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Opinión

Se necesitan artesanos y arquitectos para la Paz.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano).

Los problemas que afectan a la humanidad son cada vez más graves. Pese a los avances científicos y tecnológicos, parece que no encontramos el rumbo para una convivencia en la cual todos seamos parte de una misma familia habitando en una casa común. Lo sintetiza Francisco en pocos renglones diciendo que “el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medio ambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario”.

Cada 1 de enero, al comenzar el año, celebramos la Jornada Mundial de Oración por la Paz, y el Papa nos propone un lema y brinda un mensaje a la humanidad. En esta oportunidad: “Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera”.

Nos plantea el Santo Padre considerar dos oficios en relación a la paz: “En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una ‘arquitectura’ de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un ‘artesanado’ de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente”.

Arquitectura y artesanado son dos dimensiones diversas y a la vez complementarias. La primera se ocupa de diseñar, programar, calcular pasos y etapas. La segunda va trabajando sobre la obra conforme van respondiendo los materiales, sea la madera, la arcilla, la piedra… Podríamos decir que decide sobre la marcha sin improvisar.

Algunas personas tienen capacidades para montar las arquitecturas en vistas a construir la paz en un delicado camino para tener en cuenta las ideas, las historias, las posibilidades en cada contexto. Otros, en cambio, son capaces de generar oportunidades por medio de gestos espontáneos que distienden relaciones y acercan corazones.

En su mensaje para el 2022 Francisco nos propone tres caminos para construir la paz: “En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana”.

La brecha digital y tecnológica divide las posibilidades de las generaciones jóvenes de las mayores. Sin embargo, “las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes”. Por eso podemos afirmar que “los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―”.

Para construir condiciones de paz es necesario que quienes toman decisiones en los gobiernos “prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos”. Mientras se gaste más dinero en armamentos que en educación la ecuación siempre estará a favor de la guerra y la violencia.

Pero con el dinero no alcanza. Por eso el Santo Padre nos confía: “Me gustaría que la inversión en la educación estuviera acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado. Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes”.

Por eso concluye que “es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes». Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno”.

Una de las críticas (por cierto infundadas y maliciosas) que se le hacen a Francisco es ser populista y asistencialista. Prestemos atención a esta parte de su mensaje: “El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso”. 

No puede evitar dar cuenta de la situación compleja del mundo del trabajo, agravada por la pandemia. Algo que ya sabemos: “Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas”. A ello se suma que “actualmente sólo un tercio de la población mundial en edad laboral goza de un sistema de seguridad social, o puede beneficiarse de él sólo de manera restringida”.

Que busquemos siempre la Paz. ¡¡¡¡¡Feliz año nuevo!!!!!


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

Opinión

Escuchar y caminar juntos.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

Este es el lema en esta semana para afianzar la adhesión a la Encíclica Laudato si’, que el Papa Francisco publicó el 24 de mayo de 2015, de la cual se van a cumplir 7 años.

Buscamos sensibilizarnos acerca de las cuestiones del cuidado de la casa común, promover la conversión ecológica que nos ayude a mejorar el vínculo con el ambiente, la justicia en la distribución de los bienes, la atención a los pobres.

Francisco nos impulsa al compromiso con un estilo de vida más sobrio y sostenible con la creación como don de Dios.

El lema hace referencia a mirar el mundo desde la convocatoria sinodal. “Escuchar” es la actitud fundamental de este tiempo. El Papa nos llamó a “Escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS 49).

“El clamor de la tierra” se escucha y se ve en la crisis ambiental que padecemos: el calentamiento global, los desastres por la tala de árboles indiscriminada de bosques nativos, la sobreexplotación de las especies marinas, la contaminación del aire, la desertificación de los suelos.

“El clamor de los pobres” nos llega especialmente porque son ellos quienes no tienen acceso al agua potable o los suelos más fértiles. A su vez, van creciendo los desplazados ambientales. Escucharlos no sólo en sus reclamos y demandas, sino también en su sabiduría y aportes en el buen vivir. Ellos tienen para enseñarnos desde su experiencia y espiritualidad.

La otra parte del lema nos llama a “caminar juntos”; podríamos decir a hacer historia, construir otros modelos económicos basados en la dignidad humana, la equidad y la justicia. Que el fin último no sea el lucro o la ganancia a toda costa. La avaricia y la acumulación nos lleva al desprecio de la obra creadora de Dios.

En este caminar juntos la espiritualidad ocupa un lugar preponderante. No son sólo cuestiones técnicas sino vinculadas a los estilos de vida y los horizontes de sentido.

No es una cuestión exclusivamente religiosa. Debemos ser capaces de compartir estas inquietudes con otras instituciones, universidades, organizaciones sociales, comunidades de diversas religiones, para construir juntos un mundo más humano.

Vinculada con esta dimensión social de la fe vamos a iniciar una propuesta formativa en la Universidad Católica de Cuyo, desde el Instituto de Formación Docente Santa María y con la participación de la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de San Juan. Creamos la “Escuela de Liderazgo Social” que propone generar y ofrecer un espacio para nutrir la experiencia y crecer.

Para lograr los cambios necesarios en nuestra sociedad hacen falta líderes sociales que puedan capacitarse y formarse en las herramientas imprescindibles desde una cosmovisión cristiana.

El estilo formativo tiene una dimensión académica, conjugada con la práctica de experiencias concretas. No se trata de abstracciones que alejan de la realidad.

Las propuestas son variadas: cursos, diplomados, investigaciones, todo tendiente a la amistad social y promover la cultura del encuentro.

La centralidad estará puesta en la cercanía con los pobres y más frágiles de la sociedad. Es imprescindible estar abiertos a aprender de otros modos de vínculos sociales.

Las propuestas van a combinar lo virtual con lo presencial.

Uno de los objetivos es potenciar el cuidado de la vida de “punta a punta” y de la casa común, la búsqueda de la justicia, la paz, el diálogo.

Sumate.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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La estrategia electoral de la oposición que puede hambrear a los argentinos.

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Por Luis Bruschtein – Nota publicada el 21/05/2022 en Página 12.

Estados Unidos –que prohibió la exportación de material de salud durante la pandemia–, acaba de anunciar que el G-7 podría funcionar como un cartel del petróleo para frenar la disparada de precios. Y el gobierno conservador de la India acaba de cerrar la exportación de trigo, en tanto que el Banco de Inglaterra advirtió sobre una “apocalíptica” falta de alimentos. El titular de la ONU, Antonio Guterres, advirtió el miércoles sobre el “espectro de una escasez mundial de alimentos” en los próximos meses. En Argentina, uno de los principales países afectados por estos coletazos de la guerra en Ucrania, la oposición ató de pies y manos al gobierno y lo dejó sin recursos para defenderse. En una guerra sería traición a la Patria.

Desde que empezó la guerra, el valor del trigo aumentó el 50 por ciento, y en la última semana, con la decisión de la India, pegó otro salto del 6 por ciento. Ucrania y Rusia proveen el 12 por ciento del trigo en el planeta y según la FAO, el alto costo de los alimentos básicos hizo que de 440 millones de personas que en el mundo no tenían asegurados sus alimentos, ahora pasaran a ser 1.600 millones de personas las que sufrirán hambre o penurias.

Argentina es un gran productor de alimentos, pero la disparada de precios hizo que la crisis golpeara a la población local de la misma manera que en los países que no producen alimentos y muchas familias no podrán satisfacer sus necesidades alimentarias mínimas. Si no se desenganchan los precios locales de los internacionales, algunos argentinos morirán de hambre, mientras que otros ganarán fortunas multimillonarias a costa de la desgracia de sus compatriotas.

Retenciones, sí o no.

La herramienta para separar los precios son las retenciones. No significa que la cadena de producción pierda su ganancia, sino que mantenga las ganancias como en situaciones normales –lo que de todas maneras implicaría ganancias importantes– pero de esa manera, el pueblo argentino tendría acceso a sus alimentos básicos.

La paradoja es que este gobierno había decidido, incluso a pesar de una fuerte presión interna, que no tocaría las retenciones porque le parecía que se trataba de un tema con mala historia y envenenado por la oposición. Esta semana, al recordar esta decisión, el presidente indicó que se hizo una marcha de productores rurales contra el impuesto a las ganancias inesperadas, y contra las retenciones a la harina y el aceite de soja, cuando a ese sector no lo afectaba ninguna de los dos. “Los que hablaron en la Plaza, no fueron productores, fueron todos dirigentes de la oposición” recordó.

Para no aplicar retenciones, el gobierno propuso crear un fideicomiso para comprar trigo, pero entonces se opuso el sector molinero porque eso implicaría “intervencionismo” estatal. A su vez, el sector productor de alimentos –dominado por cuatro o cinco corporaciones– actúa con la voracidad de los buitres y ninguno de esos sectores, incluidos los del campo, tienen ni una idea aproximada del caos y la violencia que se podría provocar si mantienen esa intención de hambrear a los sectores más vulnerados de la población y restringir al máximo el consumo en las capas medias que ya han disminuido drásticamente el consumo de carne y derivados del trigo. Ni siquiera han podido reemplazar la carne por otros alimentos ya que también se disparó el precio de los pollos y de la carne de cerdo.

Un mundo muerto de hambre.

The Economist, una publicación derechista y neoliberal, señala en su última edición que ya hay 250 millones de personas al borde de la hambruna en el mundo y “cientos de millones más caerán en la pobreza, el malestar político se extenderá, los niños sufrirán retraso en el crecimiento y la gente morirá de hambre”.

La publicación conservadora y neoliberal no cambió de ideología, simplemente tiene los ojos abiertos: en Alemania hay protestas y huelgas contra la inflación, igual en la Francia del reciente ganador de las elecciones Emmanuel Macron, pero allí no son ni la sombra de las protestas que se producen en Irán o en Sri Lanka.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey (el que advirtió sobre la hambruna), está desesperado por el incremento de la inflación, arrastrada por los precios de la energía y los alimentos. El malestar en sectores bajos y medios de Gran Bretaña puede estallar en cualquier momento. Ellos no producen alimentos ni petróleo. “No tengo herramientas, estoy indefenso ante los aumentos en el mercado global, que escapan a nuestro control”. El hombre vaticinó un “choque de ingresos” (muy altos y muy bajos) muy grande” con el consecuente conflicto social que provocaría. Inglaterra espera una inflación anual de dos dígitos, una enormidad para un país que prácticamente no ha sufrido ese problema.

La guerra entre Ucrania y Rusia puso de manifiesto la fragilidad del sistema alimentario mundial. Antes, esta guerra no hubiera producido los mismos efectos desastrosos. En la actualidad, el sistema de interrelaciones e interdependencia mundial impacta en todo el planeta. Pero a diferencia de los ingleses, los argentinos no están indefensos, porque aquí sí se producen alimentos y hay petróleo. Hay herramientas para poner una malla defensiva que proteja al país del impacto ruinoso de la crisis mundial provocada por la guerra.

Una oposición en Babia.

Obligado por la crisis, el gobierno conservador de Inglaterra está estudiando aumentar los impuestos. Aquí, a la oposición macrista actúa como si estuviera en Babia: solamente se le ocurre proponer lo contrario: bajar los impuestos y sacar las retenciones con lo cual la inflación y los precios de los alimentos llegarán a la luna. La oposición no toma conciencia del mundo que hay fuera de su burbuja de promesas electorales.

El gobierno, que tiene la responsabilidad de tomar decisiones, también quedó frente a una encrucijada de hierro. Ya no vale siquiera la perspectiva electoral. De alguna manera es lo que se evidencia en las declaraciones de Alberto Fernández después de regresar de su gira europea. La misma persona que se mostraba reacia a plantear las retenciones, ahora dice públicamente que constituyen la herramienta para separar los precios internos de los externos y que no tiene fuerza suficiente en el parlamento como para aprobarlas.

Los que promueven la tragedia.

Pero la oposición y todo el conglomerado relacionado con la producción de alimentos, tampoco pueden salir indemnes de esta crisis de la que, aparentemente no han tomado conciencia de su volumen y profundidad. Si mantienen una posición irreductible como hasta ahora, ya no serán responsables sólo de un aumento de precios, sino también de la hambruna de amplios sectores y de la alta conflictividad social que irá asociada con ella. 

Hasta ahora han usufructuado la protección de las corporaciones mediáticas que ocultan sus responsabilidades en esta tragedia anunciada. Pero cuando empeore la carestía y se instale a sus anchas será difícil que las corporaciones mediáticas aplaquen la reacción furiosa de los hambrientos. 

Algunos dirigentes rurales dijeron que estaban dispuestos a organizar un banco de alimentos para los más vulnerables. Es cierto que para ellos es más grave, pero es un problema del país, más amplio. Son ciegos si no ven que el descontento de la sociedad les puede arruinar el mejor negocio.

Muchas frases pueden sonar alarmistas, pero se convierten en razonables después de leer la prensa internacional y ver cómo la oposición local, las patronales del campo y la industria alimenticia obstruyen todos los intentos para evitar una tragedia.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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Opinión

Prepararse.

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Por Artemio López – Nota publicada el 20/05/2022 en Perfil.

Informó el Indec que una familia de cuatro integrantes necesitó $ 95.260,37 para superar el umbral de pobreza en abril de 2022: 6,2% más que el mes previo. Muy lejos de la media salarial existente.

La estrechez salarial que atraviesan las familias argentinas fue descripta con precisión por Máximo Kirchner en el acto partidario realizado en la localidad de Lanús. Señaló el presidente del PJ bonaerense: “En diciembre del 19, el salario mínimo vital y móvil era de 16.875 pesos y la canasta básica alimentaria de una familia tipo, cuatro personas, 15.584, un poquito arriba. Diciembre del 20, después de la pandemia y después de los esfuerzos que reconozco que se hicieron y que todos ayudamos para que se realizaran, el salario mínimo era de 20.588 pesos y la canasta básica, de 22.681, 2 mil pesos abajo. Diciembre del 21, el salario mínimo vital y móvil, 32 mil pesos; la canasta básica, 32.964, emparejamos un poquito. Palo y palo. Marzo del 22, el mínimo 33 mil pesos y la canasta 39 mil pesos, 6 mil pesos abajo. Por eso lo pedimos, no para lucirnos, no para ver quién corre por izquierda a quién. Nosotros creemos que la economía funciona cuando nuestro pueblo puede tener acceso a los bienes y a los servicios. Nada más”.

La estrechez no se circunscribe al salario mínimo vital y móvil y parece una tendencia que se perpetúa. Según el índice de salarios publicado por el Indec, durante el primer trimestre de 2022 los salarios de los trabajadores aumentaron 14,9% pero quedaron por debajo de la inflación acumulada, que fue de 16,1%.

La descontrolada suba de precios en los artículos de primera necesidad verificada en las últimas semanas ya se llevó puesto el adelantamiento de los incrementos en el salario mínimo vital y móvil que dispuso el Gobierno. En concreto, cuando se ajuste a $ 45.540, a partir del 1° de junio, no alcanzará para cubrir el costo de los alimentos necesarios para superar la indigencia, que se estima estará entonces en torno a los $ 46 mil.

Por otro lado, la Anses informó que a partir del mes próximo comenzará a aplicarse el segundo aumento trimestral de 2022 para jubilaciones, pensiones y asignaciones, por lo que recibirán un aumento del 15%.

Con este aumento, la jubilación mínima a partir de junio ascenderá a 37.524,96 pesos, mientras que la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Asignación por Embarazo para Protección Social aumentarán a 7.332 pesos. Ambas prestaciones por debajo de la línea de indigencia y pobreza respectivamente.

A la injusticia que suponen estos niveles de ingresos, la pregunta que surge es si puede sostenerse el crecimiento económico con estos niveles salariales, jubilaciones, pensiones y otros componentes de ingresos del hogar.

Si el modelo a seguir es el inaugurado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández, donde el 75% del crecimiento se basaba en el consumo doméstico, la respuesta es no, rotundamente no.

Ahora bien, como los años 90 lo mostraron, se puede crecer generando más pobreza y desigualdad.

En la recuperación del año 2021 los motores fueron otros. Según Cifra, la caída del salario promedio anual de los trabajadores registrados en el sector privado fue del 2,3% en 2021, en tanto que la de los no registrados fue del 7,1%. La perspectiva es negativa si se tiene en cuenta la aceleración del proceso de inflación en febrero, marzo y abril de 2022 (4,7%, 6,7% y 6% respectivamente). “Bajo esas circunstancias, dice el informe citado, se acentúa la tendencia regresiva en términos de la distribución del ingreso que se inició en 2018. La caída en la participación de los asalariados en el ingreso fue del 48,0% al 43,1% entre 2020 y 2021, cuando en 2017 era de 51,8%. A la inversa, el excedente apropiado por los empresarios subió del 50,5% al 54,3% del PBI entre 2020 y 2021, cuando en 2017 era del 46,4%. Esto explica que la reactivación económica haya estado empujada por la inversión y, en menor medida, las las exportaciones, mientras que el peso del consumo privado se desplomó a un nivel más bajo que el de la gran crisis de 2002 (61,8%)”.

Finalmente, parafraseando a Raúl Alfonsín, si este modelo de crecimiento inversión-exportaciones se perpetuara, y más allá de su dudosa sustentabilidad, la Argentina deberá preparase para crecer, si las condiciones externas –en especial para el sector agroexportador– le son favorables, y el Gobierno, para enfrentar dificultades electorales.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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