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Sociedad Relatos de Vida

Los hermanos sanjuaninos Oscar y Amor Lorenzo Pinos: Quienes saben estar “distantemente juntos”.

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Luego del día mundial de los hermanos (5 de septiembre), Ahora San Juan conversó con los dos consanguíneos que aún viven de la familia Lorenzo Pinos. La cual caminó la antigua Colonia Zapata de Santa Lucía (hoy Richet-Zapata), y que forjó a base del esfuerzo, voluntad y constancia diaria, un hogar de los de antes. Esos que nos contaron nuestros abuelos. El mayor es Amor Antonio y el menor se llama Oscar Orlando Lorenzo Pinos. Con sus más de ochenta años, manejan muy bien las redes sociales e internet. Además, son dos ingenieros con mentes brillantes (Hidráulico y electromecánico). En sus épocas de infancia y adolescencia, la famosa Colonia albergaba inmigrantes (españoles). Luego del terremoto del 44′, allí, la vida sanjuanina era muy diferente a la de hoy. La escuela, que no era para todos una opción. Las buenas costumbres. La familia, que solía ser numerosa y trabajaba mancomunada. Los niños que exploraban al máximo su imaginación para jugar. Estas tierras de plantaciones, estaban en Cordillera de los Andes y calle San Juan. Y fue el hogar de cinco hermanos que vivieron muchas experiencias: Elena, Vicente, Hugo, Amor Antonio y Oscar Orlando. Todos hijos de Ascensión y Vicente (padre). Tuvieron una hermana mayor, Azucena, que murió de muy pequeña (1 añito más o menos). Con el tiempo, se conformó el club Richet-Zapata donde el padre de nuestros entrevistados fue socio fundador.

Si bien en Argentina, el Día del Hermano se celebra el 4 de marzo, a nivel internacional se conmemora el 5 de septiembre. La elección de este día se debe a la fecha de fallecimiento de la Madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida a realizar varias obras caritativas. Junto a sus hermanas religiosas llevó paz y sosiego a muchas personas necesitadas y desamparadas en el mundo. Pero algo significativo a destacar es que la palabra hermano se origina del latín “germanus” (germen), que a su vez proviene de la palabra gigno, que quiere decir verdadero y exacto. Y justamente así, es el corazón de estos dos grandes muchachos. Los une el hecho de ser muy educados, correctos, amorosos (a veces un tanto testarudos) y sencillos a la hora de elegir lo que los hace felices.

Al comenzar este cálido recuerdo, de los hermanos Lorenzo Pinos, Oscar comenzó diciendo: “Estamos bien, con los achaques de la edad“, aunque percibimos su buena voluntad para sentarse a compartir algunas anécdotas de su historia. Siendo el más chiquito de ellos, Oscar, hoy tiene 82 años, y nos contó nostálgico: “Mis padres eran muy pobres, pero nunca nos faltó la comida. Se esmeraban para cultivar y obtener verduras y frutas. También teníamos carne de pollo, pato, paloma, chancho y con los pocos pesos que sacaban, compraban pescado y mantecol“. Estas fueron épocas, sin dudas, de calor de hogar. “Mi madre hacía muchos dulces y conservas para todo el año“, recordó Oscar.

Y si miramos un poquito más atrás, ellos fueron los Pinos, sus abuelos e hijos. Su madre Ascensión es la chica de la izquierda.

Por la línea genealógica de su padre contaron: “Nuestros abuelos llegaron a Brasil desde Málaga, España, y ahí nació Vicente en la zona de Río de Janeiro. Pero cuando éste cumplió 4 años decidieron viajar a San Juan debido al clima seco. Por problemas médicos, así se lo indicaron“.

Estos hermanos, además de inteligentes, son muy buenas personas, con rostros y espíritus de bonachones, se sabe que en su círculo son y han sido muy queridos. Por ejemplo, Amor Antonio tiene un cuadro que decora la pared del comedor de su casa, donde sus ex alumnos de la facultad de ingienería lo condecoraron con el título de: “Más bueno que el Quacker“.

El poder de las bicicletas: Oscar Orlando, trajo al hoy un poco de sus memorias vividas, y lo que estos vehículos representaron para ellos cuando las distancias eran otras:

Todos los hermanos fuimos a la escuela Nacional número 82 , nuestra hermana mayor, Azucena, falleció de bebé y todavía no había nacido Vicente. Luego llegó Hugo. Ellos dos no pudieron completar la primaria porque esa escuela tenía hasta cuarto grado“. Para cuando nació Amor Antonio, explicó que las cosas mejoraron un poco, y en su edad escolar recibieron un pedido especial: “La maestra se acercó a pedirles a mis padres que lo mandaran a estudiar para completar sus estudios a otra Escuela“. Y comentó que como los hermanos mayores habían comprado una bicicleta, se la facilitaron para que fuese a la escuela Mariano Necochea. “Allí terminó la primaria y le dieron la posibilidad de que fuese a la secundaría, como yo vine cuatro años después, fui a terminar la primaria a una escuela que está en la Colonia Gutierrez. Y cuando tuve la edad para comenzar la secundaria, nuestros hermanos mayores ya tenían dos bicicletas, entonces las usábamos nosotros para ir a la Industrial, expresó amablemente. Después del último de los hijos varoncitos, Oscar, llegó Elena (6 años despúes), la única chica del equipo.

Oscar con sus primos, compañeros de juegos.

Por su parte, Amor Antonio, rememora con mucho cariño esos momentos: “Fueron épocas muy lindas“. Reveló que ambos jugaron a las bochas en la Colonia y torneos provinciales. Con orgullo advirtió que su papá Vicente era quien ganaba más campeonatos. “En su nicho del cementerio está la placa de una vez que me ganó“, indicó Amor. Luego, agregó: “Vicente, Hugo y yo jugábamos más y Oscar menos. Había campeonatos sanjuaninos. Algunas veces tenía que decidir si jugar o no porque tenía un examen en la facultad. Y recuerdo que por eso no me presenté a todos”.

Para contextualizar, cabe resaltar que hubo dos Colonias: “Nosotros estábamos en la Zapata y la otra era la Richet, en la que eran poquitos. Estaban los Maldonado me acuerdo. Y luego se unieron y quedó Richet-Zapata. El que mejor jugaba para mí, fue mi hermano Vicente. En los tiros hacia el final de la cancha, no le ganaba nadie. Era un gran arrimador de bochín. Y yo jugaba pasando la media cancha, porque era buen bochador hasta ahí y en la larga era mejor Vicente. Siempre integrábamos dos de la familia en un terceto. Los equipos podían ser individuales, de a dos o de a tres“, describió muy bien don Amor Antonio, quien es hincha fanático de San Lorenzo (como su apellido). Y agregó: “También jugué al básquet. Estuve en campeonatos de la escuela Industrial“. Otra actividad que los Lorenzo Pinos tuvieron en aquel entonces, fueron los bailes familiares en el Club vecinal Richet-Zapata. Las mesas encuadraban la cancha, y todos los jóvenes bailaban en el centro mientras el resto de las familias estaban sentados en la orilla. Los niños corrían por todos lados, y sus madres atrás de ellos controlando de que no hicieran alguna picardía. Esta era la foto de esas salidas que, seguramente, fueron muy divertidas.

Y con ese humor sano que lo caracteriza, comentó: “Mi madre me puso Amor, porque soy un amor. Esta es una frase que cuando hacía largas caminatas por el barrio, reveló que solía decírsela a quien le hiciera un comentario respecto a su nombre tan particular. En la actualidad, él vive en San Juan Capital y su hermano Oscar en Neuquén. Cada cual con sus cosas, y habiendo pasado tanto tiempo, aún se comunican por teléfono y se pasan las noticias cada tanto. El mayor ya no sale mucho de su casa, principalmente desde que su media naranja y amor de su vida, Ana María Nuñez, falleció. Antes, supimos que era bastante andariego. Y ahora, pasa las horas entretenido con diversos juegos de la computadora, que mantienen su mente activa. Y aunque asegura que la extraña muchísimo, indicó: “No me voy a abandonar“. Como dijo el escritor Gabriel García Márquez: “El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”.

Aunque, fanático del buen vino y ricos fiambres, Amor disfruta de la compañía de sus hijos cuando lo visitan.

En cuanto al menor, aún sale para hacer algún trámite, y mantiene la característica de contar historias maravillosas a sus más queridos. Él convive con su esposa Margarita que es su más grande apoyo, y con la cual se ayudan en todo. “También hago bicicleta fija“, agregó orgulloso. No cabe duda de que ambos son afines a pasar tiempo celebrando con la familia y sus amigos.

Amor y Oscar vienen de la vieja escuela de levantarse muy temprano, cuando apenas asoma el sol ellos ya están en pie. Es que los días en San Juan y en el sur siempre fueron completos y con mucho para aprovechar. Salir y saludar a todos los vecinos y conocidos a su paso, buscar las ofertas en varios lados para que las compras del mes rindan más. Ansiar al buen clima para compartir algún almuerzo, sentarse al sol o sólo disfrutar del silencio. En la simpleza de llevar bien organizada las rutinas está la belleza de estas provincias tan hermosas. Y para este dúo, que vivió cada cual en su lugar, atender las labores de su profesión siempre fueron importantes, el estudio es un bien muy preciado para los Lorenzo.

De los momentos inolvidables que pasó, Oscar extrajo algunos: “Vicente y Hugo eran nuestros protectores, jugábamos mucho con bolitas a la payana, al ta te tí, a la pelota , al trompo, y añadió que con su hermano Amor Antonio no jugaba demasiado por la diferencia que se llevaban: “Pasábamos ratos juntos pero yo me juntaba mucho con los primos de mi edad“. Sin embargo, como dijo una vez el ensayista y novelista Ernesto Sábato: “Vivir consiste en construir futuros recuerdos“. Por lo que se podría decir, que nada quita que quizás en algún momento exista un reencuentro entre ellos.

Entre los tesoros del ayer, ellos destacan el ingenio que tenían para hacer juguetes: “Con pocas cosas hacíamos de todo. Por ejemplo, una caja de arroz vacía era un camión y una media vieja era una pelota”, advirtió Oscar. A lo que sumó: “Me gustaría revivir las reuniones que hacíamos en la casa de mis padres cuando ya cada uno tenía su familia. Cuando mi papá ya no estaba y éramos la alegría de mi madre cuando nos veía”. Y Amor Antonio añora volver a tener buena salud y vitalidad, para recorrer su barrio, planear asados, ver partidos de fútbol acompañado, sacar muchas fotos para compartir con sus más allegados. En definitiva, estos hermanos manifestaron el deseo de reencontrarse con el tiempo en el que estaban todos unidos. Cuando reían, charlaban y hacían chistes sanos. Cómo los elogios que se dice así mismo don Amor: “Yo soy el más lindo“. Y antes de que su primera nieta le diga algo, su frase solía ser: “ya sé que soy precioso“. Ahora tiene días en los que se siente más animado, y otros en los que se queja de todo un poco, o simplemente no tiene ganas de hablar. A Oscar aún le quedan energías, y aunque tienden a ser de pocas palabras. Si se piensan, agarran el teléfono y se marcan.

Para cerrar, sin importar la edad, la circunstancia o la prisa del reloj y el calendario. Cuando se trata de nuestros hermanos, sólo cabe citar las palabras de un grande de la literatura, Julio Cortázar. Quien una vez advirtió: Sólo nosotros sabemos estar distantemente juntos“.

Sociedad Relatos de Vida

Nico Leiva, el sanjuanino que lucha contra la obra social por su derecho a la salud.

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Nicolas Leiva es un joven sanjuanino, que en las últimas semanas se hizo viral a partir de un video publicado en sus redes sociales donde exponía el calvario que sufría con su obra social para poder realizarse una importante cirugía ocular. El derecho y el acceso a la salud impedido por el accionar de la obra social. “No entiendo por que hacen esto de desmerecer el derecho a la salud” comenta Nicolás Leiva.

Ahora San Juan se comunicó con Nicolás Leiva para conocer su historia de vida y su lucha interminable contra la obra social OSFATLYF (obra social de la federación Argentina de trabajadores de luz y fuerza)

“Mi enfermedad es glaucoma” comenta Nicolás Leiva y explica que el glaucoma “es una enfermedad congénita que él sufre desde nacimiento. Me la descubren a los tres meses de vida con unos picos muy grandes de presión ocular”. El glaucoma es la presión ocular y afecta el nervio óptico, lo recomendable es entre 10 y 13 de presión ocular en cada ojo. Nicolás comenta que “Cuando me lo detectaron, a los 3 meses de vida, tenia 40 en uno y 50 en otro ojo“.

Ante esta situación, Nicolás explica que “Me operan de urgencia de glaucoma y se normaliza la visión pero en vez de afectarme el nervio óptico me afecto las corneas produciéndome una distrofia” y agrega que “La distrofia actúa junto con el glaucoma comiéndose la célula de la cornea, opacándose e impidiendo que se vea, se van muriendo las células y se va opacando el ojo, con el tiempo es progresivo eso excepto que me lo vaya cuidando con medicamentos”.

Sin embargo, Nicolás explica que a veces “el sistema inmunológico ataca y no lo podemos detener, entonces la única solución al afectar las corneas es un injerto de cornea, en realidad un trasplante de órgano completo, ya que el injerto es solo una parte, a mi me hacen un injerto del campo visual no hace falta sacar toda la cornea”.

Nicolás recuerda que su primer trasplante de corneas fue en el año 1998, cuando apenas tenía 10 años. “Me operan en el año ´98 cuando tenia 10 años de vida y fue el primer trasplante de corneas y siempre tuve la Obra Social Luz y Fuerza que era la obra social de mi papá”

“Con el tema de la Ley de Discapacidad, la obra social me cubre todo al 100% y en aquella época veníamos, desde que yo nací hasta los 10 años, recorriendo todos los médicos habidos y por haber en Argentina porque es muy rara y muy compleja la enfermedad” comenta Nicolás y remarca que “en aquel momento no todo el mundo hacia trasplante de cornea“.

“En el año ´98 la misma Obra Social me deriva a un médico de Buenos Aires” explica Nicolás y con cierta indignación agrega que “Nunca me debería haber hecho un trasplante a los 10 años porque cuando uno es muy joven, los niños tienen las defensas muy fuertes, entonces mi sistema inmunológico trabajó y a los 20 días del trasplante me hizo un rechazo y perdí la visión del ojo izquierdo“.

Estuve 10 años sin ver, mi médico de acá de San Juan, Pablo Larrea, que es mi oftalmólogo, que no es especialista en corneas pero es el que me atendía y me llevaba la enfermedad desde chiquito, me recomendó a la Doctora Adriana Lotfi que era la mejor especialista del país de corneas” comenta Nicolás y remarca que “en el 2008, no todos los oftalmólogos hacían trasplantes de corneas”.

Fue en el 2008 que empezó la batalla contra la Obra Social Luz y Fuerza. Nicolás recuerda que “Empezamos en ese momento la lucha contra la Obra Social Luz y Fuerza para que me reconociera el tratamiento y la atención en el Instituto Saldivar, donde la doctora Adriana Lotfi trabajaba y lo logramos conseguir”. Sin embargo la situación no terminó ahí porque la Obra Social no quiso cubrir la cornea del extranjero.

“En aquel momento en que me operaron en el 2009, mi primer trasplante en el ojo izquierdo que hacia 11 años que no veía, la Obra Social no me quiso cubrir la cornea del extranjero y juntamos plata a través de unos amigos de mi mamá” comentas Nicolás. Los amigos de la mamá de Nicolás se enteraron de la difícil situación y decidieron reunir la plata para que se pueda pedir la cornea en el extranjero. “Esa fue la primera cornea que pudimos pedir porque hacia dos años que estaba en la lista de espera del incucai esperando un transplante de cornea y no llegaba” explica Nicolás y agrega que “Gracias a eso tuvimos la posibilidad de conseguirla”

Nicolás remarca que “La operación del 2009 con la Doctora Adriana Lotfi y el Doctor Juan Carlos Grandin fue un éxito y recuperé la visión de ese ojo, que hacia más de 11 años que no veía nada” y recuerda que “cuando terminé la secundaria no veía casi nada y el proceso hormonal en la adolescencia me comió toda la visión de ambos ojos, sobre todo el ojo derecho que era el que me había quedado en ese momento”.

A partir de ese momento “Empecé a hacer otra vida, me cambio la vida, cambie de hábitos, de cosas” comenta Nicolás y agrega que ” yo estaba preparado para una vida para no ver, para ser una persona ciega y a partir del 2009 para adelante me cambio la vida”.

Sin embargo, Nicolás explica que a partir de ese momento “empezamos la lucha para que la Obra Social me cubra, viendo que había resultado traer una cornea del extranjero para no tener que esperar tanto” y agrega que “en el 2013 pudimos hacer el primer trasplante en el ojo derecho y logramos en ese momento que la Obra Social de Luz y Fuerza nos cubriera la cornea del extranjero también“.

“El primer trasplante del ojo derecho a los 3 meses hizo un rechazo y en la segunda operación que fue el año siguiente, y que también me cubrió todo la Obra Social, a los 6 meses me hizo un rechazo” detalla Nicolás y explica que “Desde el 2015 estuve muy cansado porque tuve cirugía de estrabismo porque tenia visión doble, mi cerebro se había acostumbrado toda la vida a ver de un solo ojo y por eso tenia estos problemas”.

“En 9 años tuve 11 cirugía de las cuales termine agotado mentalmente, emocionalmente, no quería seguir más hasta que pude reponerme y recuperarme”, detalla Nicolás sobre la situación que le tocaba vivir ante tantas cirugías.

Batallar contra la obra social por el derecho y el acceso a la salud.

“En el año 2018 me cambian de obra social, me cambian a la obra social de mi actividad, porque yo seguía con la Obra Social Luz y Fuerza, que es la obra social de mi papá siendo que yo estaba en actividad pero nunca me dejaron de cubrir por eso yo la seguí usando hasta el 2018 que me dieron de baja porque yo tenia mi obra social” explica Nicolás para dar lugar a todo un proceso judicial interminable para poder acceder a los servicios de salud a los que tiene derecho.

“Con UPE (Obra Social Unión Personal) también tuve problemas, porque no me quisieron cubrir entonces decidí cambiarme otra vez a Luz y Fuerza porque ya tenia antecedentes que me habían cubierto todo” comenta Nicolás y explica que “De todas maneras, a UPE le hice un amparo y se lo gane, me pagaron una cirugía que era un trasplante de células limbares que me las donó mi hermano, era un donante vivo en ese momento y después de eso decidí cambiarme a Luz y Fuerza”.

A partir de ese momento comenzó una gran pelea entre Nicolás y la Obra Social Luz y Fuerza “Ahí empezó la lucha, para poder operarme en la primera fecha de cirugía que era en marzo” detalla Nicolás y agrega que la Obra Social “se empieza a negar sistemáticamente e informalmente me decían que como yo no era afiliado al sindicato no me lo podían cubrir, que antes como mi papá había sido afiliado al sindicato, el sindicato había interferido como un favor político, como si la salud fuera un favor”. Ante el reiterativo rechazo de la Obra Social para cubrir las cirugías y los tratamientos, Nicolás encuentra una sola explicación: “Se ve que ya no le vendía, porque ya no era un niño que no veía si no que era un adulto, es lo único que me da a pensar por todo lo que me dijeron y la conducta que tuvo el sindicato y la obra social conmigo”.

Ante esta situación, Nicolás explica que “Decidí no pelear más, no pedir más favores ni rogar por un derecho que la ley me asiste, que la ley me brinda esa cobertura entonces decidí hacer un juicio y empezar con un amparo que va en contra, cuando se vulneran los derechos constitucionales en este caso el acceso a la salud, y una media cautelar que habla de la urgencia de los plazo judiciales y que en pocas horas tiene que resolver” y agrega que ” El Juez me dio lugar y le ordenó a la Obra Social que pagara”. Sin embargo, la obra social seguía negándose a pagar y a cubrir los tratamientos que la salud de Nicolás requerían.

“Le dieron tres días para pagar, fui el último día que tenían para pagar a ver si había novedades y me dijeron que no había ninguna novedad. Al día siguiente fui, la obra social ya estaba en falta y ahí fue cuando me trataron re mal y decidí darlo a comunicar a través de un video publicado en redes sociales para ver si podía conseguir una respuesta” explica Nicolás y remarca que la obra social “pagó recién al 5 día, cuando el Juez le dio 3 días”.

“Yo sinceramente pensé que con esta medida cautelar y este amparo y al haber hecho mediático iban actuar de otra manera pero se ve que no les interesa” señala Nicolás y completamente indignado agrega “No entiendo por que hacen esto de desmerecer el derecho a la salud“.

Nicolás Leiva confiesa que “Ha sido muy dura esa lucha con la obra social, peleando por un derecho que esta reconocido constitucionalmente, está la Ley de Protección Integral de Persona con Discapacidad que reconoce todo lo que es inherente a los tratamientos, que tiene que tener una cobertura al 100% tratamiento, traslado, medicación y ellos se niegan a eso. Ahora esta la Ley de Protección de Personas Trasplantadas que habla exactamente de lo mismo, de la misma cobertura y ellos se siguen negando” y agrega que “hasta el día de hoy me hacen la vida imposible, es una locura lo que están haciendo”.

A pesar de la difícil situación que tiene que vivir a partir del conflicto con la Obra Social Luz y Fuerza, Nicolás Leiva admite que “estoy tratando de enfocarme en mi cirugía que salió bien, me la pude realizar el 14 de noviembre, fui a un control y esta genial. Es mi quinto trasplante y nunca había avanzado tan bien y tan rápido” y para finalizar reconoce que “más allá de todo el mal y de toda la bronca, haber expuesto mi caso y mi vida recibí mucha ayuda de mucha gente que me apoyó y me dio mucha energía para encarar esto de la mejor manera“.

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Verónica, una proteccionista y militante por los derechos de los animales que aporta para cambiar la realidad provincial.

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Ahora San Juan dialogó con Verónica Llanos, estudiante avanzada de Abogacía en la Universidad Nacional de San Juan y proteccionista animal, quien es parte de la lucha en torno a la defensa animal y combina estas dos pasiones a diario.


El interés de Verónica por la defensa de los derechos de los animales surgió por herencia familiar. Su abuela fue quien le transmitió el respeto y el amor hacia ellos. Naturalmente, el primer acercamiento a la temática se dio en estadios tempranos de su vida. “Desde pequeña me gustó pasar tiempo con los animales. Un día me di cuenta de que podía velar por su bienestar y, desde ese momento, empecé a participar en una ONG proteccionista”. Para ella, la defensa animal y el derecho están íntimamente vinculados “Es importante concientizar sobre tenencia responsable y dar a conocer leyes sobre protección animal”.
Diez años atrás, comenzó a ser voluntaria de la Asociación Civil Voluntariado ProVIDAA (Protección y Voluntad Independiente en Defensa del Animal y el Ambiente). Con el pasar del tiempo, fue asumiendo mayores responsabilidades y actualmente su rol dentro de la organización es el de Secretaria.


Indagando sobre los inicios de la asociación, nos comenta que surgió hace aproximadamente trece años “impulsado por un grupo de personas, entre ellas voluntarias que siguen siendo parte, que identificaron una problemática en la provincia y decidieron tomar acción. En el 2017 logramos obtener la personería jurídica”. Actualmente se dedica a la defensa de los derechos de los animales a través del rescate y fomento de la posterior adopción de perros y gatos en situación de calle, sentando las bases de su labor en “el bienestar animal y ambiental, la empatía por los vulnerables y el trabajo en equipo”.
La superpoblación de animales en situación de calle y la transmisión de enfermedades zoonóticas constituyen dos de las principales problemáticas que afectan a la Provincia de San Juan. En ese sentido, el Voluntariado ProVIDAA lleva adelante diversas acciones para combatir las mismas. “Hace un año, pusimos en marcha el Proyecto Apadrina una Esterilización. Actualmente llevamos este proyecto a zonas alejadas donde es difícil acceder a una castración” afirma Verónica. Dicho proyecto consiste en promover el padrinazgo de una esterilización, abonando un monto económico fijo para los gastos en los que se incurren en el proceso. De la misma forma, en el marco de este programa de esterilización, se conformó un quirófano móvil que cuenta con un equipo de trabajo integrado por profesionales calificados, entre ellos veterinarios y ayudantes auxiliares. Asimismo, agrega “También estamos concientizando fuertemente sobre las enfermedades que transmiten las pulgas y garrapatas a los animales. Hay una gran problemática sobre estos vectores”.


Reflexionando sobre los desafíos que presenta afrontar el camino del proteccionismo, la joven proteccionista advirtió que “el gran desafío es descender la superpoblación de animales en situación de calle, logrando esterilizar animales con y sin dueño”. También menciona que “sigue siendo difícil despedir a los animales que mueren o entender que no podemos ayudar a todos”. No obstante, recalca que hay cosas positivas como “ser parte del proceso de recuperación y posterior adopción de los animales rescatados”.

Con respecto a los aportes que debería hacer la comunidad, considera que “es importante que esterilicen a sus animales y difundan cuando los quirófanos gratuitos están cerca. Hablar con los vecinos de lo importante que es la castración en machos y hembras”.
Por otro lado, advirtió que es necesaria la existencia de políticas públicas provinciales para avanzar en las demandas existentes. “Sin dudas, se debería aumentar el número de esterilizaciones gratuitas e ir a los lugares con más problemáticas de animales en situación de calle. También deberían ocuparse de los vectores (fumigación contra pulgas y garrapatas), que no solo son peligrosos para los animales sino también para los humanos”.
Para concluir, Ahora San Juan le consultó a Verónica cuáles son sus próximos proyectos vinculados a la defensa animal, a lo que respondió “poder seguir equipando nuestro quirófano móvil y recibirme” para poder crecer profesionalmente.


En el marco de la jornada solidaria “Un día para dar”, el Voluntariado ProVIDAA estará presente dando a conocer la labor que realizan en pos de la defensa de los animales y recibiendo donaciones. Para colaborar, la comunidad podrá acercarse a la Plaza Hipólito Yrigoyen el día 26 de noviembre a partir de las 18:00 hs. y al Paseo Libertad el día 29 de noviembre a partir de las 17 hs.
Las personas interesadas en sumarse como voluntarias o realizar aportes a la asociación, pueden comunicarse al 2644100917.

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Ornella, la judoca sanjuanina que marca carrera y aprendió una gran lección de vida.

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Ahora San Juan dialogó con la deportista de alto rendimiento Ornella Gervasoni, quien representa a la provincia y al país en el Judo. Perteneciente a la Selección Nacional de Judo, la joven de sólo 18 años afirmá que la disciplina le permitió crecer profesional y personalmente aportandole grandes lecciones de vida.

Ornela no siempre se dedicó al Judo, durante los primeros años de su infancia su pasión era el Patín Carrera, deporte que dejó alrededor de los 7 años y empezó a practicar este arte marcial que le daría un nuevo panorama de vida. “Cuando era chica tenía sobrepeso entonces esto de la disciplina siempre estuvo en mi vida. Cuidarme en los alimentos, el deporte, mi padre siempre me incentivó en ese sentido”, afirma la joven.

Cuando empecé con el Judo lo hice como lo hace cualquier niño, como un deporte más. Rápidamente empecé a competir y parece que algo vieron en mi porque a los 13 años me convocaron para ser parte de la Selección Nacional“, un talento natural alimentado por disciplina de una buena alimentación y un entrenamiento duro. La cantidad de horas diarias que debe entrenar una deportista de la categoría de Ornella es de unas 5 horas diarias, 1 hora de cardio, 2 horas de fuerza y unas dos horas de técnica.

El Judo, para Ornella atraviesa su vida en todos los aspectos. Hoy está realizando sus estudios secundarios de modo on-line, pero no lo vive como un sacrificio sino como una oportunidad que le permite enfocarse en las oportunidades que se le presentan.

Ahora San Juan le preguntó a Ornella “¿Qué es lo más valioso que te enseña el Judo?”, a lo que responde de modo automático entre una sonrisa y una reflexión profunda “Jamás subestimar nada ni a nadie”.

“En unos de mis primeros Panamericanos había una chica de Estados Unidos que no paraba de llorar, no sé si por nervios o miedo, pero para mi era muy raro entonces le decia a mi mamá ‘¿Por qué llora si solo son unos Panamericanos?’. Yo muy confiada cuando me enteré que me tocaba pelear con ella dije “le gano” y resulta que perdí. Fue muy duro para mi, fue mi primer derrota y con alguien que antes había visto debil, me puse muy mal. Al final, luego de hablar con mi papá, mi familia, ir unas sesiones a terapia entendí que jamas hay que subestimar a nadie, en especial en situaciones como esta. Todos los que estamos en los torneos estamos en las mismas condiciones, entrenamos la misma cantidad de horas con mucha intensidad, cuidamos nuestra alimentación y habitos de vida en general”, detalla sobre la anécdota que le dio esa enseñanza de vida.

Viajes por el mundo, intercambio con otras culturas, entrenamiento intenso, y muchas otras experiencias, sin embargo esa anecdota de vida es lo que marca la vida de esta joven judoca. Habla de la construcción de una personalidad que solo los grandes pueden hacer.

“Cuando fui convocada a la Selección Nacional era muy chica así que no me fui a vivir a Buenos Aires, sino que hago viajes para entrenar. 15/20 días allá y vuelvo 10. Con ese ritmo de entrenamiento y de una oportunidad realmente única fue que con mi familia decidimos que hiciera hasta 2° año de la escuela de manera presencial y como lo hacen todos, era imposible para mí y la vida de una deportista tiene mucho que ver con la edad, no podía dejar pasar esta oportunidad“, explica la joven. Si bien no tuvo una adolescencia que podría ser catalogada como normal, Ornella es una agradecida y no ve como sacrificio sino que tiene esas personalidades que siempre ve el vaso medio lleno, lo que la hace cobrar fuerzas y perseverar ante las adversidades.

Hoy está enfocada en las oportunidades que se le avecinan, nuevas metas y ansias de competir apenas pueda. Una gran promesa del deporte que representa a la provincia y al país, no solo por su destreza deportiva sino también por su calidad humana.

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