recibió hizo que el castillo de naipes empezara a desmoronarse.

Irónicamente el sistema ideal de criptomonedas pensado para ser inmune a las acciones de los Estados corruptos y a las intervenciones de los bancos centrales empezó a resquebrajarse cuando un ente estatal, el Banco Central de Estados Unidos subió las tasas de interés afectando a todos los mercados financieros. El evidente contagio que se observa en estos meses pone en evidencia el fracaso de las criptomonedas en su objetivo de independizarse del sistema financiero tradicional.

El alivio por la falta de regulaciones logrado en su origen por el ecosistema cripto que potenció el mercado alcista, se transformó en una pesadilla cuando la tendencia se revirtió y se hicieron evidentes errores de cálculo, imprevisiones, falta de transparencia o simple y llanamente fraudes que potenciaron aún más la caída. La desaparición escandalosa de una criptomoneda (supuestamente) estable llamada Terra ocurrida hace unas semanas o la suspensión ocurrida ayer en las actividades de una conocida plataforma cripto llamada Celsius son sólo algunos ejemplos de problemas que seguramente seguirán apareciendo mientras esta tendencia se mantenga.

Nadie puede negar la potencia del avance tecnológico y el infinito abanico de posibilidades que ofrece, ni predecir el futuro de esta industria. Posiblemente esta caída del mundo cripto sirva para separar la paja del trigo, y termine produciéndose una depuración donde sobrevivan sólo aquellos activos digitales que estén estructurados sobre bases más sólidas.

Ante la súbita aparición del fenómeno cripto, la reacción de los estados ha sido idiosincrática. Por citar casos extremos, China prohibió todo tipo de actividad con criptomonedas avanzando firmemente en la implementación de una moneda digital pública, mientras que El Salvador adoptó el bitcoin como moneda de curso legal debido a que las remesas que recibe el país de salvadoreños que residen en el exterior son muy significativas.

Más allá de estas decisiones extremas, y del hecho que cada nación deba analizar con muchísimo cuidado su situación particular, la destrucción de riqueza ocurrida en las últimas semanas, sumada a los fraudes diseminados por el mundo durante los últimos años interpela en forma directa a la responsabilidad de los estados que, en mi opinión, tienen la obligación de proteger a aquellos inversores minoristas que no cuentan con la educación financiera suficiente para entender estos productos complejos.

/Escribe: Carlos Weitz. /Ámbito

Opinión

Cristina Kirchner: “Perón usaba la lapicera en función del pueblo”.

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Por María Cafferata – publicada en Página12 el 03/07/2022

Durante el homenaje por el 48 aniversario del fallecimiento del expresidente, CFK negó que quiera eliminar planes sociales y pidió debatir un ingreso básico universal. La alusión a Martín Guzmán.

Con una puesta en escena que parecía un lanzamiento de campaña, Cristina Fernández de Kirchner volvió a aparecer en público para homenajear a Juan Domingo Perón a 48 años de su muerte. La noticia de la renuncia de Martín Guzmán fue una bomba silenciosa que no tardó en expandirse por todo el auditorio del Polideportivo Municipal de Ensenada en donde se estaba desarrollando el acto, pero la vicepresidenta en ningún momento dio señales de haberse enterado de la salida del principal destinatario sus dardos. Sí apuntó, sin embargo, contra el propio Alberto Fernández, repitiendo la metáfora de la “lapicera” para dar cuenta de la forma que Perón había construido poder “en función del pueblo” para garantizar el aguinaldo o las vacaciones pagas: “Perón cazó la lapicera y no la largó más”, señaló entre los aplausos y cánticos de los asistentes que ya la estaban candidateando para el 2023.

En un acto que estuvo repleto de alusiones directas -a Guzmán lo mencionó por su nombre, solo minutos antes de que se diera a conocer su renuncia-, CFK volvió a entrar en la discusión en torno a los planes sociales (aunque desmintiendo muchos de los análisis que se habían dicho en su nombre y dándole un renovado empuje a la discusión por el Salario Básico Universal).  “El mejor homenaje que le podemos hacer a Perón es ver lo que hizo y tratar de acercar el bochin un poco”, cerró.

Era la segunda aparición pública en menos de dos semanas y, en el estadio de Ensenada, les militantes y funcionaries estaban a la expectativa de qué diría la ex presidenta sobre las declaraciones de Alberto Fernández en la CGT (en donde había sostenido que “el poder no pasa por ver quién tiene la lapicera, sino por ver quién tiene la capacidad de convencer”). No se hizo desear: pasadas las 17 horas, a los pocos minutos de comenzar su discurso, CFK agarró el “Manual de Conducción Política” del líder justicialista y pasó a leer: “Página 73. Persuasión con hechos: ‘Yo no persuadía a la gente con palabras, porque las palabras poco persuaden, yo la persuadí a la gente con hechos y con ejemplos”, repasó, entre sonrisas.

Inmediatamente, volvió a hacerse de la metáfora de la lapicera -que había utilizado por primera vez en el acto por los 100 años de YPF, el último en el que presidente y vice conversaron y se mostraron juntos- y resaltó: “¿Por qué fue tan atacado Perón? Porque usaba la lapicera en función del pueblo. Por eso lo metieron preso, por eso después los bombardeos en la Plaza de Mayo”.

Entre risas y aplausos, la observaban en la primera fila: el diputado y presidente del Partido Justicialista bonaerense, Máximo Kirchner; el gobernador bonaerense, Axel Kicillof; la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini -quien fue recibida con especial calidez por la militancia-; el ministro de Interior, Wado de Pedro; la senadora Juliana Di Tullio; el ministro bonaerense, Andrés “Cuervo” Larroque; la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza; el ex canciller Felipe Solá, entre otres. Estuvieron presentes también figuras cercanas al presidente, como la diputada Victoria Tolosa Paz y el ministro de Agricultura, Julián Domínguez. A este último, incluso, le dedicó comentario, chiste y guiño. Sentados al lado de ella, mientras tanto, la flanqueaban los intendentes de Ensenada, Mario Secco, y de Berazategui, Juan José Mussi.

A lo largo de su discurso, CFK hizo su propio recorrido por la historia del peronismo – “Últimamente encontramos muchos exégetas de Perón”, ironizó, apuntando contra el presidente -y pasó a referirse a dos temas que ya había tocado en su última aparición pública: la economía bimonetaria y los planes sociales. “El problema principal que tiene la Argentina y que causa el fenómeno inflacionario es la economía bimonetaria”, sostuvo la vicepresidenta, mientras repasaba la reunión que había mantenido con el economista Carlos Melconian: “Él piensa más parecido a Guzmán con el tema del déficit fiscal, opiniones son opiniones. No es que me quiera convertir en una apologista del déficit fiscal pero no creo que esa sea la causa de la inflación estructural desmesurada que tiene la Argentina”, sostuvo, solo unos minutos antes que se diera a conocer por todo el país la renuncia del (ahora ex) ministro de Economía.

Planes sociales: “Me hacen decir cosas que yo no dije”

Respecto a los planes sociales, CFK comenzó quejándose de los propios dirigentes del kirchnerismo que “me quieren hacer decir cosas que yo no dije”: “Cuando me refería a las políticas sociales, hablé de tres fenómenos: de que no debíamos tercerizar la política, que debíamos acabar con las altas y bajas que las decidiera cualquier dirigente barrial y no el Estado y la tercera que hubiera un control, que el Estado recuperara el dominio. Pero se armó una competencia para ver quién insultaba, quién mentía, que le queríamos sacar los planes a los pobres. Vamos a charlar un poquito”, matizó. 

Ahí, CFK resaltó que durante su gobierno se había lanzado la Asignación Universal por Hijo, apuntó directamente contra Emilio Pérsico –“Me apena mucho que pueda haber dirigentes de nuestro espacio político que, por el hecho de que las titulares de AUH sean las mujeres, digan que esto destruye a las familias porque esto forma el matriarcado”- y subrayó que había llegado el momento de discutir “la necesidad de un ingreso universal básico”. 

Luego del malestar causado por sus dichos en Avellaneda, sus palabras fueron muy bien recibida por dirigentes de los movimientos sociales (muchos presentes en el acto), quienes celebraron que hubiera hecho mención directa a un proyecto que impulsa el Frente Patria Grande, conducido por Juan Grabois (quien, según pudo saber este diario, había conversado hace unos días con CFK sobre lo que había dicho en Avellaneda).

Más allá de otras ironías, la vicepresidenta cerró su discurso refiriendo a la histórica tercera posición del peronismo y a la necesidad de discutir “no el capitalismo, sino quién lo conduce”: “La tercera posición, equidistante del liberalismo y del marxismo, es una construcción absolutamente superadora, presupone la existencia del Estado, del ser humano y de la sociedad organizada en pos de un objetivo común. Eso es el peronismo”, finalizó, a la vez que convocaba a “ver lo que hizo Perón y tratar de acercar un poco el bochín”.

Secco, Mussi y el operativo clamor del kirchnerismo

En el medio de la interna a cielo abierto y el mar de especulaciones en torno a quienes competirán en 2023, los intendentes de Ensenada y Berazategui dijeron unas palabras antes de que CFK diera su discurso.”Respeto con Cristina. ¿Cuántos de los que estamos acá o en este país pudieron poner un presidente? Si hoy gobierna el peronismo es gracias a Cristina”, agitó Mario Secco, en un claro mensaje a Alberto Fernández, a la vez que aseguraba que la vicepresidenta era “la vanguardia del país”. 

Juan José Mussi, mientras tanto, bajó un poco el tono y subrayó la necesidad de bregar por la unidad del peronismo. “Deseo la unidad del peronismo para no perder. Quiero ganar, no quiero más la derrota del peronismo. Nunca más un Macri en la Argentina”, sostuvo. “Con Cristina a la cabeza, en el medio, en otro lado, pero dejémonos de joder”, pidió a la militancia y finalizó: “Tratemos de hacer todo, pero no no podemos permitir que ganen los neoliberales”.

En el público que asistió al acto, sin embargo, no había dudas: el 2023 tenía que ser con Cristina a la cabeza. “Somos un montón de compañeros que queremos que Cristina sea candidata”, aseguró a Página/12 un funcionario bonaerense. Las mismas palabras fueron repetidas por casi una docena de funcionaries, legisladores y referentes sindicales con los cuales habló este diario durante el acto. “Yo veo que ella cada vez emite más destellos de candidata a presidenta”, aseguró a este diario Hugo Yasky. Durante todo el acto, el centenar de asistentes que estaba en el polideportivo no paró de cantar “Cristina presidenta” y, aunque ella hizo algunos gestos negativos con la cabeza, más de un dirigente salió de Ensenada entusiasmado hablando de “CFK 2023”.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

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Opinión

Mártires de ayer y de hoy.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

En algunas cuestiones es normal que estemos en desacuerdo, no pensamos ni vivimos de la misma manera. Las personas y los grupos humanos tenemos un conjunto de valores con los cuales nos movemos cotidianamente, pero en algunas ocasiones pueden entrar en conflicto.

Ante lo desconocido o lo nuevo algunos se abren a lo distinto; otros en cambio se cierran por desconfianza o inseguridad, y no faltan quienes rechazan con violencia.

Desde los tiempos iniciales de la Iglesia los cristianos hemos sufrido incomprensión, persecución y muerte. El primero fue Jesús, condenado a muerte en un juicio fraudulento, torturado y crucificado. Él amó hasta dar la vida, sin hacer uso de la violencia ni el rencor.

La palabra “mártir” significa “testigo”, y se refiere a quien puede dar cuenta con certeza de una experiencia fundante de su vida. Tertuliano, uno de los Padres de la Iglesia, expresó antes de terminar el siglo segundo que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

Ellos nos dan ejemplo de imitar al Maestro. Mueren perdonando, como Jesús. Entregan la vida por amor, como Jesús. Pueden repetir con el Maestro “nadie me quita la vida, sino que yo la doy porque quiero”. (Jn 10, 18)

Anuncian la centralidad de Jesucristo para la vida plena de la humanidad y el lugar de la humanidad en el corazón del Padre.

Este fin de semana tenemos una gran alegría para la Iglesia en la Argentina; asistimos a la beatificación de “los mártires del Zenta”, ocurrida al norte de Salta y Jujuy, diócesis de Orán. El 27 de octubre de 1683 dos sacerdotes fueron martirizados en el bosque del valle del Zenta (Don Pedro Ortiz de Zárate y el sacerdote jesuita Juan Antonio Solinas) y 18 laicos: dos españoles, uno negro, un mulato, una mujer, dos niñas y once varones oriundos de diversas etnias aborígenes. Un grupo que expresa de manera concreta la pertenencia de las diversas vocaciones del Pueblo de Dios.

Te comparto algunos datos biográficos.

Don Pedro Ortiz de Zárate nace en Jujuy y es bautizado en 1626; cuando tenía 22 años fue elegido Alcalde de esa ciudad. Se casó, tuvo dos hijos y, al poco tiempo, enviudó. Entonces fue creciendo en su corazón el deseo de consagrarse a Dios. Completó sus estudios en Córdoba y fue ordenado sacerdote en 1657. Los pobres y marginados fueron siempre sus predilectos, especialmente los indios. En 1682 logra concretar uno de sus anhelos más profundos: dedicarse a tiempo completo a vivir entre los indios para anunciar a Jesucristo.

El padre Juan Antonio Solinas, sacerdote Jesuita, nació en la isla de Cerdeña en 1643. Se educó en una escuela de sacerdotes Jesuitas, y allí ardía su corazón al escuchar episodios de la vida de San Francisco Javier y otros misioneros. En 1663, con 20 años, ingresa al noviciado. Después de poco más de una década, en 1674 y con 31 años llega a la Argentina. Se puso a estudiar guaraní para ser más cercano a los indios del norte argentino donde comenzó su tarea misionera entre los ríos Uruguay y Paraná. Tiempo después se suma a un emprendimiento misionero junto a otros religiosos jesuitas y el padre Diego Ortiz de Zárate.

Para enmarcar el martirio de estos 20 cristianos, me permito tomar un párrafo de una carta pastoral escrita por el actual obispo de Orán: “Viviendo el ardor misionero se animaron a incursionar en estas tierras, sin armas, sin ejército que los secundara, sin el poder de los conquistadores. Inspirados en la vocación de servicio, a una vida de proximidad y de entrega, viviendo el mandato que Cristo nos ha dado: ‘Anunciar la Buena Nueva en todo el mundo’ ”. El sacrificio de los mártires es el signo tangible de que la propagación de la fe no es una cruzada sino un abrazo de culturas, pueblos y religiones, la total disponibilidad de uno mismo para la escucha y la acogida mutua” (Fray Luis Antonio Scozzina, OFM, Obispo de la Nueva Orán, provincia de Salta, Argentina)

La persecución y el martirio se siguen extendiendo a lo largo de los siglos y traspasan toda geografía.

Hace pocos años hemos celebrado en nuestro país la beatificación de los 4 mártires de La Rioja. Este lunes 4 de julio haremos memoria de los 5 religiosos Palotinos asesinados en la Parroquia San Patricio de la ciudad de Buenos Aires en 1976, el mismo año que el obispo Angelelli.

En Nigeria fueron asesinados en una Iglesia 50 feligreses que estaban celebrando la Fiesta de Pentecostés el pasado 5 de mayo. En México asesinaron a dos sacerdotes jesuitas el lunes 20 de junio. Y podemos enumerar una lista interminable.

Pidamos a Dios por la paz en el mundo, y la perseverancia de quienes viven la fe en medio de hostilidades, persecuciones y amenazas.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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Opinión

Las dos variables que hicieron que se fuera Guzmán: inflación y bajos salarios.

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Por Alfredo Zaiat – publicada en Página12 el 03/07/2022

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional fue el último eslabón de una interna durísima acerca de la orientación de la política económica en el gobierno del Frente de Todos. El pecado original: la fragmentación de la gestión.

Para liderar la gestión del área económica se requiere de respaldo político y Martín Guzmán lo había perdido hace bastante. Se puede indicar que lo tenía del Presidente y que esto era suficiente. Lo hubiera sido en otro Gobierno pero éste nació de una coalición cuyos dos referentes con representación electoral le habían retirado el apoyo al ministro.

Cristina Fernández de Kirchner, quien reúne la mayoría de los votos del Frente de Todos, y Sergio Massa expresaron de diferentes maneras que querían otro ministro y con otra política económica. Alberto Fernández lo sostuvo como parte de esta interna política, como si fuera una demostración de fuerza, cuando en realidad era una pieza que lo estaba debilitando y alejando, además de por otros temas, de CFK.

Desde el primer día, la organización del área económica por parte de Alberto Fernández repitió el error de Cristina Fernández de Kirchner en la primera mitad de su segundo mandato y de Mauricio Macri a lo largo de todo su gobierno: fragmentar la gestión. CFK lo reparó cuando nombró a Axel Kicillof al frente del Palacio de Hacienda, dejando atrás al equipo de cinco: Hernán Lorenzino, Guillermo Moreno, Ricardo Echegaray, Mercedes Marcó del Pont y Kicillof.

Al concentrar la tarea en Kicillof en los dos últimos años de gobierno, abarcando todos los resortes del área económica -incluyendo la energética-, CFK logró terminar su mandato sin crisis económica como alentaban y pronosticaba la entonces oposición política y mediática junto a la secta de economistas del establishment.

Macri reprodujo el error una y otra vez durante los cuatros años de gobierno con Alfonso Prat Gay, Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Nicolás Dujovne, Francisco Cabrera, Juan José Aranguren, Guido Sandleris, Hernán Lacunza, fragmentando la gestión económica una y otra vez, culminando, por lo tanto, en un estruendoso fracaso.

Alberto repitió la misma estrategia fallida

Alberto Fernández apostó primero a la coordinación económica, a través de la Jefatura de Gabinete con Santiago Cafiero, con un equipo de economistas que se conocían y con lazos afectivos que los unía. A ese grupo se sumó Martín Guzmán. Ellos piensan que esa forma de trabajar permitió dar respuestas inmediatas a la crisis inédita provocada por la pandemia.

Puede ser cierto esto, pero cuando la debacle económica fue contenida con una seria de medidas extraordinarias (ATP, IFE, entre otras) ya era evidente la existencia de un espacio vacío en el debate económico público que debía ser ocupado por un ministro de Economía con poder para coordinador y organizar la cuestión económica. Pero eso no ocurrió porque se mantuvo la decisión política inicial de fragmentar la gestión.

Guzmán lo reconoce ahora en su carta de renuncia, al afirmar que “desde la experiencia que he vivido, considero que será primordial que trabaje en un acuerdo político dentro de la coalición gobernante para que quien me reemplace, que tendrá por delante esta alta responsabilidad, cuente con el manejo centralizado de los instrumentos de política macroeconómica necesarios para consolidar los avances descriptos y hacer frente a los desafíos por delante”.

No hubo un ministro de Economía con poder

En general, no aparecen cuestionamientos sobre las cualidades técnicas de Guzmán y no son contundentes las observaciones críticas acerca de su papel como negociador de la deuda con acreedores privados, primero, y con el Fondo Monetario Internacional, después. La clave pasa en la necesidad que tiene la economía argentina (bimonetaria y con un régimen de inflación elevada) de un ministro firme también en términos políticos para ordenar las expectativas de los agentes económicos.

Además, fundamentalmente, para ordenar el manejo de resortes claves de la política económica, como el área energética. Para ello se requiere de un ministro de Economía con poder como parte de un proyecto político cohesionado tras el objetivo de mejorar la calidad de vida de los sectores postergados.

Al comienzo del gobierno, Guzmán estaba convencido de que las diferencias al interior de la coalición se superaban dialogando con los principales referentes para alcanzar una síntesis de gestión. Quedó demostrado que esa estrategia no funcionó por más buena voluntad invertida tras ese objetivo. Las internas a cielo abierto, como la que existe en el área energética, lo fueron debilitando hasta que se volvió insostenible su continuidad en el cargo.

Cuando existe una ruptura de la confianza política entre los actores principales de una alianza gubernamental las decisiones en materia económica quedan contaminadas de esa turbulencia. Quien reemplace a Guzmán tendrá que lidiar con esta limitación, a menos que aparezca un mínimo espacio de convivencia, lo que no parece que vaya a suceder.

Game over: la negociación con el Fondo

El acuerdo con el FMI fue la última estación de las tensiones que venían de arrastre desde casi el comienzo del gobierno del Frente de Todos. Desde entonces ya no hubo marcha atrás y el deterioro de la relación ha sido constante, como así también el debilitamiento de Guzmán.

Las diferencias conceptuales y políticas que generaron la negociación y posterior acuerdo con el Fondo Monetario, el modo de refinanciación de una deuda impagable y las condiciones macroeconómicas definidas en el programa fueron el último eslabón de una cadena de desencuentros en la coalición de gobierno, que recién ahora tuvo el desenlace con la renuncia de Guzmán.

Aquí aparece el núcleo central de la controversia política alrededor de la cuestión económica. CFK está convencida de que la política económica de Guzmán es de ajuste que perjudica las condiciones materiales de su base electoral, y el ahora exministro sostiene lo opuesto. 

Así lo expresó en la carta de renuncia: “Como la única forma de poder refinanciar la deuda con el FMI es con una acuerdo de programa y como Argentina no tiene los dólares para pagar semejante deuda, tuvimos que negociar un programa de políticas económicas para evitar caer en default y desestabilizar a la economía argentina. Si había default, iba a haber menos financiamiento para la Argentina, e iban a escasear más las divisas. Y cuando en la Argentina hay menos divisas, se puede producir menos, hay menos empleo y más inflación. Es decir, hay ajuste. El gran mérito del acuerdo es haber evitado cualquier ajuste, ya sea por quita de derechos a las y los trabajadores y a las y los jubilados…”.

Todo mejoró menos los indicadores de inflación y salario real

De todos modos, más allá de las condiciones del acuerdo con el FMI, no es un misterio que las tensiones políticas en los gobiernos quedan al descubierto cuando existen resultados económicos malos en dos indicadores sensibles: inflación e ingresos.

Es cierto que el resto de las variables macroeconómicas exhiben una sostenida recuperación: actividad, inversión privada, empleo, exportaciones, ganancias empresarias, entre otras. De la evolución positiva de estos indicadores se aferra Guzmán para defender su gestión, y también lo hace Alberto Fernández en su enfrentamiento con Cristina.

Pero los aumentos de precios castigando la capacidad de mejorar el poder adquisitivo definen, en última instancia, la suerte de un ministro de Economía, en especial en una fuerza política que llegó al gobierno de la mano de CFK.

La tasa de inflación de junio y la que se perfila para este mes no son muy alentadoras y la meta de precios en sendero descendente, como había prometido Guzmán, no se estaría verificando. La renuncia de este sábado se estaría adelantando a una decisión futura ineludible de Alberto Fernández.

Los ingresos de los sectores populares arrastran una caída promedio del 20 por ciento en términos reales de los cuatro años de la gestión macrista-radical. Durante los dos primeros años de gobierno del Frente de Todos no hubo un mayor retroceso y sólo hubo una leve recuperación en algunas ramas, quedando atrás los trabajadores informales y los empleados públicos. Y en este tercer año todos están corriendo detrás de las subas persistentes de precios.

El riesgo de un nuevo ciclo neoliberal

Poco más de seis años de acumular deterioro en las condiciones de vida de la mayoría de la población, con una tasa de inflación muy elevada y derrota en las elecciones de medio término, constituyen la base de la actual crisis política. Ya sea por los efectos de la pandemia y del conflicto bélico en Ucrania, por las deficiencias en la gestión o por las debilidades en la construcción de una relación política entre AF y CFK, la coalición de gobierno está cruzada por internas furiosas.

Así, con una crisis política del oficialismo de magnitud, donde el Presidente y la Vicepresidenta no se hablan sino a través de cartas, tuits, mensajes vía Telegram, documentos públicos y discursos en actos proselitistas, se le agrega la carencia de una conducción unificada en el área económica.

La incomunicación entre estos dos polos, que por ahora se muestran incapaces de alcanzar una síntesis o puede ser que no sea posible hacerlo, puede derivar en un costo elevado para su propia base electoral, además de un horizonte inquietante para el entramado productivo-laboral, en caso de una eventual reedición de un nuevo ciclo de neoliberalismo a partir del 10 de diciembre de 2023.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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