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Sociedad Sucesos

Se cumplen 45 años del secuestro de Clara Anahí, nieta de “Chicha” Mariani.

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Este miércoles se cumplen 45 años del secuestro de Clara Anahínieta de María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Este sábado se realizará un acto en La Plata para recordar el ataque sobre la casa de la calle 30, donde vivían Clara Anahí, sus padres y compañeros de militancia de ellos.

La Asociación Anahí, fundada por “Chicha” y presidida actualmente por Elsa Pavón, convocó para el próximo sábado 27 a las 18 horas a un acto frente a la casa Mariani Teruggi, ubicada en calle 30 al 1134, La Plata, que funciona como sitio de memoria, para conmemorar los 45 años del ataque de las fuerzas conjuntas de la dictadura sobre la vivienda.

Durante el asalto militar, perpetrado alrededor de las 13:15 del 24 de noviembre de 1976, fueron asesinados Diana Teruggi, mamá de Clara Anahí, y cuatro compañeros de militancia de Montoneros que se encontraban en la casa: Roberto César Porfidio, Daniel Mendiburu Eliçabe, Juan Carlos Peiris y Alberto Oscar Bossio. Daniel Mariani, hijo de “Chicha”, fue asesinado el 1 de agosto de 1977.

El frente de la casa, que aún conserva el testimonio del horror, recibió una gran balacera, con disparos de tanqueta que produjeron un enorme boquete en el frente y en una pared interior. Y con el corolario del lanzamiento desde un helicóptero de una bomba de fósforo que incendió los cuerpos que se encontraban ya sin vida en el interior de la casa.

Ese miércoles del ataque la vida de “Chicha” cambió para siempre, una profesora del Liceo Víctor Mercante que se abocó a la búsqueda de su nieta. A través de diversos testimonios, “Chicha” pudo confirmar que la bebita fue la única sobreviviente del descomunal operativo llevado adelante por las fuerzas represivas. Clara Anahí había nacido el 12 de agosto de 1976 y tenía poco más de tres meses al momento del secuestro.

A continuación parte del propio relato de Chicha sobre aquel 24 de noviembre y lo que siguió. El texto completo integra el capítulo 1 del libro Botín de guerra, escrito en 1997 por Julio Nosiglia en producción conjunta con la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo.

“Los miércoles eran los días que traían a mi nietita a casa. Era ese día en el cual yo no trabajaba en el colegio por la tarde. Mi nuera -adorada por nosotros como hija- la traía enseguida de almorzar y yo la bañaba, la cuidaba, conversábamos… Tenía tres meses. Ese miércoles, como siempre, las estaba esperando. La noche anterior me había telefoneado Diana (…) para decirme que me iba a traer a la nena al día siguiente. Le pregunté si iban a venir las dos y me respondió que no, que mi hijo tenía que ir a Buenos Aires y que ella me traería a la nena como siempre, en su Citroneta (…)

Al otro día, cumplí mis tareas en el colegio y me vine rápidamente para tener todo listo, sobre todo el baño para la nena, porque pensaba que me la traerían, más o menos, a las dos de la tarde. Preparé todo y me puse a tejer una batita color rosa… Y en eso, oí una bomba. Era la una y media y yo estaba esperando que de un momento a otro llegara Diana. Sentí esa bomba y enseguida otra y otra y otra. Estaba una señora que limpiaba la casa -más amiga que empleada- una señora de edad y corrí a decir: -Doña María, escuche, ¿qué es esto?… Escuche, ¿qué es? Y empezamos a oír sirenas. Pasaban autos. Estábamos a quince cuadras, un poco más quizás. Por supuesto que no se me ocurría que pudieran ser ellos, de ninguna manera, pero… sentía una desesperación… De repente, no pude seguir tejiendo. Dejé todo suspendido (…)

Me fui a la casa de una amiga, que vivía muy cerca, una amiga de la infancia. Estuve un rato allí, pero seguía muy inquieta: pasaban helicópteros, toda la gente estaba en la calle, era un bombardeo continuo, no paraba. Y yo sentía… bueno, se ve que mi corazón captaba lo que estaba pasando. Eran cañonazos, era la muerte. Yo, mientras tanto, iba y venía y volvía a mi casa, corriendo. Y me encontré al pasar con una señora que era inspectora de colegios y vivía a media cuadra y era la hermana de Massera. Estaba con todos sus nietos afuera: -¿Y tu nieta?, me preguntó. Y yo le contesté: -La estoy esperando, pero no sé si con esto me la van a traer. Me respondió: -Mirá cuántos tengo yo… Y me mostraba los nietos. Así llegaron las cuatro de la tarde y seguía el bombardeo y yo… yo… yo lloraba.

En 1977, “Chicha” fue una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo y en 1996 creó la Asociación Anahí, desde donde continuó con la búsqueda de su nieta hasta su muerte en agosto de 2018.

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Con un emotivo mensaje, Cristina Kirchner recordó a “Los 12 de la Santa Cruz”: “Mi corazón junto a ustedes, siempre”.

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La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner dedicó este miércoles un sentido mensaje en las redes sociales a los “familiares y compañeros” de las 12 personas secuestradas en diciembre de 1977 en la Iglesia de la Santa Cruz en la Ciudad de Buenos Aires, entre ellas las primeras referentes de Madres de Plaza de Mayo y dos monjas francesas.

“Familiares y compañeros de los 12 de la Iglesia de la Santa Cruz… Mi corazón junto a ustedes, siempre”, escribió la ex mandataria en su cuenta de Twitter, desde donde se sumó a los recordatorios con que se homenajean a esas 12 víctimas del terrorismo de Estado.

Entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977 fueron secuestradas en esa iglesia las fundadoras de la organización de derechos humanos Madres de Plaza de Mayo, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco.

Luego a la monja francesa Alice Domon y los militantes Ángela Auad, Gabriel Horane, Raquel Bulit y Patricia Oviedo, que reclamaban por la aparición de sus familiares secuestrados por el gobierno de facto y “marcados” por el represor infiltrado Alfredo Astiz.

Ese mismo 8 de diciembre secuestraron también a Remo Berardo en su casa, y a Horacio Aníbal Elbert y José Julio Fondevila en un bar. El plan terminó el 10 de diciembre de 1977 con el secuestro de Azucena Villaflor y la monja francesa Léonie Duquet.

Los “12″ eran familiares de personas desaparecidas por la dictadura y militantes de derechos humanos que se reunían en esa parroquia del barrio porteño de San Cristóbal.

Esas víctimas fueron marcadas y entregadas por el represor infiltrado Alfredo Astiz, quien usó el alias de “Gustavo Niño” y se hizo pasar por hermano de un desaparecido.

El homenaje a las 12 personas secuestradas en la Iglesia de la Santa Cruz se realizará durante la tarde de este miércoles  a partir de las 17.30. A las 19:30 asistirá Alberto Fernández.

La actividad se llevará a cabo bajo el lema Pisamos las calles nuevamente para recuperar la Patria Igualitaria, Libre y Soberana por la que lucharon nuestras y nuestros 30000. Memoria, Verdad y Justicia”

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Caso Lucas González: se dictaminó prisión preventiva para los tres policias.

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La resolución del juez de Instrucción Martín Del Viso recayó sobre los efectivos Juan José Nieva, Fabián López y Gabriel Issasi, a quienes también les trabó un embargo de 1.800.000 pesos sobre sus bienes a cada uno. Los tres policias fueron procesados este lunes con prisión preventiva por el homicidio calificado de Lucas González, el adolescente de 17 años asesinado a balazos el 17 de noviembre último en el barrio porteño de Barracas.

Por el caso, hay otros seis efectivos de la Policía de la Ciudad que están detenidos e imputados de “falsedad ideológica, privación ilegal de la libertad agravada, encubrimiento agravado, amenazas y odio racial”.

Se trata de los comisarios Juan Romero y Fabián Du Santos, el subcomisario Roberto Inca, el principal Héctor Cuevas y las oficiales Micaela Fariña y Lorena Miño.

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Mujer honesta: Estefanía encontró muchísimo dinero y no paró hasta dar con su verdadero dueño.

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Probablemente, los 51.900 pesos que Estefanía Olivares (31) halló en una riñoera que estaba tirada en uno de los baños del Autódromo El Villucum mientras hacía este domingo la limpieza, le solucionaba varios problemas, pero hizo lo que debía para hallar a su dueño.

La mujer, que trabaja para la empresa RV, cumplía unas de las tareas que le habían encomendado en el circuito albardonero cuando en un momento observó algo tirado, lo levantó y se percató que en el interior había mucho dinero, que luego se constató que era la suma antes mencionada.

Estefanía la agarró y salió a buscar a un policía para que la ayude a encontrar a la persona que la perdió en ese baño. Fue personal de la Comisaría 18va de Albardón que revisó el interior de la riñonera y vio documentación a nombre de Pablo Torres Portillo (53), quien había asistido a la competencia automovilística.

Los pesquisas localizaron al hombre y el propio Portillo le agradeció a la mujer y a la policía por entregarle tal cual se le perdió.

/DdC

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