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Opinión

Guerra Rusia Ucrania: los costos y efectos para la economía argentina y los mercados globales.

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Nota de Alfredo Zaiat publicada en Pagina12 el 28/02/2022

En la versión que circuló del borrador del acuerdo con el FMI, más allá de que sea el definitivo o no, aparece una definición que excede el contenido de la negociación con ese organismo internacional. Es un concepto que debería servir de guía para evitar caer en el reduccionismo economicista que tanto disfruta el análisis convencional, y en el cual sectores de la coalición de gobierno han quedado atrapados.

En ese apunte de la negociación con el Fondo se dice: “Nuestro escenario base está sujeto a importantes incertidumbres, lo que implica que es posible que las políticas tengan que recalibrarse según corresponda”.

Para algunos esta afirmación es la prueba de que habrá indefectiblemente un ajuste, sólo con el recurso repetido de la conjetura, y para otros es una definición analítica que debería orientar la evaluación política de la cuestión económica.

La economía, ¿ciencia exacta?

Como se sabe, aunque muchos insisten en ocultar, la economía no es una ciencia exacta y mucho menos una serie de pronósticos de variables macro, sino que es un espacio de poder donde se dirimen intereses contrapuestos de diferentes actores económicos.

Quedar encerrado exclusivamente en cifras proyectadas para brindar sentencias acerca de la situación económica exhibe una notoria falencia en la comprensión política acerca de la dinámica de la cuestión económica.

La pandemia es un caso bien cercano que permite abarcar en toda su magnitud lo que significa el factor incertidumbre en la gestión económica, puesto que la crisis sanitaria alteró en forma fulminante el funcionamiento de la economía mundial. Este repentino evento global obligó a los países a adaptar la política económica modificando su orientación y descartando postulados y metas previas.

Los efectos económicos del conflicto Rusia Ucrania

Ahora, en estos días, otro evento extraordinario está modificando la dinámica de la economía mundial con el consiguiente impacto local: la guerra Rusia-Ucrania (OTAN).

Los efectos se pueden resumir del siguiente modo:

  1. Aumento de los precios de las materias primas: más dólares de exportaciones de soja, trigo y maíz, más inflación y más recaudación impositiva por retenciones.
  2. Aumento de los precios de la energía: menos dólares por importaciones de gas, más subsidios a las tarifas de luz y gas y mayor tensión con el FMI por el sendero fiscal comprometido para este año.

El acuerdo con el FMI es político

La enseñanza que deja el antecedente de veintiún programas en 65 años de relación de Argentina con el Fondo es que los acuerdos son políticos. Existe un plano geopolítico, en el cual Estados Unidos utiliza a ese organismo internacional para sujetar países endeudados a su estrategia global. Otro financiero, que consiste en determinar el monto del crédito y el plazo de repago, dólares que históricamente han sido utilizado para facilitar la salida de bancos y fondos internacionales de economías en crisis, además para allanar la fuga de capitales.

Un tercer plano es el económico, que es el capítulo de la relación con la burocracia de técnicos del FMI y el que genera más debate en el espacio público, puesto que en esa instancia se comprometen metas de variables clave y planes tributarios, previsionales, laborales, entre otros.

Concentrar la discusión exclusivamente en este último plano termina minimizando los otros dos, que son igualmente importantes. Un aspecto que se pierde de vista cuando se desconoce la interrelación de esos tres aspectos de la relación con el FMI es que, como se mencionó antes, los acuerdos son políticos.

El insólito préstamo por un total de 57 mil millones de dólares entregado al gobierno de Macri, de los cuales se desembolsaron casi 45 mil, es la prueba más reciente y contundente del carácter político de los programas con el FMI.

Así fue siempre y otros acuerdos con el FMI lo prueban, como los que pactaron en la década del ’90 el gobierno de Carlos Menem y su ministro de Economía Domingo Cavallo. El alineamiento total a los objetivos geopolíticos de Estados Unidos (por ejemplo, el alistamiento de embarcaciones militares para apoyar la Operación Escudo del Desierto dentro de la Guerra del Golfo, en 1990) condicionaba al staff técnico del Fondo a los postulados macroeconómicos (en especial, el tipo de cambio fijo determinado por la convertibilidad) presentados por Cavallo, pese a que no los compartían. 

Pese a las tensiones que existen alrededor de la actual negociación, el FMI también avanza en un acuerdo político con el gobierno de Alberto Fernández, que se expresa en los siguientes aspectos:

  • No incluye las tradiciones recomendaciones de implementar las reformas previsional y laboral.
  • Convalida la necesidad de mantener un estricto control a la entrada de capitales especulativos, como también a la de un férreo control del mercado de cambio.
  • Acepta la idea de factores multicausales para explicar la inflación argentina.
  • No exige una fuerte devaluación.
  • Accede a que la reducción del déficit fiscal sea una combinación de más ingresos por crecimiento de la actividad y mayor recaudación por mejoras en la administración tributaria (combate a la evasión y elusión).

El contexto de estos lineamientos en el marco político del acuerdo tiene su origen en el propio interés de las autoridades del Fondo para, firmando un nuevo programa con Argentina, dar vuelta una de las páginas más negras de su historia por el fiasco mayúsculo del crédito otorgado a Macri.

Una de las conjeturas alrededor de esta “flexibilidad conceptual” del Fondo indica que, además de cerrar el capítulo Macri, se trata de un acuerdo político de “transición” para aliviar el último tramo de la administración Fernández, para luego negociar un nuevo programa con el gobierno que surja de las elecciones de 2023, y en esa instancia incorporar cada una de las tradicionales exigencias de la receta del ajuste regresivo.

Esta especulación es probable pero no segura. En lo que no hay postergación, en cambio, es en las presiones al gobierno de Fernández para que se incorpore al orden geopolítico de Estados Unidos, que quedan expuestas diariamente en el dispositivo de medios de comunicación de derecha, que actúa como vocero militante de esos intereses (Venezuela, Cuba, Nicaragua, China y ahora se agregó el conflicto con Rusia por la guerra en Ucrania).

La excusa del Fondo Monetario

En más de una oportunidad se ha afirmado en estas páginas que el regreso del FMI a la Argentina de la mano de Macri es una tragedia por las implicancias políticas, económicas y sociales de estar atado a ese brazo financiero de sometimiento geopolítico de Estados Unidos.

Esto no significa, sin embargo, que el escenario político y económico local quede totalmente dominado por el vínculo con el Fondo.

La centralidad del acuerdo en el actual debate político es sólo una excusa para el posicionamiento en disputas internas, tanto en el oficialismo como en la oposición.

El Fondo también será utilizado, como lo muestran las etapas en que el país estuvo bajo programas de ese organismo internacional, por sectores del poder económico para forzar medidas regresivas, como la flexibilización laboral o la liberalización financiera.

El aspecto no menor de esos manejos es que estos movimientos políticos y del poder económico terminan por confundir el debate económico y, además, exculpa las falencias en la gestión de la política económica. Si todo es culpa del FMI, las debilidades de la administración quedan desplazadas en la evaluación cotidiana.

El Fondo condiciona bastante pero no ata de manos la gestión de gobierno, que puede tener un sesgo progresivo pese al programa acordado, como cobrar impuestos a quienes tienen más capacidad contributiva, o disponer una segmentación de tarifas para que paguen más quienes tienen un holgado poder adquisitivo, u ordenar la política de asistencia social, entre otras iniciativas de equidad.

Avanzar en ese sendero de reordenamiento económico exige, además de capacidad de ejecución, fortaleza en la negociación no sólo con el staff técnico del FMI, sino con sectores del poder económico local que resisten ese tipo de medidas redistributivas.

El conflicto Rusia Ucrania y el acuerdo con el FMI

En el borrador del acuerdo con el FMI sobre los escenarios de incertidumbre que pueden generar adaptaciones en la política económica se menciona:

  • “Una intensificación de la pandemia”.
  • “El crecimiento de nuestros socios comerciales podría decaer”.
  • “Los precios mundiales de los productos agrícolas podrían caer marcadamente, por ejemplo como consecuencia de un endurecimiento inesperadamente rápido de las condiciones financieras mundiales”.

Se señala también que “las condiciones externas podrían tornarse más favorables, y la recuperación podría ser más vigorosa de lo previsto, en especial en los sectores, como el de servicios, que se vieron más duramente golpeados por la pandemia”.

En este apunte provisorio no estaba incluida la guerra Rusia-Ucrania, que ahora estará en el documento definitivo. El espacio de tiempo entre uno y otro escrito es de pocas semanas, lo que revela el elevado grado de incertidumbre global en el cual se debe desarrollar la política económica.

Esto debería aquietar los ánimos en el mundo político oficialista porque la economía, como en la definición del juego del fútbol del maestro-periodista deportivo Dante Panzeri, es la dinámica de lo impensado.

La aplicación de ese concepto enseña que la economía, como en el fútbol, no puede ser tratada como si fuera una ciencia exacta. “Nos querían hacer creer que una buena táctica bastaba como garantía del éxito”, decía Panzeri.

Resignificando esa idea, las proyecciones económicas no pueden ser consideradas en forma determinista, sino que acontecimientos inesperados –que son habituales- exigen adaptaciones de la política económica.

Una guerra, como la de Rusia-Ucrania, que altera el mercado de materias primas agrarias y de energía, es lo suficientemente disruptiva para no quedar atrapado en esquemas analíticos rígidos. Un dato que en estos días no fue lo suficientemente mencionado es que Ucrania es el tercer deudor del FMI detrás de Argentina y Egipto. 

Rusia Ucrania: 7 puntos clave para entender qué pasa con los mercados globales y Argentina

Cuál será la duración, la eventual extensión territorial y, en especial, el desenlace de la guerra determinarán la magnitud de su impacto en la economía argentina.

En este escenario de incertezas, las actuales reacciones de variables clave de los mercados globales derivan en un saldo ambiguo. Respecto al mercado de materias primas agrícolas de exportación, la Bolsa de Cereales junto al Instituto para las Negociaciones Agrícolas Internacionales elaboraron un informe, cuyos puntos principales son los que siguen:

  • “El conflicto bélico entre Ucrania y Rusia es una realidad, y los efectos ya comenzaron a sentirse en diversos mercados. Ambos actores (y la región) tienen relevancia en la producción y exportación de granos y subproductos, por lo que los precios de diversos commodities han acusado la creciente incertidumbre que este conflicto genera”.
  • “Si bien el conflicto entre Rusia y Ucrania se vislumbra desde hace meses, la magnitud con la que estalló tomó por sorpresa a los mercados internacionales”.
  • “Estos dos países suman el 78 por ciento del comercio mundial de aceite de girasol, el 28 por ciento del de trigo y el 19 por ciento del de maíz. La posibilidad real de una restricción se tradujo en un aumento de los precios, pero también en una elevada volatilidad en estos mercados reflejando el nivel de incertidumbre reinante”.
  • Sin embargo, el panorama es también alcista para los mercados de insumos agrícolas, con presiones tanto en combustibles como en fertilizantes”.
  • En el corto plazo, el valor exportado por Argentina podría incrementarse, como consecuencia del aumento de precios, en aproximadamente 1800 millones de dólares. Es un resultado condicionado a la captura de los actuales precios, y a las cantidades de granos finalmente producidas en un escenario de déficit hídrico”.
  • Pero el valor de las importaciones de combustibles e insumos agropecuarios también se incrementaría, afectando negativamente la balanza comercial, y limitando las posibles ganancias que podrían capturar los productores respecto al mayor precio de las commodities”.
  • “De mantenerse el conflicto en el mediano plazo, los resultados de simulaciones muestran efectos al alza en los precios, con respuestas positivas en la producción argentina, que varían dependiendo de la intensidad del conflicto y las partes involucradas”.

Más inflación y más recaudación ¿cuál gana?

En esta evaluación de la Bolsa de Cereales faltan dos aspectos sustanciales. Por un lado, el alza de los precios internacionales de estas materias primas arrastra a un aumento de los precios locales de alimentos, sumando más tensión a un panorama inflacionario ya de por sí complicado.

Dependiendo de la extensión de la guerra, el desafío de la gestión económica será intensificar el desacople de los precios internacionales de los domésticos.

Para esa tarea cuenta con las retenciones, que si fueran móviles facilitaría la tarea, pero para aumentarlas se enfrenta a un bloque económico-político poderoso que las rechaza.

Otra vía tras ese objetivo consiste en avanzar en la constitución de fideicomisos de trigo y maíz –iniciativa que está impulsando la secretaría de Comercio-, medida que también despierta la oposición del sector (de las Mesas sectoriales del Trigo y el Maíz y de la Bolsa de Cereales).

Otro aspecto poco mencionado es que el mayor ingreso de dólares de exportación de materias primas agrícolas generará un incremento de la recaudación de la AFIP con las actuales alícuotas de retenciones.

Estos ingresos adicionales deberían aflojar las dudas fondomonetaristas acerca del cumplimiento del sendero fiscal comprometido para este año por parte del equipo económico.

Una guerra entre menos dólares y más subsidios 

El Centro de Estudios Políticos y Económicos difundió el reporte “Conflicto Rusia-Ucrania: incidencias en la economía argentina”. En uno de los puntos señala que “es previsible que el precio internacional del gas siga aumentando, lo que implica, en el corto plazo, que Argentina deba utilizar más dólares para importar este bien. Pero ocurre que esta misma situación puede ser favorable a mediano plazo, porque le brinda más oportunidades a Vaca Muerta para recibir fuertes inversiones”.

En lo inmediato, una porción del abastecimiento interno de gas registrará un fuerte aumento de costos. El año pasado se importaron 56 buques de Gas Natural Licuado (GNL) a un precio promedio de 8,33 dólares por millón de BTU. En estos últimos días, esa cotización trepó a 38 dólares.

Este incremento de costos implica necesariamente un aumento en los subsidios para no trasladarlo a tarifas, situación que agrega tensión en la negociación con el staff técnico del FMI acerca del cumplimiento de las metas fiscales.

Sin embargo, como se indicó, en un contexto internacional inesperado por la guerra Rusia-Ucrania, cuestión que no puede ser ignorada por el FMI como no lo hizo con los impactos devastadores de la pandemia, y reconociendo que todo acuerdo es político, el margen de negociación no será tan restringido como se supone y sólo será cuestión de afilar la habilidad en la gestión de esta situación explosiva por parte del gobierno de Alberto Fernández. 


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

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La Rebelión de las Creaturas.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

El Planeta sufre. Hay vida que se está enfermando y destruyendo. Está en riesgo la existencia humana y todo lo que forma parte de nuestra casa común.

Nos encontramos ante un gravísimo deterioro ambiental por donde lo miremos: océanos saqueados, ríos contaminados, praderas desertificadas, bosques talados sin regulación y pérdida permanente de biodiversidad. Huracanes, tormentas y sequías.Retracción y disminución de glaciares; y los polos del norte y el sur también se están derritiendo provocando la suba en el nivel de los océanos. No se pone límite al aumento de la temperatura global; el último verano en el hemisferio norte fue sumamente caluroso. Una parte de la humanidad no quiere reconocer los límites de la creación. Tienen como meta extraer hasta agotar, consumir hasta el hartazgo. A su vez debemos decir que no todos en el Planeta tienen la misma responsabilidad: No tiene la misma incidencia un país europeo que otro africano.

No hay acceso equitativo al agua y a las fuentes de energía. El 20% de la población mundial consume el 80% de energía disponible; y la misma asimetría se refleja en los alimentos. Son síntomas de pecado: desprecio de la obra de Dios y cosificación de las personas.

Nos enseñaba el Papa Benedicto XVI que “el modo en que la humanidad trata el medio ambiente influye en el modo en que se trata a sí misma y viceversa” (CiV 51). Cada vez nos alejamos más del “homo sapiens” (hombre sabio) y nos acercamos al “nescius”, según el diccionario: terco, torpe, porfiado, obtuso.

Para la tradición religiosa judeo-cristiana: la creación es un don de Dios. También compartimos una mirada semejante con la espiritualidad de aborígenes.

Es imperioso caer en la cuenta de que el Planeta es casa de la familia humana. El próximo martes 4 de octubre celebramos la fiesta de San Francisco de Asís. No solo tuvo una vida de pobreza y sencillez, sino que nos enseña un vínculo renovado con la creación: el hermano Sol, la hermana Agua, la hermana Tierra.

Debemos cuidar la Justicia intergeneracional. NO podemos dejar de lado los derechos de las próximas generaciones. Para ello es fundamental promover el valor de la sobriedad en el estilo de vida.

En los próximos meses se desarrollarán dos importantes cumbres mundiales.

La primera será en Egipto en noviembre de 2022. La COP 27 sobre el cambio climático buscará vigorizar acuerdos para reducir el consumo de combustibles fósiles. También se propone fortalecer compromisos para no seguir aumentando la temperatura global debido al uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas).

La segunda: la COP 15 en el mes de diciembre en Canadá, sobre biodiversidad para detener la extinción de especies y la destrucción de los sistemas ecológicos.

Algunos gobiernos ponen piloto automático y se desentienden del compromiso, o son razonables con el discurso pero permisivos en su propio territorio.

El Papa nos pide “Escuchar la voz de la creación” (1 sept – 4 oct). “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (Ls 49).

La semana pasada el Papa Francisco dio a conocer el tema de 57º Mensaje por la Jornada de las Comunicaciones Sociales: “Hablar con el corazón”. Invita a los comunicadores y periodistas a seguir una línea imaginaria con la atenta escucha propuesta el año pasado y que ya vayamos conectando en la misma sintonía con el Sínodo de octubre de 2023. “Hablar con el corazón significa ‘dar razón de la esperanza que hay en nosotros’ y hacerlo con afabilidad, utilizando el don de la comunicación como un puente y no como un muro.” También nos anima a “no tener miedo de afirmar la verdad, a veces incómoda, que tiene su fundamento en el Evangelio”. Y termina: “Es un esfuerzo que se nos pide a todos, pero en especial a los operadores de la comunicación, llamados a ejercer su profesión como una misión para construir un futuro más justo, más fraterno, más humano”.

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Un Dios que habla y escucha.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

El ritmo social que llevamos gradualmente nos conduce al aislamiento. Mucha gente se siente sola, sin tener posibilidades de abrir el corazón.

El diálogo entre amigos o en el seno familiar nos ayuda a ayudarnos, a compartir las alegrías y tristezas. Esa experiencia no se limita solamente a las palabras ni a expresar conceptos abstractos. Poner el hombro, abrazar, acariciar, hacer pausa y silencio, forma parte de la comunicación de cariño y ternura.

Dios entra en diálogo con cada persona. Nos enseña un importante documento del Concilio Vaticano II: “Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía”. (Dei Verbum 2).

Dios se da a conocer como Padre y, a su vez, nos revela también nuestra propia identidad de hijos suyos. Nos habla de sí mismo y de la vocación de eterna felicidad a la cual nos convoca.

Es Palabra que ilumina el camino, que muestra horizonte de sentido para la vida.

Dice la Carta a los Hebreos que “La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo; ella penetra hasta lo más íntimo del ser, hasta las articulaciones y la médula, y es capaz de discernir los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hb 4, 12). Nos desestabiliza y sacude de la tentación de la comodidad. Impulsa a un crecimiento permanente. Distingue con claridad el bien del mal y nos urge a optar por el amor, el servicio, la verdad.

La Palabra de Dios también es alimento. Por eso en los Templos se destaca su lugar en un espacio semejante a la mesa del altar.

Este cuarto domingo de septiembre lo llamamos “domingo bíblico nacional”, junto con otras Iglesias cristianas con las que compartimos el mismo texto sagrado.

En esta oportunidad el lema lo tomamos del Evangelio de San Lucas “¿y quién es mi prójimo?” (Lc 10, 29). En una ocasión un doctor de la Ley le preguntó a Jesús acerca de cómo alcanzar la vida eterna. En el diálogo quedó claro que el camino es el amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo; como para justificar su intervención, entonces el doctor insistió: ¿y quién es mi prójimo?

Jesús entonces le respondió con la Parábola del Buen Samaritano. No es una respuesta abstracta, sino bien concreta. Nos impulsa a inclinarnos ante quien está tirado al costado del camino, aunque no lo conozcamos. Es una bella enseñanza de fraternidad y servicio a quien está al borde del camino.

En esta misma línea se expresa la parábola del Evangelio que proclamamos este fin de semana en la misa. Un hombre rico vestido ostentosamenteque daba lujosos banquetes, mientras que a la puerta de su casa un pobre mendigo llamado Lázaro ansiaba las migajas de aquella mesa.

Jesús condena la indiferencia ante el sufrimiento del pobre. La carta de Santiago también advierte a los primeros cristianos del riesgo de las riquezas (St 5, 1-6).

Escuchemos la Palabra con oído atento y corazón de discípulos misioneros de Jesucristo.

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Cumpleaños de la Diócesis de Cuyo.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

La Independencia de la Argentina fue declarada solemnemente en Tucumán el 9 de Julio de 1816. Sin embargo, el reconocimiento no fue inmediato por parte de otros países, y lo mismo ocurrió con la actitud de la Iglesia Católica en la Santa Sede.

Durante décadas las autoridades civiles locales y los sacerdotes solicitaron a la Santa Sede conformar una nueva diócesis con las Provincias de Cuyo. En abril de 1827 se firmó el Tratado de Guanacache entre los Gobiernos de las Provincias de San Luis, Mendoza y San Juan, en el que se comprometían a promover la religión católica. A partir de allí se incrementaron las gestiones para conseguir la creación del Obispado de Cuyo.

Se dieron algunos pasos intermedios pero con dificultades debido a presiones de la corte de España para no perder derechos en las que habían sido sus colonias, e incluso del Cabildo eclesiástico de Córdoba.

Después de tanta espera e intensas gestiones, al fin el Papa Gregorio XVI firmó el Documento (llamado Bula) por medio del cual se crea la Diócesis de Cuyo. Era el 19 de septiembre de 1834. Fue la primera diócesis creada en el país después de la declaración de la Independencia.

Se fija como sede de la nueva diócesis a San Juan, y su primer Obispo fue Fray Justo Santa María de Oro. Él murió en septiembre de 1836 con 64 años de edad, días después de caer de una mula en ocasión de ir a una visita pastoral. (Los datos históricos están tomados de un trabajo de la Profesora Leonor Paredes de Scarso.)

Es una fecha muy importante porque nos hace mirar nuestro origen. Este logro tiene vinculación con el deseo de hombres y mujeres de aquel tiempo, unido a la decisión del Papa Gregorio XVI, obispo de Roma y sucesor del Apóstol San Pedro.

San Pablo VI enseñaba que “la Iglesia existe para evangelizar”. Y esa es nuestra vocación y misión. Sumate en la oración para dar gracias a Dios por llamarnos a compartir la fe en esta geografía. Si estás cerca de la Catedral te invito a la misa de las 20 horas.

Este sábado y domingo celebramos en la Argentina la Jornada Nacional de Oración y Reflexión contra la trata de Personas. La fecha está fijada por la cercanía con el 23 de septiembre, “día internacional contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños”. 

Es una actividad mafiosa que enriquece unos pocos bolsillos a costa de las lágrimas de las víctimas y sus familias. Se esclaviza, oprime y ejerce violencia física y psicológica. Todo lo que se pueda hacer para mitigar tanto desgarro resulta poco.

Es el Cuerpo de Cristo avasallado, humillado, vejado. Son heridas abiertas que manan sangre inocente. Es necesario prestar atención a los gritos silenciosos que, desde la oscuridad invadida por el hedor rancio de tabaco, drogas y alcohol, claman justicia, libertad y dignidad.

El Papa Francisco manifiesta con claridad su pensamiento y denuncia: “Son organizaciones criminales que lucran con esto, esclavizando a hombres, mujeres y niños, laboral y sexualmente, para el comercio de órganos, para hacerlos mendigar o delinquir”.

Nos avergüenza como humanidad el engaño o el secuestro como métodos para avasallar los derechos elementales de toda persona a la vida y la integridad de su cuerpo.

Seamos sensibles a tanto crimen y dolor.

El viernes pasado a mediodía la presidencia del CELAM y miembros de la Fundación Populorum Progressio fuimos recibidos por el Papa Francisco. La tarde anterior había llegado de su viaje a Kazajistán pero su disposición era animada y su mirada, profunda. La enseñanza que nos dejó nos recordó la necesaria conversión a ver a Cristo presente en los que más sufren y en los que son excluidos y descartados de la sociedad.

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