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Sociedad Sucesos

Caso Franco: La Cámara Civil anuló la cautelar que impedía el aborto.

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Pasado el mediodía de este miércoles, la Sala III de la Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial y Minería, integrada por los jueces Juan Carlos Noguera Ramos, Sergio Orlando Rodríguez y Juan Carlos Pérez, resolvieron dejar sin efecto la medida cautelar dictada el 01/05/21 en la que impedía que una gestante se practique la Interrupción Voluntaria del Embarazo, luego del pedido de su ex pareja.

Ayer, luego de una presentación realizada por Reinaldo Bedini, abogado de la mujer, donde hacía saber que su defendida se había practicado el aborto el pasado 21 de abril.

La propia Cámara envió un oficio al Hospital Federico Cantoni de Pocito para que explique cuándo y cómo se ejecutó la práctica abortiva: “Del informe recibido surge que el día 21/04/21 fue atendida en el mencionado nosocomio manifestando su voluntad de interrumpir el embarazo y que al momento cursaba 9 semanas y tres días, por lo que se hizo lugar al pedido y se dio asistencia según el flujograma del Ministerio de Salud”. 

Teniendo en cuenta que la medida cautelar fue dictada y notificada el 1 de mayo, es decir cuando la práctica de la IVE ya se encontraba solicitada, ésta resulta de cumplimiento imposible valiéndose de que “las medidas cautelares subsistirán mientras duren las circunstancias que la determinaron”.

En la resolución, la Cámara también expresa que “en relación al resto de las pretensiones esgrimidas, no corresponde expedirse sobre ellas, toda vez que han devenido en abstracto las cuestiones propuestas, por cuanto la medida cautelar ha sido dejada sin efecto”.

En este sentido, se refiere al pedido de inconstitucionalidad de la ley de aborto que había solicitado la defensa de Franco, el padre que reclamaba por su hijo.

Sociedad Relatos de Vida

Marcela, enfermera oncológica sanjuanina. Empatía, paciencia y ternura para luchar contra la enfermedad.

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Marcela Noemí Jesús Palma Espejo trabaja en el servicio de oncología del Hospital Rawson. Lleva más de trece años de enfermera. Ama lo que hace a pesar de que no es una tarea fácil. Compagina los cuidados de su trabajo con los de sus dos hijas, de cinco y ocho años. Desde Ahora San Juan nos acercamos a hablar con ella para aprender de su ejemplo. Conversamos de la importancia de la paciencia, la ternura, la empatía y el valor de ponerle amor a lo que uno hace. Con 36 años, lleva desde el 2009 trabajando en el Hospital Rawson. Nacida en San Juan, dónde también curso sus estudios.

Por Antonio Morente.

“Estoy muy enamorada de lo que hago”, confiesa Marcela sonriendo. “Dicen que normalmente uno no está cómodo con el trabajo que hace, pero a mí no me pasa eso. Soy feliz ahí, voy bien a trabajar. Aparte hay muy buen equipo laboral, nos llevamos todos excelente, lo que además genera muy buen ambiente”. Incluso, reveló que hay momentos en los que les ataca la risa entre enfermeras y con los pacientes, lo cual éstos agradecen mucho. Con todo el drama que atraviesa cualquiera con la enfermedad, poder reírse un poco es un rayo de sol entre nubes tan oscuras.

Trabajar con pacientes con cáncer no es sencillo, más complicado aún hacerlo bien y con cariño. Hace falta un gran corazón y a veces grandes dosis de paciencia, como nos cuenta Marcela: “fundamental armarse de paciencia. Porque esa persona ya tiene bastante con lo que está viviendo.”

Generalmente, advirtió que cuando llega un paciente nuevo tiene mucha información de todo lo que puede salir mal, pero ellas se toman su tiempo y le preguntan cómo espera que le afecte el tratamiento. Lo escuchan y después lo calman explicándole que “la idea es que la pase lo mejor posible”. Hay muchos miedos e ideas con las que se llega, y por las que Marcela y sus compañeras también han de actuar como “psicólogas” en cierta forma. Esa parte humana no se descuida.

Poner en práctica la ternura en los cuidados no es algo que se pueda estudiar concretamente. Marcela subraya que con los pacientes “terminas generando un vínculo”. Lo que a veces conlleva sus sombras, cuando se les da la baja. “Nosotras lo sufrimos como si fuera un familiar nuestro”, cuenta con tristeza. Porque al final, ellas lo terminan sintiendo como una lucha conjunta. Sin embargo, las sombras tienen su parte de luz, cuando un paciente recibe el alta y su salud ha mejorado. Siempre tienen un sentimiento muy fuerte de agradecimiento hacia la enfermera y sus compañeros. Algunos incluso les llevan algún regalo, y está presente el detalle, como ella manifiesta: “esas cosas te alimentan el alma”.

No hay recetas mágicas para tratar con alguien que esté en un momento crítico de su vida. “No puedo decir cómo hago, eso te sale. Hay momentos en que los pacientes se vienen abajo, y te surge. Uno se sienta con ellos, los escucha y les dice que tienen que tener fe”. Porque es una realidad que el estado de ánimo es fundamental para encarar la enfermedad. Para quien está dispuesto a pelearla y tiene esperanza, el cuerpo le responde de una forma. Cuando se decae el ánimo, se pierden las ganas de luchar, se bajan los brazos, todo se viene abajo rápidamente. Más valor toma la labor de Marcela y su equipo. Siempre le decimos a los pacientes que cada vez que van a un tratamiento, van a alargarse un poco más la vida, subraya.

La sanjuanina, que lleva consigo el don de auxiliar a los enfermos, recomienda a los pacientes “que se dejen cuidar”, también recordando a los familiares que el afectado es el protagonista, si bien es cierto que el cáncer es algo que concierne a quien lo padece y a todo su entorno, no hay que perder de vista que quien está pasando por la parte más complicada es el enfermo. Es a quien hay que apoyar.

Esta enfermera de alma generosa, arranca a las 5:30, para prepararlo todo y levantar a sus hijas. Las lleva, y va a cumplir con su jornada laboral en el hospital. A la tarde está con ellas, entre deberes, comidas y otras actividades ya es la hora de dormir. El día se va rápido confiesa, pero es muy importante para ella que su trabajo le permita poder tener tiempo de calidad con sus niñas. Por lo que se pasa el día de cuidados, en la mañana en el servicio de oncología y en la tarde con sus pequeñas.

Estoy muy orgullosa con la mamá que soy, aunque pueda sonar egocéntrico”, y no lo es para nada, porque esta gran mujer pone todo su amor y eso se nota: “mis hijas son niñas felices: corren, saltan, bailan todo el tiempo. Y en todo momento están con el ‘mami te amo’ en la boca”, nos cuenta emocionada.

Tanto como para su trabajo como en la labor de madre Marcela destaca la importancia de la empatía como valor fundamental: Es la base de todo, para poder ponerte en el lugar del otro. Siempre decimos que el paciente ya tiene bastante con lo que está viviendo, como para que nosotros vengamos a complicarle el momento”. También la tolerancia y la habilidad para mantener la calma. Todos los cuidados la requieren, más cuando son delicados. Destacamos también la ternura, no menos importante porque normalmente no se la valore tanto. Llevar todos esos cuidados es complicado, pero además hacerlo con cariño ya es un arte. Trabajamos con mucha humanidad, lo que ayuda a que formemos un buen equipo, que nos llevemos bien. El trato con tus pares es fundamental para el funcionamiento del lugar”. Como es cierto que los pacientes han de pasar mucho tiempo ahí en el tratamiento, que terminen pudiéndose reír en algún momento es vital.

La ocupación no es fácil. No se puede negar que cohabitan con una realidad muy dura. Nosotras convivimos con la muerte en la nuca”, expresa coloquialmente Marcela. Y es cierto, a veces se torna incomprensible e intransigente. Lo que hace más admirable la actitud que ellos afrontan. Los pacientes ya vienen con mucho drama, todo es una tragedia. Que alguien los reciba con una sonrisa y los trate cariñosamente, no tiene precio. Ayuda mucho que en ese rato que tiene que pasar en el tratamiento puedan sentirse cómodos y acompañados. Si bien es cierto que la enfermedad es algo muy serio, Marcela también aclara que hay que tener esperanza, hoy en día los tratamientos son más efectivos que antes, “existen muchos mitos alrededor de lo que es el tratamiento. La gente tiene que venir con menos miedo, porque al final lo que nosotros hacemos es intentar alargarles la vida. Es fundamental el estado anímico de la persona. Hay que tener fe, mucha fe para salir adelante. Tenemos una gran cantidad de pacientes que se curan. Hay que ponerle garra, voluntad para salir adelante. Tanto el afectado como los familiares”.

Para alguien que tenga un diagnóstico de cáncer, o para el familiar de un paciente oncológico, todo puede parecer muy oscuro. Es una batalla en la que hay que armarse con todo para conseguir afrontarla. Se debe tener esperanza y contar con el consuelo de que existen personas como Marcela que ayudan en el camino y aportan luz cuando parece que todo se reduce a tinieblas. Como sociedad queda resaltar el agradecimiento hacia estos enfermeros, compañeros de cuerpos y corazones dolidos. Ojalá todo el mundo tuviera la misma actitud de llevar la empatía y el amor por bandera.

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Sociedad Actualidad

Después de la lluvia, ahora sí tiempo primaveral.

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La temperatura irá en aumento durante lo que quedá de la semana. Este jueves la máxima rondará los 22 grados.

Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional, después de la lluvia el termómetro comenzará a subir y los días volverán a presentarse primaverales.

Este jueves la temperatura máxima llegará a los 22 grados  con viento Norte y cielo parcialmente nublado. A lo largo del día, prevalecerá el viento moderado del Noreste, con rachas que podrán llegar hasta 30 km/h por la tarde.

Parta mañana se anuncia 25 grados de máxima mientras que el fin de semana rondará los 29. Lo que resta de la semana, con sábado y domingo incluido, será bastante caluroso.

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Sociedad Sucesos

A 56 años de la recuperación simbólica de Malvinas por un grupo de militantes.

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Un grupo de 18 militantes de la Juventud Peronista llevaba a cabo hace 56 años la simbólica recuperación de las islas Malvinas, en una acción que se denominó como Operativo Cóndor y que se inició con el secuestro en pleno vuelo de un avión que fue desviado hacia el archipiélago, donde se izaría la bandera argentina después de 133 años.

Dardo Cabo, un curtido activista de los sectores más combativos del justicialismo, se encargó de planificar esta acción y de convocar al grupo que llevó a cabo la arriesgada misión de viajar a las Malvinas con el propósito de “reafirmar los derechos del país” sobre esos territorios.

La idea del operativo empezó a gestarse un año antes, cuando se conocieron Dardo y María Cristina Verrier, una periodista y escritora que se acercó al joven dirigente con la intención de hacerle una nota que marcaría el inicio de la relación que los unió por más de una década.

Un mes antes, Cabo reclutó a 16 militantes y les comunicó cuál era el propósito y las posibles consecuencias de aterrizar con un avión en las Malvinas, que iban desde la cárcel hasta la muerte.

Apoderarse de un avión.

El plan requería apoderarse de un avión DC-4 de Aerolíneas Argentinas, que hacía una ruta regular hacia Tierra del Fuego; y la fecha para la concreción del operativo no era casual, ya que en esa nave viajaba el contralmirante José María Guzmán: era el gobernador de facto de un territorio que comprendía a las Malvinas, pero estaba en ascuas sobre el operativo.

Verrier había viajado varias veces en ese vuelo y tenía estudiados varios aspectos, y se encargó de pasar el dato de que el 648 trasladaría a Guzmán a Ushuaia.

El DC 4 despegó desde Buenos Aires a las 0.30 y llevaba un pasajero célebre que había sido convocado por Dardo Cabo con la promesa de “tener una gran primicia”, y se trataba de Héctor Ricardo García, editor del diario Crónica y de la revista Así.

García decidió asistir a la cita armada por Cabo y se presentó esa noche en el aeropuerto con la esperanza de cubrir alguna noticia que tuviera que ver con la presencia de Ernesto “Che” Guevara en el norte de Argentina o la ubicación del cadáver de Eva Perón.

“No jodan muchachos”

A las 6 de la mañana, cuando el avión volaba sobre la Bahía San Julián, en Santa Cruz, Dardo Cabo y Alejandro Giovenco -quien entonces tenía 21 años- se dirigieron a la cabina del piloto, Ernesto Fernández García, quien, sorprendido, sólo atinó a reírse cuando le dijeron que debía desviar el rumbo hacia las Malvinas.

“No jodan, muchachos”, afirmó el piloto, y recibió como respuesta una cortante orden de parte de Cabo: “Esto no es chiste; estamos armados. Haga lo que le decimos”.

Fernández García adujo que no conocía el rumbo que debía tomar porque la empresa no iba a ese destino, pero Dardo Cabo tenía las coordenadas y le dijo que el avión tenía “combustible de sobra” para llegar a las Malvinas.

El aterrizaje se produjo a las 8, en una pista de turba, y pese a la gran maniobra que realizó, el piloto no pudo evitar que una rueda de la nave se hundiera en el suelo del aeródromo de Puerto Argentino.

La presencia del avión se convirtió en toda una novedad para la comunidad isleña, y varios de sus integrantes concurrieron al aeropuerto a ver qué pasaba.

Algunos de ellos, incluso, fueron tomados como rehenes por los argentinos, entre ellos varios agentes de la policía local y el capitán de las fuerzas de defensa, un mercenario de origen belga que había servido en el Congo.

Dardo Cabo comunicó al continente que el operativo se había cumplido con éxito y la noticia se recibió con mucha efervescencia en los ambientes políticos y estudiantiles de Buenos Aires.

Sin embargo, el dictador Juan Carlos Onganía calificó al hecho como “un acto de piratería”, temeroso de que se generara un incidente diplomático con Gran Bretaña.

La rendición.

Tras 36 horas de permanencia en el aeropuerto y la entrega de una carta al gobernador de Malvinas, Sir. Cosmo Dugal Patrick Thomas Haskard (ausente ese día), los argentinos se rindieron tras la negociación del sacerdote católico que oficiaba en las islas, el holandés Rodolfo Roel, quien durante el operativo ofreció una misa para los argentinos.

“Al final, nos fueron rodeando con los otros soldados y policías que había en Malvinas. Nos apuntaron con armas largas y cañones antiaéreos. Roel nos convenció de que nuestra misión estaba cumplida”, repasó años atrás en declaraciones a Télam Norberto Karasiewicz, quien participó del operativo.

Tras la rendición, “los cóndores” quedaron alojados en un galpón y luego fueron trasladados al buque de la Armada Argentina Bahía Buen Suceso, desde una lancha carbonera, en un traspaso que se hizo en altamar.

Los integrantes de operativo fueron alojados en el penal de Ushuaia y juzgados por la justicia de Tierra del Fuego, que, al no existir jurisprudencia que penara la piratería aérea, se limitó a dictar condenas por el delito de privación ilegítima de la libertad, portación de armas y asociación ilícita.

Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez debieron pasar tres años en prisión debido a sus antecedentes penales, en tanto que el resto de los integrantes de la misión quedaron libres tras nueve meses de confinamiento.

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