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Opinión

Siguen pensando en su propio ombligo sobre la cubierta de un inmenso Titanic.

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La enorme mayoría de la dirigencia política sanjuanina, tanto del oficialismo y la oposición, se ponen en foco así mismos como el tema central de la realidad provincial, concuerdan 100%, dicho de una u otra forma, que lo principal es la forma de hacer política, que ellos son el eje y que ahí reside todo. Por supuesto, desde esta mirada se desprende un lenguaje y una “forma”.

Jugadores con camiseta grande, chica o cansados, es tiempo de consenso, diálogo es evolución, hay que tener equilibrios legislativos, estuvimos y estaremos, seguimos trabajando, el proyecto, algunos no colaboran, están los que especulan y sigue la lista enorme de frases y conceptos que excluyen, y que ni remotamente nombran al principal problema: la enorme desigualdad exacerbada por la pandemia que empobreció aún más a amplios sectores medios, bajos y que se llevó puesta a pymes y emprendimientos.
Hablan de ellos como “actores” pero no del sujeto principal: el pueblo sanjuanino y sus necesidades.

El lenguaje es hermoso, permite visualizar lo que se piensa y lo que se quiere “vender”. Sólo basta escuchar a la dirigencia, tanto en lo que dice como en lo que se omite, para comprender que siempre hablan de sí mismos, que dependiendo del espacio político donde estén varía el tono y están ausentes del debate los problemas reales de los sanjuaninos.

No estoy avalando para nada la llamada anti-política que esconde lo antidemocrático, al contrario, es contra quienes interpretan a la actividad política como una “salida laboral bien remunerada” o un puente para hacer negocios y mostrarlos como logros.

Quienes actúan así, y que no son minorías precisamente, no enarbolan primero los ideales y la sociedad que pretenden, sino que estos se supeditan a la oportunidad del momento y a lo que le rinda personalmente más frutos en lo inmediato.
Por eso hoy están aquí, mañana allá, pasan de “equipo en equipo” sin ruborizarse y sin dar explicaciones, a lo sumo dicen que es una evolución.

Lo que está por debajo y motoriza este andar ambicioso e individualista es la manera “de mercado” de hacer política.
El “mercado” al imponer sus reglas convierte a los ciudadanos en usuarios o clientes, son compradores de un producto o servicio como cualquier otro y votar se convierte en un proceso de “compra”.
Los productos para ser instalados en el mercado deben tener un gran aparato publicitario que no es accesible a cualquiera y por ello siempre estarán en “punta de góndola política” los que tengan mayor respaldo económico.
El “mercado político” además, no es para cualquiera, es caro ingresar y es cada vez “más competitivo”.
El objetivo en este mercado como en cualquier otro es comercializar “el producto o servicio”. Puede cambiar de etiqueta, empaque, logo, marca y hasta de nombre pero igual eso no es relevante ya que lo que interesa es que “se venda”.
Siguiendo las reglas del marketing de los “otros productos y servicios”, no se deben mostrar problemas de fabricación o ensamblado, siempre todo es positivo y en cualquier caso la culpa de alguna falla es problema siempre de “otros competidores y productos” que distorsionan el mercado.
Ya no hay ciudadanos, sólo clientes y usuarios, es la manera neoliberal de hacer política.

Bajo este esquema la militancia y el Partido son una especie de lastre, grupos de personas que “molestan”, una herencia no deseada a la que hay que “contener” y que se suplanta con el marketing y los medios.
Quienes “llegan” adoptan inmediatamente una postura señorial, palaciega, se convierten en príncipes y princesas y disfrutan de los títulos nobiliarios y las bondades de la vida burocrática. Es la versión política del instagramer y/o mediático.
Dicho de otra manera, los productos políticos “se instalan” y rara vez son la culminación de un proceso de suma y articulación de voluntades aunadas tras una idea donde se deciden los liderazgos de manera democrática. En todos los espacios más impotantes eso no sucede desde hace muchísimo tiempo, si es que sucedió alguna vez.

Algo puede fallar…

Al no poner al pueblo, las mayorías, postergados, excluidos y discriminados primero, esta “venta” corre el riesgo de evidenciar su problema de origen: está pensada para que no se modifique la realidad en beneficio de estos sectores y que siga todo igual mientras los “políticos de turno gerencian” la situación.

Para quienes queremos una sociedad menos desigual, más justa y con desarrollo e inclusión para todos los habitantes, debemos exigir además que quienes dicen representar nuestros ideales sean consecuentes con los mismos, que la ambición política en ellos no sea sinónimo de corrupción y avaricia y que expresen su solidaridad y empatía militante con el corazón y la acción.
Hagamos las campañas de marketing que haya que hacer, pero sin mentir y decir todo de cara al Pueblo sin esconder nada y con el coraje de encarar los procesos de cambios sin temores ni prejuicios.

Si desde este lado de la historia no se vuelve a lo que debe ser, la derecha extremista como la de Milei y Espert, incluidas dentro del arco que contempla a Juntos por el Cambio en San Juan, tendrán cada vez más peso ya que se montan sobre el disconformismo de la sociedad, señalan a “los políticos populistas” como culpables, despotrican contra todo lo que sea bueno para el Pueblo y con su esa actuación de “rebeldes para que nada cambie”, quieren imponer la idea de que no hace falta tener políticos y eso es ni más ni menos, que no hace falta tener democracia y es hacer de la sociedad una ley de la selva total: solamente se salva el que tenga plata, el resto que se pudra. Eso es la derecha.

Mientras, los que siguen pensando en su propio ombligo dando rienda suelta a sus ambiciones y disfrutando en la cubierta de un inmenso Titanic que nos tiene a todos metidos adentro, son los cómplices necesarios de esa derecha nefasta que se justifica en ellos.
Se soluciona cuando los que estamos bajo cubierta asomemos la cabeza y digamos que hasta acá es la cosa, que como Pueblo queremos que nos representen quienes primero piensen y sientan en y con nosotros.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

Opinión

Cuál es el límite del pragmatismo de Cristina.

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Extracto de nota de Alfredo Zaiat – publicada 7/8/2022

¿Hasta dónde se ampliará el pragmatismo de la conductora del kirchnerismo? El objetivo político no está explicitado, pero se encuentra a cielo abierto para quien quiera observarlo. La crisis política del Frente de Todos estaba lanzada a una dinámica que arrastraba hacia el abismo al gobierno de Alberto Fernández.
 El paquete ofrecido por Massa, que incluye el combo de medidas económicas con elenco propio de colaboradores, constituye la apuesta pragmática de CFK que tiene los siguientes objetivos:

  1. Aspirar a que el mandato del gobierno del Frente de Todos culmine en fecha, instancia que sectores de la derecha política quieren evitar.
  2. En caso de tranquilizar las principales variables económicas y cambiarias, mantener ciertas chances electorales en los comicios presidenciales.
  3. Y si la recomposición política y económica no alcanza para triunfar en las presidenciales, al menos contribuir a preservar espacios de poder en el Congreso y en varias provincias, en especial en la de Buenos Aires.

Si se necesitara otra prueba del pragmatismo de Cristina Fernández de Kirchner en la actual etapa política, resulta bastante elocuente la publicitada designación –aunque todavía no oficializada y puesta en duda- de Gabriel Rubinstein en el cargo de secretario de Programación Económica, que actúa como viceministro de Economía. ¿Hasta dónde intentará Sergio Massa poner a prueba el aval del kirchnerismo?

Se ha difundido que los funcionarios elegidos y las primeras medidasanunciadas han sido conversados previamente entre el nuevo ministro de Economía y la vicepresidenta. Mientras no haya una señal o declaración en sentido contrario se puede deducir que el eventual nombramiento de Rubinstein en ese puesto clave siguió el mismo recorrido de intercambios y siguientes decisiones. Este martes se conocerá finalmente quién ocupará ese cargo.

A esta altura, los archivos de declaraciones públicas y alianzas políticas de los protagonistas se han convertido en una herramienta que alimenta el desconcierto generalizado. Como se dice, nadie resiste uno. En el caso de Rubinstein, más que sus tuits en una red cuya principal característica es el desborde de odios, sus artículos periodísticos sirven para indagar acerca de cuáles son las principales ideas económicas –también políticas- expresadas por quien, en la tradicional distribución de poder al interior del área económica, fue inicialmente presentado como el candidato a ocupar un lugar relevante. Decisión que ahora está en stand by.

¿Qué piensa Rubinstein de CFK?

A fines de 2020, Rubinstein, habitual columnista de El Cronista, escribió “Cristina y Alberto reniegan del primer Néstor: qué pena”. La reivindicación de este período se explica en que durante esos años acompañó al entonces ministro de Economía Roberto Lavagna como su representante en el Banco Central entre 2002 y 2005, vínculo personal que se mantuvo en estos años. Hoy Lavagna (padre) es uno de los hombres de consulta privilegiado de Sergio Massa. Lavagna mantiene la obsesión de reivindicar esos años de recuperación como exclusivo mérito propio.

Los principales conceptos de ese artículo colaboran en la tarea de conocercuál es la filosofía de quien se publicita como candidato a mano derecha del nuevo ministro de Economía:

  • “En esos años (2002-2005) la economía funcionó muy bien en base a un dólar alto y único; no había controles de precios, la inflación promedió poco más de 7 por ciento anual y se logró un alto superávit fiscal primario (cercano al 4 por ciento del PIB). ¿Reniegan ahora de todo ello? Porque en lugar de avanzar hacia allí, CFK y Alberto Fernández van en dirección contraria”.
  • “En la misma dirección contraria (a contramano como diría Zaiat) que nos llevó a la desastrosa economía del período 2011-2015, donde el superávit de 4 puntos se trocó en déficit de 4 puntos (hay que ser realmente bien malo para lograr semejante debacle). Lapso en el cual también se evaporaron del BCRA 40.000 millones de dólares de reservas netas”.
  • “En el ‘primer momento kirchnerista’, entre 2003 y 2005, la economía estaba pujante y básicamente equilibrada. Necesitaba pocos retoques ‘macro’ (por ejemplo, empezar a descongelar tarifas y empezar a pagar deuda reestructurada que no nos iba a requerir muchos recursos). A fin de 2015, en cambio, la economía ‘cristinista’ estaba patas para arriba, completamente desequilibrada”.
  • “Macri fracasó en su intento de encauzar las cosas, y se mandó algunas macanas importantes, entre ellas, endeudarse imprudentemente, y más significativamente, dejar de lado la necesidad de aliarse políticamente con el peronismo moderado para realizar los cambios y ajustes que la realidad requería (soberbia de tinte marcospeñista)”.
  • “¡Pero ahora CFK intenta reivindicar su gobierno! Claro, los salarios aumentaron, es cierto: un 12 por ciento en términos reales entre 2007 y 2015 (pico en 2013), pero justamente, a costa de grandes desequilibrios por todos lados”.
  • “Y justamente pasó lo que la teoría dice que debe pasar. Por eso cuando CFK escribe que Argentina es el país donde se acaban las teorías económicas, debe leerse justamente lo contrario. La teoría explica que cuando las políticas son muy desequilibrantes, finalmente logros aislados (como la suba del salario real) finalmente no se sostienen y se malogran”.
  • “Si la apuesta volviera a ser dejar atrasar tarifas y dólar para que suban los salarios, es que la temeridad de CFK no tiene límites, y que obviamente, la capacidad que exhibe para escribir cartas no la tiene para reflexionar sobre todas las macanas que se mandó”.
  • “Y vuelvo al principio: todo indica que Cristina reniega del ‘primer kirchnerismo’ (el único exitoso), quizás porque piense que Néstor era (sólo en materia económica claro está), un ‘pelele’ de Roberto Lavagna, y va ahora por la continuidad de su muy fracasado modelo 2011-2015”.

Kirchnerismo y antikirchnerismo

¿Hasta dónde se ampliará el pragmatismo de la conductora del kirchnerismo? ¿La candidatura de Rubinstein a un puesto clave del área económica es una provocación al esfuerzo de ampliación de fronteras políticas ofrecida por el kirchnerismo? ¿Lavagna, a través de Massa y la postulación de uno de sus economistas de confianza, continúa alimentando su resentimiento antikirchnerista?

Desde hace bastante ha quedado expuesta una sociedad dividida entre kirchneristas y antikirchneristas, pero que esa grieta persista pese a la actual crisis en grupos y personas influyentes en el Frente de Todos resulta descabellado y se convierte en un potente factor de perturbación para la gestión de gobierno.

El objetivo político perseguido por CFK no está explicitado, pero se encuentra a cielo abierto para quien quiera observarlo. La crisis política del Frente de Todos estaba lanzada a una dinámica que arrastraba hacia el abismo al gobierno de Alberto Fernández. Esas treinta horas sin una persona a cargo del Ministerio de Economía, en un marco de ruptura en la relación entre el Presidente y la vicepresidenta, puso en una situación sin retorno al Gobierno. La designación de Silvina Batakis logró frenar la crisis política, no así la financiera.

La violenta corrida cambiaria acompañada de pérdidas diarias de reservas en el Banco Central, en las semanas posteriores al desembarco de Batakis en el Palacio de Hacienda, mantuvo al Gobierno al borde del abismo. Es decir, ante la posibilidad de no culminar el mandato en diciembre de 2023 en caso de una espiralización de las cotizaciones de los dólares bursátiles y paralelo, que han empezado a tener una mayor incidencia en la traslación a precios, ya no por un incremento de costos (depreciación del tipo de cambio oficial) sino por la conducta de cobertura ante el riesgo de una fortísima devaluación.

Tres objetivos políticos

En este escenario crítico, con riesgo de descontrol cambiario, desborde de la tasa de inflación y colapso político, el paquete ofrecido por Massa, que incluye el combo de medidas económicas con elenco propio de colaboradores, constituye la apuesta pragmática de CFK que tiene los siguientes objetivos:

  1. Aspirar a que el mandato del gobierno del Frente de Todos culmine en fecha, instancia que sectores de la derecha política quieren evitar con la ambición de que está vez sea un gobierno peronista en democracia el que abandone la Casa Rosada antes de tiempo. Este deseo contiene el sueño húmedo de borrar de ese modo a CFK del escenario político, además de alentar la persecución judicial sobre ella.
  2. En caso de tranquilizar las principales variables económicas y cambiarias, con la consiguiente reducción de la inflación y mejora del poder adquisitivo de los sectores populares, mantener ciertas chances electorales en los comicios presidenciales, con Massa sacando la sortija en la calesita de candidatos para el 2023.
  3. Y si la recomposición política y económica no alcanza para triunfar en las presidenciales, al menos contribuir a preservar espacios de poder en el Congreso y en varias provincias, en especial en la de Buenos Aires.

La anécdota Redrado-Kunkel contada por Néstor Kirchner

En estos días de cierta confusión en la militancia kirchnerista y una cuota elevada de resignación entre funcionarios cercanos a Alberto Fernández, con el desembarco de Sergio Massa en Economía como si fuera el comienzo de un nuevo gobierno, ha empezado a circular en círculos de decisión del Frente de Todos el relato de Néstor Kirchner sobre las razones que tuvo para elegir a Martín Redrado como presidente del Banco Central.

Esta anécdota se resignifica en términos políticos para el actual momento. En la única presentación televisiva de Néstor Kirchner cuando ya no era presidente de la Nación, en el programa 678 de Canal 7 Televisión Pública, el 24 de enero de 2010, explicó la presencia de Martín Redrado al frente del Banco Central durante cinco años y medio.

La declaración textual de Kirchner en el estudio de televisión fue: “Me dicen por qué Redrado estuvo en el gobierno. Hay que hablar con la verdad y tiene una explicación política. (Alfonso) Prat Gay antes de renunciar me viene a ver y me dice que quiere poner dos directores, si no renuncia. Le doy la mano, muchas gracias por todo, le agradezco los servicios prestados, y le acepté la renuncia. En ese momento nosotros estábamos renegociando la deuda externa privada, teníamos que hacer una quita de 70 mil millones de dólares. Orlando (se refiere a Barone, uno de los columnistas del programa), ¿yo iba a poner a Kunkel (Carlos) como presidente del Banco Central? Tenemos que hablar con sinceridad. Es decir, teníamos que tratar, con claridad, de generar algún tipo de señales que pudiera consolidar la quita de deuda más importante que tuvo la Argentina. Por eso fue Redrado”.

“Aceptado por el establishment”, comentó Sandra Russo, otra columnista del programa.

– “Absolutamente -continuó Kirchner-. Hay que desdramatizar. Pasado el tiempo, pasados cinco años, es lógico, puede parecer absolutamente inexplicable, pero en ese momento histórico teníamos que ir paso a paso. Lo importante era no castrar el proceso”.

En el actual momento histórico, siguiendo con esa lógica de razonamiento político de Néstor Kirchner, ¿CFK pensará lo mismo en su vínculo con Massa, o respecto al equipo económico conformado por Massa, o en la evaluación de las primeras medidas anunciadas por Massa?

Vila, Manzano y Filiberti, dueños de Edenor, los primeros ganadores

En esta misma línea de análisis, el domingo anterior en esta columna se plantearon los diferentes vínculos e intereses que existen dentro del Frente de Todos con las fracciones del poder económico. Identificarlos del modo que lo hace el documento de Cifra-CTA y Flacso es relevante para observar la tendencia de la política económica.

Aquí se mencionó la relación de Massa, entre otros, con los empresarios Daniel Vila, José Luis Manzano y Mauricio Filiberti, dueños de Edenor. Los dos primeros estuvieron en el acto de jura como ministro de Economía en el Museo del Bicentenario.

El sistema de reducción de subsidios a las tarifas de luz, gas y agua informado por Massa en su primera conferencia de prensa incluyó una condición adicional, que implicará la ampliación del universo poblacional que empezará a recibir boletas con tarifas plenas.

Una reacción a esta medida se reflejó en la cotización bursátil de Edenor, la mayor distribuidora de electricidad del país en términos de cantidad de clientes y electricidad vendida: del martes 26 de julio, cuando la versión de Massa ministro de Economía era dominante, hasta el cierre del viernes último, cuando ya se difundió el esquema de quita de subsidios a las tarifas, la acción subió de 75,90 a 101,30 pesos, un aumento de 33,5 por ciento. En este mismo período, el índice de acciones líderes MerVal subió 7,4 por ciento, alza influenciada fundamentalmente por la participación de Edenor en este panel de compañías.

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Opinión

Peregrinos de San Cayetano, suplicamos.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

Los Santos son amigos de Jesús y de nosotros, su pueblo. Tienen la misión de rezar por lo que nos hace falta, acercar nuestras peticiones al corazón del Buen Pastor.

El ejemplo de su vida entregada nos estimula para crecer en fidelidad a la Palabra de Dios. Son como los faros en la noche que nos muestran el camino seguro para llegar al puerto que deseamos.

San Cayetano es uno de los Santos más conocidos, y del cual se han multiplicado capillas y centros de culto en diversos lugares del país.

Cada 7 de agosto en el Santuario Mayor del barrio de Liniers en Buenos Aires se elabora un lema para ayudar en la oración a los peregrinos. El de este año comienza reconociendo la cercanía del Santo: “Gracias, San Cayetano, por acompañarnos”. Expresa confianza y, a la vez, da testimonio de la experiencia de tenerlo como compañero de camino. Acompañar es algo muy especial. Implica hacer caminos juntos, pero no reemplaza la marcha que cada uno debe realizar. Tampoco mira nuestra vida desde afuera, como si fuera un director técnico.

Con esta experiencia nos animamos a pedir lo que necesitamos, no sólo para cada uno, sino para la familia, el barrio, la patria. “Ayudanos a cuidarnos como hermanos”, finaliza el lema. Cuidar ante la agresión, ante las injusticias, ante la incomprensión. Muchas familias viven a la intemperie, tienen viviendas sumamente precarias. Comen salteado y pasan hambre. Hace falta cuidar del hambre y la miseria que dejan secuelas irreparables.

Encontramos cada vez más gente con la vida rota en mil pedazos, como cuando se rompe el vidrio de un auto. La tarea de recomponer parece imposible y nos puede ganar el desaliento. Por eso pedimos con insistencia, “ayudanos a cuidarnos como hermanos”, que no dejemos crecer la indiferencia ante el sufrimiento.

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Opinión

No más vacilaciones.

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Una estrategia combinada de los agroexportadores y la burguesía sojera, el capital especulativo, la derecha política, los medios hegemónicos y el partido judicial ha puesto contra las cuerdas al gobierno nacional.

Tras el anuncio de un default de la deuda en pesos sólo concebido para generar pánico, lanzaron –como lo había hecho en enero de 2014 durante el gobierno de Cristina– una corrida cambiaria, con un alza incontrolada del dólar blue.

Al mismo tiempo, los grandes productores de soja restringen sus ventas, con el objeto de forzar una devaluación y una baja de las retenciones, que actualmente son del 33%. El volumen de ventas es uno de los más bajos de los últimos 20 años y hasta menor al 2008, durante el lock-out de las patronales agropecuarias contra la Resolución 125, y hay en los silobolsas entre 28 y 29 millones de toneladas, que a precio de exportación representan cerca de 14.000 millones de dólares. También existe un menor volumen de liquidación de divisas por parte de las empresas exportadoras. El alza incontenible de los precios, unido a la escalada del dólar ilegal, es parte de la misma estrategia.

Simultáneamente, en forma sincronizada, se alzan voces que reclaman el juicio político del Presidente, la asamblea legislativa o el adelantamiento de las elecciones, a la vez que continúa la persecución política-judicial contra Cristina Fernández de Kirchner con el propósito de lograr su condena mediante un proceso amañado, sin pruebas, a través de jueces designados por Macri –sin acuerdo del Senado– que ocupan ilegalmente sus cargos (Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi). Se trata de un nuevo capítulo de la estrategia del lawfare que llevó a la prisión y proscripción de Lula en Brasil y de Correa en Ecuador. Al mismo tiempo esa misma Cámara Federal sobresee a Mauricio Macri en la causa del espionaje contra los familiares de las víctimas del submarino San Juan, en un fallo en el que insólitamente se reconoce que el mismo existió pero que tenía como finalidad proteger la seguridad del ex mandatario.

Frente a la magnitud de la agresión económica, política y judicial que lo amenaza con su propia caída, el gobierno nacional cede ante las presiones de la burguesía sojera. Mediante una resolución del Banco Central, y a fin de que los productores aceleren la venta de los volúmenes de soja retenidos, se autoriza “que los productores realicen un depósito a la vista en las entidades financieras con retribución diaria variable en función de la evolución del tipo de cambio A3500, conocido como Dólar Link, por hasta el 70% del valor de la venta de granos. Además, por el 30% restante se permitirá la Formación de Activos Externos, al valor del dólar oficial más el impuesto PAIS y las retenciones a cuenta que percibe la AFIP”. Se trata de un beneficio similar al que reciben otros sectores por el incremento de sus exportaciones; pero en el caso del complejo agropecuario se otorga como producto de la extorsión tendiente a forzar una devaluación, por lo que constituye un privilegio injustificado. Por otra parte, independientemente de la aceptación de este beneficio, la Mesa de Enlace y los sectores más concentrados del complejo sojero continuarán su ofensiva contra el gobierno para lograr la devaluación.

Tampoco ha reaccionado el gobierno con decisiones que frenen la escalada de los precios provocada por los oligopolios alimenticios, en su mayor parte agrupados en la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL), dirigida por el titular de la Unión Industrial Argentina, el abogado Daniel Funes de Rioja. Ha quedado demostrado el fracaso de los acuerdos con los que se ha pretendido sustituir al necesario control de los precios de los artículos de la canasta familiar.

Un sinnúmero de las conductas descriptas en el Artículo 2° de la Ley de Abastecimiento 26.691 son prácticas habituales de los oligopolios que dominan la industria y comercialización de alimentos, particularmente la elevación artificial o injustificada de los precios en forma que no responda proporcionalmente a los aumentos de los costos, o sus ganancias abusivas. Sin embargo, en ningún caso se han encuadrado dichas conductas en la Ley de Abastecimiento, ni se han aplicado sanciones. El gobierno sólo ha “amenazado” con aplicarla, mientras sigue empeñado en cerrar acuerdos con dichas corporaciones, que son invariablemente incumplidos.

Ofensiva contra los trabajadores.

No se ha frenado la ofensiva contra las normas y principios del Derecho del Trabajo, y en definitiva contra los derechos sociales reconocidos por la Constitución Nacional, particularmente “la protección contra el despido arbitrario” reconocido por el artículo 14 bis, que desde hace mucho tiempo llevan adelante legisladores de la derecha y sectores empresarios, con el infaltable acompañamiento mediático.

Se agitan los mismos argumentos de siempre: que el costo laboral argentino es excesivo, que la existencia de la indemnización por despido arbitrario desalienta la contratación, que los convenios colectivos vigentes deben ser sustituidos por otros más flexibles y que el régimen legal del trabajo pertenece a otra etapa del capitalismo. Se trata de convencer a la sociedad, y a los propios trabajadores, de que el despido es un hecho natural, casi fisiológico de la sociedad capitalista, y que debe ser aceptado sin resistencia alguna, a los fines de poder dar empleo a los que no lo tienen.

Es innegable que la realidad de las relaciones capitalistas muestra desde hace más de tres décadas una modificación sustancial de las relaciones de trabajo. Se generalizan nuevos modos de organización, el trabajo descentralizado y en equipo en las grandes empresas, además de un crecimiento acelerado del teletrabajo en casi todas las actividades.

Tales transformaciones crean a la vez un escenario de creciente precariedad laboral, una difícil inserción de los jóvenes y una mayor explotación. El trabajo en negro asciende al 40% del total de la población activa, se generalizan los contratos temporarios y la exigencia de inscribirse como monotributistas como condición para obtener un empleo.

No es lo mismo que los trabajadores tengan derecho efectivo a un puesto de trabajo estable, por tiempo indeterminado, a una realidad en la que la mayoría de los trabajadores se hallan precarizados en diversas formas: no registrados o en negro, pasantes, contratos de colaboración, etc. No es lo mismo trabajar 14 horas diarias que hacerlo durante 6 ó 35 semanales. Porque la reducción del tiempo de trabajo no sólo garantiza la salud física y psíquica de los trabajadores, sino que crea las posibilidades de destinar parte del tiempo libre al estudio, la formación y la participación social y política.

Observamos que la propia Organización Internacional del Trabajo refleja una cierta adaptación a las nuevas condiciones de precarización del empleo.

En el 2017, la OIT exhortaba a los países a que se hicieran cargo de orientar las políticas para responder a “la innovación tecnológica, los cambios en la organización del trabajo y la producción, la globalización, el cambio climático, el entorno normativo y los cambios demográficos y migratorios”. Reiteraba por entonces la tarea de gobernar para intervenir y dirigir las transformaciones de las plataformas digitales de empleo, partiendo del hecho de que la invisibilidad del empleador debilita aun más la posición de los sindicatos, y la necesidad de que estos buscaran nuevas formas de proteger los derechos de los trabajadores insertos en la economía digital. También se exhortaba a los Estados a llevar a cabo políticas públicas y planificación orientada a lograr una desaceleración controlada de los procesos de robotización y automatización como estrategias para dar tiempo de insertar a las personas en las nuevas dinámicas de trabajo.

En 2019, al celebrarse 100 años de la creación de la OIT, se habla de “condiciones mínimas” y del respeto a determinados “derechos elementales de las personas”, ignorando el papel de los sindicatos. Se plantea formar a las personas para adaptarse a las contingencias del mercado, negando toda forma de planificación y políticas públicas.

Cuando desde algunos sectores se expresa que el pleno empleo ya no existe, que su recuperación es imposible, y que –por lo tanto– sólo es posible luchar por el salario básico universal y la economía popular, se está afirmando en realidad la eternidad del capitalismo como formación económico-social, con su incapacidad de crear empleo suficiente para el conjunto de la población activa.

Sin lugar a dudas, los sectores de nuestro pueblo que se hallan en la indigencia, los precarizados que se hallan excluidos de los beneficios de quienes son reconocidos como asalariados, los que trabajan en cooperativas y otros emprendimientos de la llamada economía popular deben percibir un salario o ingreso básico universal o complementario –no importa su nombre–, sin que ello signifique la pérdida de los beneficios que se les reconozca actualmente.

Pero esta lucha no puede ni debe sustituir sino integrarse a la que sostienen importantes sectores del movimiento obrero, nucleados tanto en la CGT como en la CTA: un aumento general de salarios, jubilaciones y pensiones por decreto, estableciendo una suma fija que se incorpore definitivamente a las retribuciones, mejorando la situación de quienes perciben ingresos que no cubren siquiera una canasta de pobreza; y la reducción de la jornada de trabajo sin reducción salarial, una de las condiciones necesarias para que sean creados nuevos puestos de trabajo.

Se trata en ambos casos de urgencias que no pueden esperar; pero tanto en el movimiento sindical como entre los movimientos sociales existe la tendencia a luchar aisladamente por sus respectivas reivindicaciones, como si no fuera necesario coordinar y unificar las luchas, que son igualmente legítimas.

La función productiva del Estado.

En el contexto de la internacionalización de la economía de mercado, la clase dominante ha reformulado la estructura y los fines del Estado. El keynesianismo suponía un cierto control del Estado sobre las variables económicas. El neoliberalismo no suprime el poder del Estado, sino que lo transforma en un instrumento más flexible para sus intereses, fortaleciendo y perfeccionando la maquinaria represiva (justicia penal y fuerzas de seguridad).

La articulación mafiosa empresario-judicial-mediática exige la aplicación de las recetas ortodoxas de la teología neoliberal: devaluación, la libertad de importaciones, la reducción o la eliminación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias y mineras.

Frente a la fuerte ofensiva del poder económico y sus agentes políticos, se impone que el Estado cumpla un rol fundamental en la economía. No sólo una función de control –que en la actualidad se revela ineficaz o inexistente– sino en la producción de bienes y servicios, principalmente en los sectores fundamentales de la economía.

¿O pensamos que el desarrollo económico sólo será producto de las inversiones extranjeras y del gran capital nacional?

¿Podría imaginarse siquiera que Astilleros Río Santiago seguiría existiendo si hubiera sido privatizado?

Y ante el despliegue impune del poder económico y político de Paolo Rocca, ¿es justo que el grupo Techint siga multiplicando sus ganancias sin que siquiera se plantee la necesidad de que el Estado recree una empresa siderúrgica como la que fuera liquidada y adquirida a precio vil por dicho grupo durante la ola privatizadora y destructiva del menemismo?

¿Podemos hablar de cambiar nuestra “matriz productiva” y realizar un nuevo proceso de sustitución de importaciones sin un papel relevante del Estado?

El hecho de que estos temas no sean planteados seriamente, implica una visión peligrosamente superficial del capitalismo actual, en el que la especulación y la inestabilidad financiera son parte fundamental de su funcionamiento. En el capitalismo actual no hay disociación alguna entre “capitalistas productivos” y “capitalistas rentistas”; las finanzas son un componente permanente del sistema.

Es por ello que plantearse la posibilidad de un “capitalismo productivo” sin que el Estado cumpla un rol de dirección del proceso económico constituye una fantasía. Para ello es necesaria la recreación de la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes, la recuperación de los puertos, del Río Paraná (la llamada “hidrovía”) y la renacionalización de los servicios públicos que aún siguen en manos de corporaciones.

No sólo se trata de superar las vacilaciones y las debilidades del gobierno nacional; se trata de reconstruir el Estado, que fue reducido a su mínima expresión de acuerdo a los objetivos de la clase dominante a partir de la dictadura y fundamentalmente a partir de los ’90.

Un Estado que ni siquiera ha recuperado su capacidad de controlar los precios no está en condiciones de reducir sustancialmente la inflación. La inflación continúa irrefrenable, no proviene de la guerra en Europa ni de la emisión monetaria sino fundamentalmente de la manipulación concertada de los precios por parte del gran capital.

Es importante destacar que el gobierno de Bolivia, sin sujetarse a las recetas neoliberales, además de haber nacionalizado los hidrocarburos y demás fuentes de energía, mantiene un tipo de cambio fijo respecto al dólar, que desde hace años equivale a 6,95 bolivianos. El Estado mantiene una política de subsidios sobre la energía, particularmente la nafta, a fin de evitar que la población deba pagar más por la misma, y deniega los certificados de exportación de aquellos productos por los que la población paga precios que no se consideran razonables. De esta forma se fuerza a que haya un aumento de oferta y bajen los precios en el país. De esta forma, muy lejos de los consejos de los teólogos del neoliberalismo, estas políticas han logrado que Bolivia registre un índice de precios al consumidor menor al 1% y un índice de inflación del 0,39% durante el primer trimestre del 2022 [2].

/ElCoheteALaLuna.

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