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Sociedad Relatos de Vida

Iván Manrique: El sanjuanino que transmite en su obra la nostalgia, la identidad y los afectos. “Dibujar es pensar”.

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Ahora San Juan entrevistó a Iván Manrique, una importante figura del mundo del arte de la provincia, que también estuvo siempre relacionado al diseño gráfico. Se autodefine como sencillo, un hombre común, que es papá, esposo, hijo, tío, nieto, etc. Y resaltó: “Tengo una marcada dependencia con la familia y los afectos, eso me moviliza y me mantiene vivo. Creo y cuido la amistad. En lo profesional soy un trabajador de las artes visuales. Como dice Victor Jara: ‘El tiempo dirá si soy un artista o no‘, me levanto todos los días pensando qué puedo hacer de nuevo para ampliar mi obra, qué puede gustarle a la gente y cómo poner en valor ciertas cosas que muchos no ven“. Manifestó que trabaja primero al dibujo como boceto, como estructura de pensamiento, y que desde ahí parte hacia el mural, el grabado o la pintura de caballete. “Lo que más me gusta del arte es la vida misma, la expresión que generan las personas cuando accionan en el teatro, la música, pintura, danza, escritura y el arte en general” argumentó, junto a su idea de que: “Las artes visuales funcionan como documentos históricos”.

Entre las herramientas que usa están: bastidores con acrílicos, técnicas de facturas de pincel y fondos aerografiados, con el dibujo siempre presente. Donde usa tinta, grafito, sepias, sanguinas, carbonillas y acuarelas con las que combina los colores. Y tiene una disciplina favorita: “El mural”. “Me gusta mucho y más si está en la vía pública, esa obra empieza a mutar y a lograr con el contexto otro impacto diferente a las que están en una galería, museo o sala de exposiciones“, determinó. Aquí trabaja con látex acrílico y pincel rodillo, “aunque sobre todo la aerografía“, indicó.

“La rebelión de las masas”, no es sólo un libro de José Ortega y Gasset, sino que puede aplicarse en este caso a lo que un mural callejero significa dentro de la sociedad: En este sentido, Iván alegó que una vez que el artista lo deja en una calle, pared o cualquier entorno social; éste empieza a formar parte de su arquitectura y transeúntes. “Hace que exista un nexo con esos pasos arquitectónicos que hoy están plasmados en la comunidad. Las personas que pasan se apropian tanto del lugar como de ese mural. Accionan y reaccionan contra eso (de buena o mala manera). Y todo tiene su justificación. Es la disciplina que tiene un impacto más directo, deja de pertenecer al artista y se convierte en propiedad de ese entorno. Los murales comunitarios, son importantes porque se convoca a un grupo de personas donde se lo pinta, entonces toma otro sentido”.

Yendo al eje de este relato de vida, podemos decir que si se quiere indagar en el sentido de identidad y riqueza científica, turística y paisajística de San Juan, indudablemente tenemos que hablar de Jáchal y de nuestro Parque Provincial de Ischigualasto. Y, justamente, éstos son dos lugares que hacen al Iván Manrique con el que conversamos en una tarde cuyana tranquila:

Cuando uno camina por las calles jachalleras o visita al que fue declarado sitio del patrimonio mundial por la UNESCO junto al Parque Nacional Talampaya; encuentra no sólo a un gran mural hecho por él en el centro de su ciudad de origen o la fantástica muestra pictórica: “Archipiélago de Adobe- Vestigios de Ischigualasto” que está abierta al público en el Parque hasta el día 14/08. Sino que se trata de su pueblo natal, su historia, tradición, el sentido de arraigo sobre su tierra. “Eso pasa muy a menudo cuando uno dice que es de Jáchal. Uno se siente de ese lugar y no de otro“, tal como Manrique lo explicó. Mientras que en el “yacimiento de fósiles más importante del mundo” nos topamos con “uno de los lugares que Iván más quiere en el planeta y en la galaxia“. Así es como se ingresa al corazón de un verdadero artista y de un sanjuanino nato, recorriendo espacios y momentos en los que dejó su sello.

Eoraptor Lunensis, de la serie Vestigios de Ischigualasto.

El arte es la rebelión del hombre ante la malvada estupidez de los sucesos cotidianos“, según las palabras que Iván citó de Alejandro Dolina para dar inicio a su descripción personal sobre las Artes Visuales, aquellas que adoptó como forma de vida. “Lo vengo haciendo desde niño, siempre vinculado y atraído por el dibujo y la pintura“, relató. Aunque las conoció en profundidad cuando empezó a estudiar en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes. Las cuales dejó y retomó en 2015, cuando comenzó a generar obras para participar en concursos. Luego, contó que arrancó haciendo murales con aerosoles, algo que continuó hasta la actualidad: “Elegí este camino porque siento que es a donde pertenezco. Es lo que me hace bien y me gusta, tengo un sentimiento enraízado con la producción de obras y pinturas“.

Así fue como se fundó este romance sin fin con su obra de arte. “Es como una relación, donde hay primero un deseo de hacer algo, luego un camino en el que juega esa instancia de conocerse e ir desenvolviéndose. A veces se sufren desengaños, uno se enoja, la abandona, la retoma. La obra posee una dinámica propia y va por el camino que ella quiere. Se sufre, se ama, está ese amor-odio, llega el enamoramiento y el desamoramiento. Hasta que uno debe tomar una decisión: se deja, queda guardada, se repinta o se encuentra lo que quiere. Y eso viene de la mano del amor“.

En toda expresión artística no es posible dejar de nombrar a este sentimiento. Y en esto coincidió este maestro de trazo mágico, que recalcó: “Tiene mucho que ver en la producción de una obra desde el amor por lo que se hace y se quiere comunicar“. Aunque también agregó: “No todas transmiten algún sentimiento traído desde el corazón, hay casos donde generan un impacto terrible en el observador. Con relatos históricos y de experiencias personales“. Sin embargo, dejó en claro que las emociones están muy vinculadas, de una u otra forma. “En lo personal, el amor es un ingrediente que ocupa un lugar muy importante (por la historia, pasado, presente y proyección en el futuro. Y por la familia, otros artistas, profesores, maestros y la vida misma)“, reflectó.

Lo valioso que tiene una obra de arte es la unicidad“, advirtió su creador enamorado. Y explicó que esto se debe al hecho de ser un objeto único e irrepetible, concepto que se da también en las series. “Cuando uno arma una exposición, no se hacen cuadros aislados, sino que todos funcionan juntos, tienen un soporte en la totalidad. Pero puntualmente lo significativo es que conecta al observador para que éste termine de cerrar la obra, la cual sin el aporte del público queda abierta”, reveló. Y agregó: “El espectador tiene un rol muy importante, y eso me parece un pensamiento mágico, una observación muy interesante”.

Las artes visuales engloban también las esculturas, perfomances, video-artes, el arte conceptual, la fotografía, collage, etc. Pero lo más relevante a remarcar, según Iván, es que: “Todo cuenta algo de un momento o de un contexto de la historia, del lugar y tiempo de la persona que lo ejecutó “. Además recordó que es una de las manifestaciones más destacadas para los seres humanos, donde “entra a jugar la estética de las sociedades, que algunos admiran, coleccionan, otros profanan, destruyen o sólo observan”. Al hablar del arte en su vasto espectro, Manrique confesó que la música es su soporte o plataforma para conseguir trabajar en algo: “Siempre está presente: ya sea rock, instrumental, chill out, clásica, flamenco. Tenemos un amplio abanico de sonidos con fácil acceso a ellos a través de internet. Sin música no existo, no podría hacer lo que hago“.

Cabe mencionar que “San Juan está muy bien plantada con respecto a las artes visuales“, según este apasionado por ellas. Tenemos al Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, uno de los más importantes del país por su estructura edilicia y la calidad de la obra que alberga y transita. Gracias a este lugar pude conocer obras de artistas de diferentes partes del mundo: más antiguos o clásicos, como también más modernos. Es un punto neurálgico en esta área“. Y en consecuencia, Iván indicó qué es lo que más le gusta de nuestra provincia:La gente, la idiosincracia, el sol tanto en la ciudad como en el campo, amo la montaña, me gustan sus vinos, su olivo, los sabores, los aromas y los lugares turísticos que tenemos, como Ischigualasto, Jáchal, Barreal , los obstervatorios, la cordillera, los departamentos vinculados a manifestaciones de pueblos originarios. Me gustan hasta palabras como: Angualasto, Pismanta. Soy un amante de mi provincia, me parece que es el lugar más lindo del mundo hasta con su viento zonda“.

Molino Viejo de la serie Archipiélago de Adobe.

Hay artistas sanjuaninos que están teniendo éxito por diferentes lugares“, advirtió. Y entre ellos nombró: al ya fallecido Mario Pérez, Eduardo Ezquivel y Alberto Álvarez. Sin embargo, en este sentido, expresó su deseo de mejorar la visibilidad de los artistas en general. “Me gustaría que los artistas emergentes tuvieran la posibilidad de salir a otras partes y no solo en CABA. Como a la Patagonia, Santa Fe, Tucumán, Jujuy, Córdoba. Quisiera que sea un poco más federal el tema y no tan concentrado en Buenos Aires. San Juan en las artes visuales está en expansión, en crecimiento exponencial, y en condiciones de salir del país y al mundo“.

A la mitad de la nota, no hace falta repreguntar mucho para alcanzar el alma de este sanjuanino, empezando por Jáchal. Donde su principal emoción aflora: La nostalgia, y casi entre suspiros nos contó: “Hay un sentido de identidad muy fuerte. Ha sido cuna de muchos músicos, escritores, artistas, pintores, se valora a la cultura“. Aquí, añadió que se inculca desde niño aprender sobre sus orígenes: “Saber que existe un monumento histórico que está frente a la plaza: el Santuario Arquidiocesano San José de Jáchal. Que desde ahí partió la comisión de San Juan hacia Tucumán a declarar la independencia en 1816, y que tiene adentro un Cristo negro hecho en cuero por los pueblos aborígenes”. A lo que sumó: “Jáchal, en su trazo fundacional con sus casonas coloniales de más de 200 años no pasa desapercibida por quienes la transitan y viven. Es uno de los pocos lugares donde hay un estilo arquitectónico de art decó sobre adobe. Tiene un centro como plaza que existe desde su fundación y que se mantuvo erguido hasta la actualidad. Donde hay una escultura de Francisco Narcizo Laprida hecha por Lola Mora, que fue restaurada por especialistas desde hace un poco mas de 10 años. Las cosas toman otro valor en este pueblo cálido, con mucha diversidad. Jáchal es también ese luchador que se revela y es lo que le da el toque distinto”.

Casona con Compuerta De la serie Archipiélago de Adobe.

De hecho, la experiencia artística más emotiva que tuvo fue: “pintar un mural en el centro de este município, a una cuadra de la plaza, con el acompañamiento y colaboración de otro artista visual amigo, Federico Peralta“. Acá hizo una pausa en su relato y lo recordó: “El pueblo se revolucionó, se acercaban para vernos pintar. Eso me dio mucha fuerza y sentí un gran amor en esos días, por pertenecer al pueblo, haber nacido ahí. Fue una situación especial, por el cariño que recibí de todos en general. Nos ofrecían almorzar en sus casas, guardar las herramientas, si necesitábamos algo ir a buscar, nos traían agua, tortitas jachalleras, me sentí muy acompañado y valorado por la gente“.

Pero en su corazón, no sólo hay lugar para quien lo recibió cuando llegó al mundo. Sino también, para el que eligió como refugio seguro al crecer: Parque Provincial Ischigualasto. Esta cuenca triásica, en conjunto al Parque Nacional Talampaya, alberga manifestaciones prehistóricas, históricas, pre y póscolombinas. “Tiene una extención de 73 mil hectáreas aproximadamente, con un área no tangible que se declaró patrimonio del sitio mundial y antes patrimonio natural de la humanidad. UNESCO va modificando rangos“, comentó. Y además, contó acerca de los circuitos turísticos tanto diurnos como nocturnos que tiene disponibles para conocerlo: “Por un lado está presente la parte científica y de investigación, con lo geológico y paleontológico y por otro lado lo histórico, con las manifestaciones de pueblos originarios y marcas de arrieros en las piedras que desde mediado de 1700 empezaron a transitar ese lugar con destino a Huaco, Jáchal y Chile“. Resaltó de Ischigualasto, que tiene una importante “riqueza turística por las geoformas, los paisajes y alrededor de 40 millones de años del período tríasico para descubrir“, podría decirse que es toda una obra de arte natural.

Fósil de la serie Vestigios de Ischigualasto.

Otros lugares que recomendó visitar son: Luego del Museo Provincial de Bellas Artes Frankiln Rawson ubicado en avenida Libertador junto a la Legislatura Provincial, “la Estación San Martín, la cual engloba obras, concursos y exposiciones de diferentes artistas. El Monumento al Deporte de Carrieri, la escultura de Lola Mora en la plaza principal de Jáchal. La casa de Santiago Paredes, un pintor muy importante sanjuanino. Junto a una serie de museos fuera del arte, como el de Ciencias Naturales, y el de la Historia Urbana“.

¿Cuáles son tus referentes y artistas favoritos?, preguntamos.

-“El mendocino Carlos Alonso, pienso que es un tipo fuera de serie en el dibujo y también en la pintura. Tiene un gesto espectacular. Me gusta mucho la pintura, el dibujo y el gesto de Santiago Paredes, nuestro acuarelista y dibujante sanjuanino, me llega muy al corazón. Me hubiese encantado poder conocerlo. Alejandro Ozzi Carrizo, un dibujante sanjuanino amigo. Tiene mucha fuerza su dibujo. Alejandra Carabante, es una referente de nuestra provincia de la región y ya seguro del país, que expresa lo autóctono, lo cotidiano. Manifiesta cosas en sus obras como nostalgias, sentimientos, momentos que son plasmados en los personajes y entornos que dibuja. Tiene un relato propio regional, de mito, de leyenda y una majestuosidad en el dibujo que a mí me conmueve. Después hay otros artistas del mundo como: Alberto Durero que es un referente muy importante en la historia del arte, el pintor francés Théodore Géricault. También me gustan mucho los grabadores. Hace poco pude conocer la obra de un belga que vivió en Mendoza, Victor Delhez. Es un tipo de otro mundo. De Argentina, me encanta Eduardo Sívori en la pintura, Ricardo Carpani, Ernesto de la Carcova, Juan Carlos Castagnino, Lino Enea Spilimbergo, entre otros”.

Compuertas de Riego de la serie Archipiélago de Adobe.

Dibujar es pensar“. Para ir cerrando, Manrique que también está ligado a su actividad educadora desde diversos talleres que brinda, describió a su primer amor (el dibujo) como: “Una representación directa de la imaginación. Es conceptualizar, es pensar. Y acá citó a Paul Klee: “El arte hace visible lo invisible“, para describir lo que a él le pasa cuando agarra un lápiz, una carbonilla o tinta. “Empiezo a jugar con las formas plásticas, con el punto, la línea y estos elementos que voy construyendo. Creo una dinámica propia, armando el concepto de lo que quiero plasmar y lo hago visible a través del dibujo“, detalló. Al mismo tiempo, destacó la idea de que luego se comparte con los seres queridos: Mi hija Mía de 11 años, quien podría decir que me sigue los pasos, a veces dibuja conmigo, y no puedo explicar el placer que ésto me genera”. Y aclaró: “Cuando hago una obra, ésta fue aprendida desde el dibujo”.

¿Es un don o una práctica adquirida?, se le cuestionó

-“Decir que uno sabe dibujar es como decir que uno sabe amar. Es tan sencillo como cocinar, o como hacer cualquier otra actividad manual. Se aprende, no creo que sea un don adquirido. Todos podemos dibujar, y de hecho lo hemos hecho en algún momento de la vida. Algunos tomaron y otros dejaron ese camino por diversas razones. Pero todos pueden desde el dibujo transmitir su propio pensamiento. Es algo muy natural que traemos“, contestó.

Postes de la serie Archipiélago de Adobe.

El mito de la musa inspiradora. Pablo Picasso dijo: “Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando“. Frase que nuestro entrevistado comparte. Y en este punto dijo: “Hablar de musas me resulta gracioso. Creo que en cada caso, depende de la experiencia personal. Yo podría decir que una musa inspiradora es la nostalgia, lo que viví. Gozar de una estabilidad emocional buena es importante también. Y otra podría decir que es mi familia, mis amigos y la música. La cual es un ingrediente imprescindible. Algo que agregaría es mirar a otros artistas y aprender de ellos, de la historia del arte, y del conocimiento que es una gran musa inspiradora”.

Un deseo, varios proyectos y un sueño: Para culminar la charla llena de magia cuyana nacida en la imaginación que Iván materializa con sus manos. Enumeró estos tres puntos:

  1. Quisiera que los sanjuaninos seamos más solidarios, que entendamos y ayudemos a quienes lo necesiten sin hacer la vista al costado. Si bien las actividades artísticas están marcadas por el individualismo, podemos preocuparnos por el que tenemos cerca. En mi caso, siempre alguien me dio una mano, y eso es muy importante. Es necesario sacar el egoísmo que nos divide como sociedad. Aprender a valorar lo mucho que tenemos: desde el vínculo familiar y quienes nos aman, hasta todo lo que nos brinda la naturaleza, nuestra arquitectura, paisaje, flora, fauna. Cuidar a la madre naturaleza para las próximas generaciones, esto lo digo como persona y no como artista“.
  2. Tengo pensado trabajar parte de mi obra en grabado, corrosión galbánica o en aguas fuertes. No sé cuándo lo tendré listo pero es algo que tengo pendiente. Después tengo proyectos para presentar obras nuevamente en Buenos Aires. Y en septiembre, viajo a Jáchal con: Archipielagos de Adobe/ Vestigios de Ischigualasto. Agradezco el acompañamiento de este município”.
  3. Finalmente, seguiré dibujando y produciendo obras hasta que ya no pueda pintar más. Eso es permanente. Un sueño sería vivir de la producción de obra propia. Tener buena salud por mucho tiempo y que todo mi entorno y familia estén bien”.

Sociedad Relatos de Vida

Naty Legrand, profe de bici, peluquera y madre sanjuanina. El deporte como vehículo de ayuda a los demás.

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Natalia Erica Legrand, “Naty”, lleva más de treinta años pasando por gimnasios. A sus 48 aparenta muchos menos, tanto por el deporte como por su actitud hacia la vida. Ahora compagina clases de Indoor cycling y Gap a las mañanas; y peluquería-estética a la tarde. Además de madre a tiempo completo. Desde Ahora San Juan nos acercamos a conversar con ella, a aprender de sus vivencias y de su fortaleza. Hablamos de la importancia del deporte para la salud mental ahora que en estos tiempos todo parece estar en crisis.

Por Antonio Morente.

Naty empezó haciendo patín carrera con doce años, cuando la llevaba su papá. “Un sacrificio enorme que tuvo que hacer mi papá para comprarme los patines”, recuerda con cariño. Estuvo unos años, después paso por el básquet y hockey sobre césped, hasta que con quince años llega por primera vez a un gimnasio. “En aquella época no se estilaba que mujeres a mi edad hicieran aparatos en musculación. Ahora veo cómo va cambiando la mentalidad” observa.

Con el tiempo llega a hacer el instructorado de aeróbica. Un día prueba clases de bici, Indoor cycling. Le gusta tanto que decide que se quiere formar en ello. Lo hace y poco después ya comienza de profesora, ya son más de 20 años sobre una bicicleta dando clases.

En algunas épocas ha combinado las clases de bicicleta con natación o gimnasia acuática. Bajarse de la bici, ir a la pileta y continuar. Con el tremendo esfuerzo que eso supone. Incluso en muchas ocasiones ha encadenado una clase con otra de bicicleta, y los que hayan probado alguna vez saben de la energía que requiere dar una sola hora a la mayor intensidad. Porque en esto no es que el profesor descansa mientras los demás son los que hacen el esfuerzo, sino que el profesor ha de vivir la clase y hacerla dando el ejemplo, poniéndole más ganas que nadie y sumándole los gritos para dar indicaciones y motivar a los alumnos.

“El deporte para mí era como una pasión, era como levantarme y lavarme los dientes. No me podía faltar. No era tedioso para nada, era un placer” aclara. Ya antes de instructora y de trabajar en gimnasios, Naty se formó de peluquera. Y esa ha sido su principal fuente de ingresos. Aunque reconoce que ama la actividad física, señala la dificultad de poder vivir únicamente con ese trabajo. “Lo hacemos por apasionados, pero tristemente no da para todo”, señala Naty que a nivel provincial deberían estar mucho mejor valorados los instructores.

Un tiempo estuvo trabajando de secretaria y administrativa en una obra social, lo cual terminó dejando. El problema suponía cuando fue mamá y tener que cuidar a sus hijos. Lo que trabajaba lo tenía que gastar en pagar a alguien para que cuidara a su hija, así que se decidió por la peluquería. Se montó su propia peluquería en su casa y así podía estar con sus hijos mientras trabajaba.

Ya con tres hijos y cuando empezaron a ir a la escuela, decide compaginar gimnasio y peluquería. A la mañana a dar clases y a entrenar, a la tarde dedicarse a la estética y cortar pelo. Todo eso unido a todo el trabajo que supone ser madre, aquellos cuidados a veces invisibilizados porque no se puede medir en ingreso económico, pero que realmente son lo más importante.

Naty tiene cuatro hijos. Se separó hace nueve años. Una hija de 23 años, y tres varones de 19, 17 y diez años el más chico. Advirtió que cada vez fue teniendo menos ayuda del padre de sus hijos, y que tuvo que hacerse cargo ella de todo. Y explicó que no solo en lo económico, sino también en todo lo que implica la crianza. Si tengo que decir que tengo el apoyo de mi familia a morir. Mucho apoyo, siempre lo he tenido”, reconoce Naty.

No es fácil, no se me hace fácil. Pero la llevo, la llevo”, confiesa.  “Siempre le digo a mis alumnos y a los clientes de la peluquería, o a cualquiera, que si yo no hiciera actividad física estaría con una depresión de estar tirada en la cama”. Acá hablamos de los beneficios del deporte para el bienestar general. No solo físico, sino también mental. Para todo el mundo, pero también conversamos sobre lo importante que puede ser para los adolescentes, a raíz de los problemas que están saliendo a la luz últimamente. Con todos los peligros que pueden rondar a una edad en la que se dan tantos cambios en la persona, la actividad física puede convertirse en un pilar fundamental para mejorar la salud. El deporte puede dar una estabilidad más que necesaria cuando todo alrededor se tambalea. Naty lo sabe, ella lo toma como su propia terapia y predica con el ejemplo. No solo para sí misma, sino que intenta motivar y alegrar a aquellos que vienen a su clase. Es envidiable, porque pase lo que pase en la vida de Naty, ella llega con una sonrisa a primera hora de la mañana y da la clase con toda la energía del mundo.

Porque cuando las cosas no andan bien es difícil encontrar la fuerza o las ganas para darlo todo físicamente. Naty se acuerda que en las épocas en que ha estado muy mal: “estaba triste mal, con la cara llena de lágrimas y tener que ir a dar clase. Bajarme del auto y decir: ‘hay que cambiar la cara, hay que ponerle ganas’ a pesar de todo lo malo. Entrar al gimnasio, cerrar los ojos y contar hasta veinte. Subirme a la bici y ‘aquí no ha pasado nada’, que nadie se diera cuenta de lo mal que estaba. Y así un tiempo, hasta que poco a poco fui saliendo.”

Es admirable esa fortaleza, disciplina y esfuerzo. Para Naty no sólo es hacer que en sus clases pedaleen o que transpiren: “yo intento hacerles sentir lo que siento yo sobre la bici, que lo disfruten como lo hago yo”. Cierto es que lo consigue. Y contó que constantemente sus alumnos le agradecen el impacto positivo que ha tenido en sus vidas. Cada vez que Naty ha cambiado de gimnasio siempre hubo alumnos que la siguieron, y que buscaron sus clases.

Conversamos con ella sobre cómo ese mecanismo la ayudó tanto, a empujarse a sí misma y a sentirse bien sobre la bici. Que esa hora la disfrute como siempre, buscar a esa Naty que aprovecha ganarle terreno a su versión que sufriendo. Lo que vendría a ser un mecanismo de la psicología conductual de lo más efectivo. Le tiembla la voz contando que la única vez que quebré fue cuando falleció mi papá, que para mí ha sido lo más duro, una pérdida tremenda. Se tomó unos días, pero una semana después ya estaba de vuelta sobre la bici, “él ya no estaba y yo tenía que seguir. Sé que él lo hubiese querido así”, recuerda con tristeza Naty.

Le apasiona trabajar de profe de bici, pero no solamente por los beneficios en el plano individual, sino colectivo. “La satisfacción que da que alguien te diga que lo estás ayudando, que una alumna, por ejemplo, te diga: ‘Naty empecé el gimnasio y tomaba pastillas para dormir, pastillas para la depresión, pastillas para los ataques de pánico’ y que te agarre de las manos y te digan: ‘gracias Naty porque ya dejé de tomar la pastilla para la depresón, la pastilla para dormir, …’. Te hacen sentir tan importante para la vida de las personas, tan bien…”, relata con orgullo. Rosalía, una de las alumnas que lleva con ella mucho tiempo, le dice siempre: “Naty sos mi medicina”.

Ayudar es un valor fundamental según ella. Porque no se limita solamente a dar clase, las mayoría de las veces se queda conversando con alguna alumna que tal vez está atravesando un mal momento. Naty siempre presta su apoyo, algunos pueden pensar que es cargarse negativamente, pero no es así: “no me hace mal que las personas me cuenten cosas malas, no me hace daño, todo lo contrario. Me hace bien, porque siento que estoy ayudando a esa persona, y eso es muy lindo”. Es más, Naty subraya una de sus premisas fundamentales: “Yo siempre dije que hay que ser humilde. No ponerte por encima en el lugar de profe, tenés que estar a la par, la humildad es muy importante en la persona. Porque es un ida y vuelta, yo no soy más que nadie. Si puedo ayudar: lo hago; y de toda persona aprendo”.

Naty trabaja a la mañana en un gimnasio, cuando acaba va a comprar la comida y cocina para sus hijos. A la tarde trabaja en la peluquería. Intenta enseñarles a sus hijos a esforzarse: “Yo les digo que puede que no tenga ganas, o que esté cansada, pero que igual hago el sacrificio porque es para todos”, dice. Predica con el ejemplo e intenta demostrar con sus acciones, puede que no sea perfecta, pero intento llevarlos por ese camino de la responsabilidad.

En la peluquería y estética ofrecen todo tipo de servicios, porque Naty ha seguido siempre haciendo una amplia variedad de cursos. Nunca ha dejado de formarse. Y también tiene muchas inquietudes de cosas que le gustaría aprender. Los límites los pone uno” afirma tajantemente Naty. “La vida sigue, y voy a seguir haciendo cosas y aprendiendo cosas”.

Cualquier mañana si uno va por la calle Tucumán, un poquito antes de la plaza Trinidad, puede ver a Naty en el gimnasio Fitness Center dando gritos para animar su clase, e iluminando con esa sonrisa que siempre lleva puesta. Sino en las tardes en su estética en Santa Lucía. Porque Naty sigue peleándola y pedaleándola a cómo venga la vida, lo que sea necesario por sus hijos, y ayudando a todo aquel que se le acerque.

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El silencio de un compañero para sobrevivir, otro pedacito de vida del sanjuanino Eduardo Maza.

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Ahora San Juan tiene una historia en el tintero, una parte del extenso y rico relato de Eduardo Maza, el trabajador del Matadero. El hombre, involucrado en la lucha social desde siempre, un poco por su historia y otro por las experiencias de vida.
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El 5 de febrero de 1976 cambió para siempre la vida de un joven de 20 años con convicciones firmes que debió doblegar su sentir y pensar con el fin de cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. “Mi militancia siempre estuvo del lado de la justicia” alega Eduardo. “Mi viejo siempre me decía: usted siempre busque la justicia, sea justo” y así fue.

Sabiendo todas las atrocidades que se habían cometido, hasta con compañeros míos que los desaparecieron. Nosotros lo sabíamos, teníamos una consigna que era mantener silencio. Porque íbamos a ir a un lugar peligroso”, relata con un sesgo de angustia en su voz el hoy hombre adulto. “En aquel momento fue terrible para mí y para otros compañeros”, resalta Eduardo.

Recuerdo a un amigo, estudiante de medicina de aquel entonces, con el que nos enlistaron para el servicio militar. Para nosotros era muy duro. Con este amigo nos mandaron para Tucumán, en una compañía particularmente creada para ese destino. Nos fuimos el 9 de mayo y volvimos a fines de julio, en condiciones infrahumanas. Desde que nos llevaron con borceguís de suela, a la semana ya no teníamos calzado, nos los atábamos con alambre. El ejército no nos proveía de esos elementos, los hongos eran lo de menos. Cuando volvimos de Tucumán estuvimos acá y nos hacían hacer operativos de noche, muy feo fue”, cuenta haciendo notar que el recuerdo sigue intacto en su mente.

“La dictadura para mí fue lo más cruel que pude ver y vivirlo desde adentro como soldado con una ideología completamente diferente y no poder hacer nada. Ver cómo detenían a compañeros, los buscaban, registraban sus casas. Nosotros como soldados estábamos afuera, no entrábamos nunca, los que lo hacían eran oficiales y suboficiales. Al soldado lo llevaban para mirar y hacer pantalla”, resalta.

La gente estaba aterrorizada, nadie les iba a hacer ni decir nada”, subraya cómo aquello que sentía el común de la sociedad por aquel entonces.

Donde estaban las oficinas de inteligencia nos ponían a nosotros de plantón en la noche a cuidar. Todas esas cosas las tengo grabadas como la canción de León Gieco “grabado en la memoria””.

Eduardo Maza junto al Sec. Gral. de la CGT San Juan Ubaldo Montaño

Cuando iba camino al fin, la luz al final del túnel, recuerda la siguiente situación: ” un día nos llevaron al dique de Ullum, medio como de castigo porque ya había poca actividad. Justo veo una máquina desarmada y reconozco una de las personas que la estaba arreglando, era mi tío que no me veía hace años, de mi familia fui el único que hizo el servicio. Fue un encuentro muy lindo y me dijo “el día que usted le den la baja acá tiene trabajo”’, fueron las palabras de aquel familiar que lo ayudo a rearmarse.

Un tiempo después de ese encuentro llamaron a un grupo de soldados, entre los que estuvo Eduardo, para darle la baja. “Te hemos visto una actitud muy buena, todo el tiempo estando acá, hiciste lo que cualquier soldado hace, te mantuviste neutral en todo momento, te mantuviste en el montón”, dice al remontarse a aquel momento.

En verdad, en palabras de este hombre lo que hizo no fue más que realizar sus verdaderos ideales. “Era nuestra consigna, la teníamos que cumplir, con dolor callarnos. Sufrir en silencio porque yo veía como sufrían mis compañeros con los que manejábamos las mismas ideas, nuestros mismos principios: ¿Cómo revelarme ante el verdugo? Era imposible, era un suicidio”.

“Se conocían de las muertes de soldados que en verdad eran militantes y no estaban nada de acuerdo con la dictadura y bueno, eso hacía que nosotros guardemos silencio”, revive.

Si me iba de baja tenía que llevarme la libreta para ir a trabajar al dique, la baja para mí era como tocar el cielo con las manos”.

Así es como me dieron la baja de honor, me dan la libreta en la mano y la bolsita de ropa, con nada de cosas y pienso “dónde está mi norte”. Yo volví al dique, caminando. Donde me reencontré con mi tío y empezó mi nueva etapa, trabajando en el dique de Ullum, donde empieza el inicio de mi vida sindical”, fue el final de una etapa que abrió puertas inimaginables.

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Sociedad Relatos de Vida

María la vendedora ambulante que recorre las calles de San Juan ofreciendo sus productos caseros.

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La informalidad laboral es uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta el país; esta problemática involucra varios temas, pero el que más se destaca es el de los riesgos a los que se exponen los trabajadores para conseguir un ingreso mínimo para subsistir. “Esto es una lucha de día a día” dice María una vendedora ambulante.

María es una vendedora ambulante que sale todos los días a vender semitas, pan casero, pan de naranja, prepizzas y hasta dulce. Con su bicicleta cargada de productos caseros, María recorre todo San Juan rogándole a Dios poder vender todos sus productos para llevar a casa la plata que tanta falta hace.

“Trabajo toda la noche y cuando cargo mis productos, salgo a la calle a trabajar, a recorrer hasta donde pueda mi cuerpo” comenta María y explica lo difícil que es trabajar cuando se arrastran problemas de salud “Tengo una trombosis en la pierna, se me ha cortado la vista, se me ha estado cayendo el pelo y ahí estoy, todos los días me levanto y le pido a Dios “Dios mío que venda todo rápido”, porque “es difícil trabajar teniendo estos problemas de salud“.

“Los otros días me vio un doctor y me dice “¿tiene obra social?” y yo le digo “no” y el doctor me dice que “30 mil pesos sale” hacerme ver y hacerme los estudios porque me duele acá” cuenta María mientras se toca la parte baja de la espalda. “Yo no tengo la plata para hacerme los tratamientos” se lamenta María.

Hace 8 años que trabajo en la calle y gracias a Dios, porque soy católica, puedo vender pan, semita, dulce y puedo llevar a la casa la plata que tanto nos hace falta” comenta María y agrega que “El padre de mi hijo, se enoja conmigo porque me ve trabajar, él es jubilado, pero no alcanza, no nos alcanza y yo salgo a la calle a “pucherear” a sacarla”. Ganar un par de pesos para poder vivir dignamente es el desafío que María enfrenta todos los días.

“Siempre le pido a Dios “Dios mío que venda rápido las cosas” porque tengo miedo, tengo miedo a los asaltos, la calle es bastante peligrosa y yo tengo miedo, pero lo hago porque es mi trabajo y no tengo otra cosa” dice María y expone la dura situación que atraviesan los vendedores ambulantes y el doble peligro que implica para las mujeres.

“Yo vivo cerca del Estadio de Pocito, atrás, en la calle 5 y ruta 40, he andado por la ruta rápida, ahí tuve un encontronazo con tres personas” comenta María y explica que “a raíz de eso perdí mis dientes porque me golpearon la boca, nunca recuperé nada”. “Pero yo soy una mujer luchadora y no bajo los brazos” afirma María.

“Ayer me ha tocado trabajar con viento zonda y he trabajado todo el día, ayer se me bajo un poco la presión y me tuve que comprar una coca porque se me había nublado hasta la vista y bueno es mi lucha del día a día” remarca María.

María cuenta que tiene un hijo que está estudiando, “estoy orgullosa de él, pero él no está orgulloso de mi, pero bueno a mí no me dio la cabeza para estudiar, yo llegué hasta segundo año y tuve que dejar” explica María sin dar tantos detalles de su pasado, pero si los suficientes para entender que a sus espaldas carga los recuerdos de una infancia difícil.

“Mi mamá tuvo un accidente y ella no sabía nada de su vida, perdió el conocimiento” recuerda María y regresa en el tiempo cuando su infancia empezó a doler. “Yo tenía 7 años, yo tuve que vivir con una familia por parte de mi papá, y me trataban mal, me tiraban el pelo, me daban mal de comer” cuenta María y agrega que tanto sufrimiento lo mantuvo en silencio “porque me amenazaban”.

“Yo me arrepiento muchísimo de no haber podido estudiar” se lamenta María y explica que “Cuando los chicos y las chicas se me acercan para comprarme las semitas, siempre les digo que tienen que estudiar porque yo no lo pude hacer, yo no lo logré“. Sin embargo, María con fuerza remarca que “Acá estoy, salgo a trabajar decentemente a la calle, ya no sé cómo trabajar, cómo vender, cómo seguir porque ya no me da el cuerpo, pero acá estoy trabajando”.

“Esto es así, así es mi día, así es mi vida y doy gracias” dice María una vendedora ambulante que recorre las calles de San Juan con una bicicleta cargada de semitas, pan casero, pan de naranja, prepizzas y dulces para vender.

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