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Opinión

Utopía, Mística y Carisma en la política del Siglo XXI.

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Por Hugo Saquilán Quiróz, Sociólogo y Mediador

Hay tres palabras que, si no están presentes en una estructura o movimiento social y político, implica que esta no tiene alma, su corazón no late y el fervor se hace inexistente. Tres vocablos de raigambre espiritual que no por casualidad son femeninos, que nos traen las cuotas necesarias de emoción y que combinados se convierten en pasión irrefrenable y el combustible que hace a una idea imparable. Sin más preámbulos estas son: utopía, mística y carisma.

Esta tríada tiene un origen netamente religioso, incluso la primera y la más importante de las tres: Utopía.

Thomas More, católico inglés del siglo XV también conocido como Tomás Moro, fue un clérigo, teólogo, político y humanista que describió una sociedad ideal llamada Utopía. El religioso “imagina una comunidad ficticia basada en los ideales filosóficos y políticos del mundo clásico y el cristianismo, Utopía es una comunidad pacífica, que establece la propiedad común de los bienes, en contraste con el sistema de propiedad privada y la relación conflictiva entre las sociedades europeas contemporáneas a Moro”. (1)

Tomás Moro se opuso a la reforma protestante y militó contra la idea del rey Enrique VIII de que la iglesia católica inglesa se separase del Vaticano y que se reconociera como jefe supremo de la Iglesia al monarca en vez del Papa. Esto sucedió finalmente en 1534 y Moro, por rebelarse y pensar diferente al rey, fue decapitado, se convirtió en mártir y se lo canonizó en 1882.

Detrás de esta brevísima descripción encontramos elementos que están en el alma del catolicismo e incorporados en nuestra identidad argentina y latinoamericana: la búsqueda de esa sociedad ideal de iguales que nos recuerda al paraíso terrenal que llena de esperanzas por un futuro promisorio y la ferviente devoción que lleva incluso a sacrificar la vida, a martirizarse en defensa de los ideales.

Es fácil ver el impacto que produciría la corriente de este humanismo renacentista a futuro, las revoluciones que harían cambiar al mundo tienen muchas raíces en esa palabra que fue tomada por las corrientes socialistas, anarquistas y marxistas de finales del siglo XIX y durante el XX. El propio Marx expresó que buscaba una sociedad donde no exista régimen propiedad privada burguesa: “de producción y apropiación de lo producido” (2), que no haya explotación de unos hombres por otros, y definió la “fase superior de la sociedad comunista” (3) bajo el principio: “¡De cada cual, según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades!” (3). Es la mirada marxista de Utopía.

Eva Perón

Claro está que tanto la tradición cristiana, como la socialdemócrata, socialista, anarquista y marxista, también son fuentes que alimentaron a diferentes corrientes políticas populares, defensoras de lo nacional, de la llamada Patria Grande, contra el colonialismo y el imperialismo británico y estadounidense. Sin duda el peronismo es una de estas corrientes. En su doctrina está plasmada su versión de Utopía, donde prima la Justicia Social que “orienta la solución de la problemática social derivada de la explotación del hombre por el hombre, pero fuera del esquema de la lucha de clase” (4) y se reconoce como un movimiento de fuerte inspiración cristiana, nacional y popular.

El denominador común de todas las posturas del “amplio campo popular”, es que se propone una sociedad pensada como una comunidad organizada, solidaria, colaborativa, centrada en el bien común y el bienestar común. Sería mucho pretender que estas reflexiones nos lleven a debatir sobre cómo alcanzar este ideal, de los intereses en pugna y de si la manera de obtener el poder, esa posibilidad de llevar a cabo los proyectos, es escalonada y por los llamados consensos o a través de acumular fuerzas para garantizar el cambio para el lado del pueblo. En definitiva, estas utopías son las que mueven voluntades en búsqueda de esa sociedad mejor, son netamente esperanzadoras, llenan al espíritu de fe en lo que vendrá, son motivadoraa y gratificadoraa, están plena de sensaciones positivas, son felicidad y alegría. Sin eso, ¿cómo vivir?

El neoliberalismo o capitalismo salvaje – que proponen desde el macrismo y compañía sin disimulo en Argentina, junto a otras variantes en distintos países de Latinoamérica – no puede ofrecer otra cosa que un mundo distópico, es decir, un mundo no ideal, contrario al utópico, lleno de problemas para las mayorías donde se salva el más fuerte bajo la excusa de que se lo merece y se hunden los pobres en una miseria sin fin por “ser unos negros de mierda que no quieren salir laburando, se lo tienen merecido, son vagos, ignorantes y escupen hijos por un plan que se lo gastan en joda y alcohol”. Combo completo: racismo, discriminación y violencia de clase.

Trabajadores reclaman por Perón el 17 de Octubre

La segunda palabra de la tríada es: Mística. Claramente tiene un origen religioso y podemos, en principio, definirla como el grado máximo de unión del alma con lo más sagrado durante la existencia terrenal. Es prácticamente un estado de gracia, es para los católicos un sinónimo de santidad, una experiencia puramente emocional, espiritual y no racional. Aquellos que nos hemos formado dentro de la Iglesia en el profundo humanismo de San Francisco de Asís, en la solidaridad y el pensamiento permanente en los mas desvalidos, nos permite avanzar en estas reflexiones.

A diferencia de la palabra anterior no es preciso ahondar más en definiciones, se puede estimar que está ya claramente entendido el concepto.

Esta palabra es ampliamente usada en la política y se refiere a elementos intangibles que rodea a los partidos y movimientos sociales y populares y que hace que la gente se sume a la militancia y lleve “la palabra” de sus ideales con alegría y firmeza. La mística es contagiosa, invita, es algo que está o no está, no se puede definir en términos racionales, se siente, está presente o no.

Lo que sí, y claramente hay que recalcarlo, no es factible tener mística militante sin utopía, no es posible llegar a un estado de cuasi devoción sin esa búsqueda del ideal, esa unión entre lo que uno desea y siente y todas las cosas que son sagradas y que deberían ser para uno y en beneficio de las mayorías.

La villa 31 recordó al padre Mugica a los 40 años de su asesinato

No puede, ni remotamente el capitalismo salvaje, generar esta energía esperanzadora de una sociedad de iguales o al menos más justa, no puede generar una devoción así porque carece de utopías. Su esencia es el hoy y la acumulación de riquezas en pocas manos promoviendo el individualismo extremo y la destrucción de cualquier lazo social que impida que haya más consumismo.

Sí que puede el neoliberalismo, y lo hace muy bien, explotar otras emociones y actitudes humanas: el odio, la envidia, la intolerancia y el desprecio. Esta es la tierra donde florece el fanatismo violento que cierra la mente, anula la empatía, desprecia al que es diferente, al “otro” y libera los más bajos instintos humanos. Sin dejar de lado el consumismo voraz que nos rodea.

Siguiendo la línea religiosa del origen de las tres palabras mágicas, el capitalismo promueve claramente los siete pecados capitales: la soberbia, la envidia, la avaricia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza. Esta última entendida como el ocio que aleja al creyente de las obligaciones morales y religiosas.

Parece una ironía, pero no lo es, los siete pecados capitales son la base moral del capitalismo salvaje y de los que lo promueven. Todo esto sin entrar en los detalles de los 9 Círculos del Infierno descriptos por Dante Alighieri.

Quizás sería el momento de analizar de lleno el tema de las identidades. Pero esto será tema de próximas reflexiones. Temática donde se libra una gran batalla cultural con los sectores conservadores, donde llevan ventaja ideológica, y si no veamos por ejemplo Brasil, con sus ribetes gruesos y finos de racismo, misoginia, machismo burdo, y la fobia los pobres o aporofobia.

San Francisco de Asis

Finalmente, la tercera palabra con ascendencia cristiana es: Carisma. Por definición y desde la religión, se refiere a los creyentes que reciben dones de Dios, ya sea para misionar y expandir la comunidad cristiana, como para ayudar o incluso sanar a los más débiles. Seguramente no será del todo correcta esta expresión, pero es a los efectos de entender su origen solamente.

Hoy todos asociamos la palabra carisma al poder de atracción, simpatía o encanto que de alguna manera hace que una persona seduzca. Es central en la vida del marketing político actual tratar de que los políticos tengan este “don”.

El uso de esta palabra en la política se debe al sociólogo alemán Max Weber que la definió como “cierta cualidad de una personalidad individual en virtud de la cual se le distingue de los hombres comunes y se le trata como si estuviera dotada de poderes o cualidades sobrenaturales” y “sobre la base de ellos, el individuo en cuestión es tratado como un líder”. (5).

Todo esto sin entrar cuando se habla del carisma político haciendo referencia a lugares, objetos e individuos a los cuales se reviste de un aura excelsa, casi divina, única, cuyas características superan a este pretendido análisis.

Pepe Mujica con el Papa Francisco

Si, ya lo pueden imaginar, si el capitalismo salvaje no tiene utopías y no puede generar mística solo le quedan el odio y el carisma como herramientas emocionales y no racionales para atraer multitudes, y lo hacen muy bien, de hecho, viene ganando la carrera.

El carisma neoliberal solo es una cáscara vacía, que no muestra absolutamente nada detrás y solo se ata al primitivismo de si la persona, mejor dicho, si la imagen de ella nos cae bien.

Para los movimientos políticos populares el carisma del liderazgo es muy relevante, es la herencia cristiana del cura, el pastor que guía, el que está formado y es ferviente defensor de esa utopía, irradia mística e invita y convoca a luchar juntos. Es un imán poderoso sin duda, y por eso cada vez que surgen líderes de barrio, sindicales o políticos de este estilo son denostados por los adeptos al capitalismo salvaje, son atacados una y otra vez con la clara intención de borrarlos del mapa, incluso eliminarlos para callar el mensaje para que las mayorías no los acompañen. 30 mil desaparecidos son la muestra de esto.

Evita y el Che Guevara son claros ejemplos de líderes que reflejan la tríada utopía-mística-carisma, a los que se suman tantos luchadores, y líderes de altísimo prestigio como Mujica.
Aunque no reflejan la tríada desde la “gran política”, también es preciso incorporar al panteón aquellos encarnados en las devociones populares como la Difunta Correa y el Gauchito Gil que se opusieron o huyeron de los poderosos, entregaron sus vidas de manera trágica, pero devolvieron esperanzas y “sanación” en forma de “milagros” y se ganaron el corazón del pueblo.

Ernesto Che Guevara

Los movimientos populares históricamente han replicado esta manera “cristiana” de esparcir y defender los ideales, no solo bajo la palabra de una cabeza única, sino en una pirámide cimentada en miles de líderes o “párrocos” territoriales que dan forma a la organización como tal.

Sin esta estructura que imita lo eclesial no es posible que la utopía contagie, genere mística y haya líderes “con carisma” que conduzcan esta idea a las mayorías en cada lugar y en cada rincón. Es la llamada militancia con sus referentes territoriales, para usar la terminología política.
La intención del capitalismo salvaje es claramente evitar que esto se produzca, por eso promoverá a los medios como la suplantación de la militancia, y así modelar líderes con “carisma” de manera absolutista, casi como monarcas sin nada por debajo más que la fuerza del aparato que lo soporta y le quitarán el respaldo cuando no haga lo que le dicen. Un “monarca” títere, servil, solamente eso quieren los dueños del verdadero poder.

Militancia y resistencia peronista

¿El FdT (Frente de Todos) como una expresión del campo popular en Argentina, San Juan incluido, posee esta tríada?

Si alguien llegó hasta aquí en estos tiempos de no lectura sería una sorpresa agradable.

Quizás no nos equivoquemos si señalamos que el Frente de Todos ha perdido o casi extinguido la llama de estas tres bases fundamentales para cualquier organización política que se precie ser parte del campo nacional y popular con predominancia peronista.

Hoy el Frente de Todos no enamora, no motiva con el fuego sagrado de una utopía para luchar por ella, ofrece paupérrimos boletos para el show neoliberal de cómo pagarle la deuda al FMI (Fondo Monetario Internacional) tratando de esconder que habrá ajuste, centrados en mostrar que la macroeconomía crece, mostrando obras o inversiones, como cualquier socioliberal lo haría, y sólo desde algunos discursos de ocasión se dicen algunas cosas parecidas a la política que debería ser.

No hay utopías comunes sobre la mesa, solo internas, facciones que disputan su espacio de poder y hablan en “peronismo” o “progresismo” según la ocasión, de compañeros o correligionarios, pero solo están pensando en los cargos que desean ocupar. No faltan aquellos que adornan sus acciones internas con “peronismo” solo para denostar a otros usando su “peronómetro”, no por convicción sino por intereses ultra mezquinos. Quizás ayuden, consciente o inconscientemente para el enemigo de las mayorías.

Parece que no hay mística en el FdT porque es imposible tenerla sin algo en qué creer, algo más sublime y sagrado que si juancita o pedrito serán candidatos, o el triste “mejor esto porque lo otro es peor”. El marketing no suplanta esta llama vital, eso es engaño neoliberal.

No está, no hay mística, sólo existen pequeñas llamitas en los que aún levantan con honestidad las banderas con esfuerzos, siempre ninguneados, militando desde la debilidad y pisoteados en cada elección.

Lula, Chávez, Néstor Kirchner y Evo Morales

Por supuesto que en esta diáspora muy atomizada en mil grupos y desorganizada no hay imanes que sepan conglomerar a la mayoría de las partes, ni colectivos ni individuales. Tampoco está esa pirámide que refleje una estructura diversa, amplia pero organizada. Siguiendo el hilo de la nota: tal cual lo hace la Iglesia.

Se equivocará el FdT si solo apuesta a la fabricación de carismas en base a la lucha intestina y con ello disputar las próximas elecciones. Es necesario agregar en este sentido que por desgracia no tiene el aparato mediático y de manejo de redes que sí posee la oposición para construir estas cáscaras.

Hay que volver a la gran política, a debatir las ideas que beneficien al Pueblo y dejar de pensar primero en los cargos y congraciarse con los poderosos para alcanzarlos. La unidad no surge del sometimiento de una facción a otra como proponen los que se desviven usando esta palabra sin darle contenido. ¿Unidad para qué? Hay que poner de vuelta a las utopías en el centro y con ellas vendrán la mística, los líderes con carisma, la pirámide que dará sustento al proyecto y recién ahí estará la tan mentada y necesaria unidad del campo nacional y popular.

Utopía, mística, carisma, nos invita a pensar en cientos, miles, millones de personas y voluntades de mujeres y hombres, que con sus afectos y emocionalidades, sus racionalidades, necesidades, miedos, ideales, fueron construyendo. Se cristalizaron en momentos históricos determinados en personas como Evita, Che, Diego, las personas físicas pasaron, pero las utopías, místicas y carismas se materializaron en ese sujeto social llamado Pueblo.

Diego Maradona, su hija y una flor

Esta es una primera nota específica sobre la emocionalidad. Luego desarrollaremos como en el marketing político, especialmente desde 1995 con el estallido de lo multimedial, Internet, redes sociales, los sectores conservadores mostraron su habilidad en el manejo de la emoción en momentos electorales. Allí esta el ejemplo de Steve Bannon, en la primera campaña electoral de Donald Trump. El rol central de Dominic Cummings en el Brexit inglés.

1- https://es.wikipedia.org/wiki/Utop%C3%ADa_(Tom%C3%A1s_Moro)
2- https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
3- https://es.wikipedia.org/wiki/De_cada_cual_seg%C3%BAn_sus_capacidades,_a_cada_cual_seg%C3%BAn_sus_necesidades
4- https://www.elhistoriador.com.ar/doctrina-nacional-justicialista/
5- https://es.wikipedia.org/wiki/Carisma


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

Opinión

Padre Rutilio Grande y compañeros mártires: Pasión por Jesús, pasión por su pueblo.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

La persecución y el martirio marcaron los inicios del cristianismo. En el año 197 Tertuliano escribió “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Veinte siglos después, en nuestro tiempo, sigue habiendo hombres y mujeres que son asesinados por odio a la fe.

Este fin de semana se beatifica en El Salvador a 3 mártires asesinados el 12 de marzo de 1977. El padre Rutilio Grande (48 años de edad, sacerdote jesuita), Manuel Solórzano (72 años) y Nelson Rutilio (15 años); y al fraile franciscano Cosme Spessotto (OFM) asesinado también en El Salvador pero el 14 de junio de 1980. Vayamos primero a las circunstancias de la muerte de Rutilio, Manuel y Nelson.

Los emboscaron y asesinaron en una ruta cuando se dirigían a celebrar misa de la novena de San José en una de las comunidades. Los tres fueron sepultados juntos, de manera sencilla, delante del altar del Templo parroquial de San José, comunidad a la que pertenecían, y de la cual el padre Rutilio era el párroco.

El padre Rutilio fue un gran amigo de los pobres. En ellos veía a Jesús, como nos narra la parábola evangélica (Mt 25, 34-40); con ellos dialogaba, rezaba, los acompañaba en sus anhelos de liberación y de paz en un contexto muy duro de violencia ejercida por la dictadura militar en su país. 

Fue formador en el Seminario, educador en el Externado San José, y durante unos años párroco en comunidades campesinas en Aguilares y El Paisnal. Esta última experiencia de encuentro y servicio a los indigentes marcó su ministerio en cercanía con los más olvidados y excluidos. No sólo predicaba a los campesinos oprimidos, sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias.

Asumió con decisión la opción por los pobres cuyas raíces están en una espiritualidad encarnada, la Palabra de Dios, el Concilio Vaticano II y su aplicación práctica expresada en el documento conclusivo de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín del año 1968. Su vida y su palabra manifestaron la dimensión profética de la fe. No era espiritualista y desencarnado, sino bien afirmado en su contexto concreto.

En su tarea pastoral promovió la participación de los laicos, hombres y mujeres. Una de sus enseñanzas: “Amigos. Volvamos al Evangelio, volvamos al pobre pueblo. Allí se nos aclara cuando se mira turbio el horizonte de nuestro camino pastoral”.

Tenía gran amistad con el Santo obispo Óscar Romero, quien vivió con profundo dolor estos asesinatos, y profundizó aún más su defensa de los desfavorecidos. Romero también fue asesinado tres años después, el 24 de marzo de 1980. Ambos son importantes referencias para la Iglesia en El Salvador y en todo el Continente de América Latina y el Caribe.

Unas cuantas veces lo habían amenazado de muerte queriendo amordazar su predicación. Pero él decía que “en el cristianismo hay que estar dispuestos a dar la propia vida en servicio por un orden justo, por salvar a los demás, por los valores del Evangelio”. También afirmó que “el cristiano no tiene enemigos, sino hermanos y por más que sean hermanos Caínes que venden a Cristo, no los odiamos”. Apasionado por Jesús atestiguó que “Cristo está vivo entre nosotros, no nos congrega un muerto”.

Uno de sus biógrafos, Rodolfo Cardenal, nos recuerda que el padre Rutilio Grande decía que “la sociedad tiene que ser como una mesa grande, con manteles largos para todos, donde para todos hubiera qué comer, y un lugar donde sentarse. Esta es una metáfora del Reino de los cielos, en ese sentido tiene mucho que decir en una sociedad golpeada por la desigualdad”. ¡Qué gran actualidad en el contexto de la pandemia que pone delante tantas inequidades e injusticias!

Monseñor Romero, como signo de protesta por estos asesinatos, determinó suspender todas las misas de ese domingo, y concentrarse en una única celebración exequial en la Catedral, de la cual participaron 150 sacerdotes y más de 100.000 feligreses. En esa misa por la muerte de los tres, el santo obispo Romero dijo en su predicación: “El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo (…) Un sacerdote con sus campesinos, caminó con su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos”. (14 de marzo de 1977)

Como dijimos, en la misma ceremonia será beatificado el fraile franciscano padre Cosme Spessotto (OFM) asesinado también en El Salvador el 14 de junio de 1980 (a sus 57 años), pocos meses después del martirio de Mons. Romero. Había nacido al norte de Italia el 28 de enero de 1923. Su nombre de nacimiento fue Santí (que significa Santos), y al recibir el hábito Franciscano asumió como nombre “Cosme”, por ser uno de los primeros mártires del cristianismo. Denunció con firmeza las injusticias, asistía a las víctimas de la guerra civil, daba sepultura a los cadáveres que nadie reclamaba o reconocía. Varias veces le habían amenazado con anónimos, pero él no se dejó amedrentar. Cerca de las 19 horas, mientras rezaba antes de comenzar la misa, lo balearon delante del altar del templo de San Juan Nonualco. En su testamento espiritual había escrito poco tiempo antes: “Presiento que, de un momento a otro, personas fanáticas me pueden quitar la vida. (…) Morir mártir será una gracia que no merezco. Lavar con la sangre, vertida por Cristo, todos mis pecados, defectos y debilidades de la vida pasada, sería un don gratuito del Señor. De antemano perdono y pido al Señor la conversión de los autores de mi muerte”.

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas. Hoy seguimos estando llamados a estar cerca de los pobres y oprimidos del Continente, a caminar con ellos.

Pedimos a Dios que sean semillas de nuevos cristianos; y a los que ya lo somos, nos conceda ser apasionados por Jesús y por su pueblo.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

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Desmitificando a Occidente. El origen del nombre Argentina.

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Vivimos en Argentina y tal vez muchos desconocen el origen del nombre de nuestro país, y es triste decirlo, evoca al saqueo colonialista europeo de las por entonces potencias marítimas de España y Portugal.

Antes, un poquito de historia.

Cuando los caribeños sufrieron la visita de Colón y sus secuaces en el año 1492 (según el calendario cristiano que se adopta globalmente pero que no es el único) comenzó una era de salvaje conquista española, saqueadora y genocida. 

Dicho sea de paso, España como Estado debería al menos pedir perdón por robo de tierras, tesoros y exterminio de muchos millones de seres humanos

A manera de apostilla, se discutía por esa época en la iglesia católica si nuestros pueblos originarios eran seres con alma. Sin alma eran meros animales, se podían poseer, usar, vender y eliminar. Por las dudas discutieron lo  suficiente hasta colonizar, expoliar y prácticamente extinguir las civilizaciones americanas.

¿Una barbaridad no?. Y si, porque los europeos que hoy se ven así mismos como la cuna de la civilización occidental, eran considerados “bárbaros” por los romanos, que significaba algo así como los que en vez de hablar emitían sonidos como “bar bar ó bla bla”, es decir que balbucean como animales. Para Roma eran la expresión del salvajismo, la brutalidad y la violencia desmedida.

Con los conocimientos e instrumentos tomados de Oriente, como las matemáticas, la astronomía, la brújula y el astrolabio – para medir ubicación de las estrellas en el cielo – los europeos aunaron estos con su codicia saqueadora y el despliegue militar adquirido en innumerables guerras.
No tardaron en usar las nuevas herramientas y se fueron a buscar por mar la tierra de “las Indias” de donde provenían tantos tesoros, como piedras preciosas, oro, plata, seda y utensilios exquisitos.
¿Buscaban abaratar el costo del transporte de las caravanas de camellos?. Eso es un eufemismo, una mentira. Buscaban quedarse o robarse el negocio del transporte, y luego, invadir y conquistar ese territorio. Al fin y al cabo es lo que hicieron, aún hacen y parece seguirán haciendo hasta entre sí las diferentes tribus de europa.

‘La matanza de Cholula’ de Félix Parra (1877)

En la búsqueda de riquezas ajenas Don Cristóbal y sus bandidos enfilaron al oeste esperando llegar a esas tierras “indias”, pero chocaron con este continente y empezaron la espantosa conquista.
No tardaron mucho en saber de las riquezas de oro y plata, y con ella la carnicería para quedarse con todo lo que pudieran, robarlo y llevárselo a europa, a España.

La motivación de la conquista, la colonización europea de américa, áfrica, oceanía y oriente no fue ni la evangelización, la tarea civilizadora de compartir conocimientos o la consecuencia de una simple exploración. La única motivación fue llegar a saquear y apoderarse de las tierras, los recursos tanto naturales como los de la esclavitud y los bienes de los pueblos que encontraban en su camino.
Para ello apelaron a lo peor de la codicia, al botín de guerra a repartir entre conquistadores y nobles que costaron millones de vida, la pérdida cultural insustituible y que el oro robado luciera en los palacios del viejo continente y alimentara el despegue europa como el continente más poderoso. La rapiña es su origen.

Terra agétea

El primer viaje europeo registrado que logró dar la vuelta al mundo fue el iniciado por el portugués Fernando de Magallanes al servicio del rey de España, que bordeó nuestro continente sudamericano, pasó por el estrecho que lleva su nombre y enfiló para el pacífico. Por desgracia él no fue uno de los 18 sobrevivientes de los 250 que iniciaron la travesía que se inició en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, en el sur de España en 1519. Fernando de Magallanes fallece en Filipinas y quien completa el rodeo de la India y África para llegar a España en 1522 fue el español Juan Sebastián Elcano.

Comenzaron a aparecer los mapas globales, los mapamundi, siendo los portugueses los más prestigiosos cartógrafos, uno de ellos Lopo Homen en 1554  hizo uno donde motivado por las historias de minas de plata al sur del imperio Inca llamó a esta zona del planeta como Terra agétea o argentea, que proviene del latin “argentum” que significa plata. Nos describió como la “Tierra de la Plata”.

Se suponía que esta era la zona donde estaban las sierras llenas del metal precioso y eso impulsó a los españoles a ganar la carrera rapiñezca y llegar primero a las costas de lo que se llamó “el Río de la Plata”.

En 1601 un español llamado Martín del Barco Centenera escribió un poema que narra de manera épica la conquista de sudamérica y que contiene varios datos de la realidad de aquellos años. A esa publicación la tituló: La Argentina y conquista del Río de la Plata.

La popularidad del libro en el momento de su publicación influyó decisivamente para que fuera habitual denominar como la Argentina a la región que se extiende entre el Océano Atlántico Sur y los Andes en torno al Río de la Plata. Ese nombre fue finalmente adoptado como propio por el país que actualmente se denomina República Argentina”, según Wikipedia.

La rapiña motivacional

La intención de este primer artículo es comenzar a entender las motivaciones reales detrás de la primera campaña global registrada de conquista y rapiña ejecutada por tribus devenidas en naciones que nunca dejaron de pelear entre sí y que hoy llamamos europa.
Aunque España inició esta carrera y se convirtió por un tiempo en la primer potencia de la zona, luego Francia e Inglaterra dominarían la escena siendo triunfante la tribu anglosajona como Reino Unido hasta la segunda guerra mundial y luego como Estados Unidos.

¿Suena chocante que le llamemos tribus? 

Tribu es la manera que los conquistadores despectivamente siempre utilizaron para con las sociedades y organizaciones que ellos conquistaron y consideraron primitivas.
El uso de esta terminología es calco de lo que sus “papás romanos” le hicieran como bullying y se utiliza para reforzar la idea de la superioridad de la “civilización” y el merecimiento del conquistador de obtener los beneficios de la colonización por su supremacía, incluida la racial. Esto está en el ADN de  la cultura occidental, nos impregna por todos lados y es preciso utilizar este recurso lingüístico para exponerlo.
Occidente se comporta como él mismo describe a las tribus, solo que ahora en vez de “seres primitivos con garrotes” son salvajes con misiles y armas nucleares.

Una observación necesaria

Las sociedades no son homogéneas, hay sectores dentro de la misma y para todos es visible que unos tienen más poder económico que otros. Estos sectores o clases más pudientes son los que tienen el llamado “poder real” y en las épocas de las que hablamos eran señores feudales, esclavistas, nobles y reyes.
Los pueblos oprimidos de europa son víctimas, no son responsables de las consecuencias de las conquistas y las guerras, del saqueo o los genocidios que si son culpa de sus élites económicas y gobernantes. Cuando mencionamos a una tribu o nación, la referencia es hacia quienes dominan y a quienes por codicia y mezquindad se suman a las atrocidades independientemente de su origen social.

Volviendo a Argentina

Si alguno se pregunta qué tiene que ver esto con el nombre de nuestro país, la respuesta es que todo. No sólo nuestro nombre es por el punto en el GPS medieval que marca dónde creían se encontraba la plata que hay que saquear, sino porque la cultura dominante, la de la clases poderosas que moldearon este país, nos dice que bajamos de los barcos y por lo tanto somos una digna tribu superior y europea.
Invisibiliza la conquista, oculta la masacre, el despojo, los etnicidios y oculta hasta nuestro mestizaje potenciando la discriminación y el racismo.

Somos Argentina, la tierra de la plata, tierra de riquezas que debería dejar de ser objeto del saqueo que continúa con otras formas y dar frutos para nuestro pueblo diverso, multi étnico, plurinacional y hermoso.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

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Opinión

Vacaciones, amigos, familia y solidaridad.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

En verano hace más calor y eso nos obliga a andar más despacio.

También es un tiempo de receso de la actividad escolar, con todo lo que eso implica para el ritmo de vida familiar. Los chicos no necesitan levantarse tan temprano, no hay que luchar para que no lleguen tarde al colegio. No hay que arrancar a las corridas todos los días.

Y si los hijos son más grandes, están con mayor disponibilidad horaria, y aprovechan a salir con amigos. Los adultos andamos un poco menos acelerados. Algunos papás y mamás es probable que también tengan unos días de vacaciones del trabajo cotidiano.

Es un tiempo oportuno para fortalecer los lazos familiares y hacer varias cosas para las cuales durante el año nos cuesta encontrar los momentos propicios. Es bueno proponerse aprovechar el espacio en cuestiones concretas: jugar en familia, visitar amigos o familiares que hace tiempo no vemos, salir a pasear juntos. También es bueno disponerse a leer un libro que nos enriquezca el alma.

Dependiendo del lugar en el cual nos encontremos podemos contemplar la obra creada por Dios. El Papa Benedicto XVI decía que el mundo es como un libro escrito por Dios para hacernos llegar su mensaje de amor. La belleza de las montañas, los lagos, los ríos, el mar, o una arboleda en el parque nos pueden ayudar a dar gracias a Dios por la creación.

Tenemos que evitar caer en la tentación de que cada uno esté en su mundo, sin compartir momentos en comunión. Al tener más tiempo el riesgo está en dejarnos absorber por la televisión, el celular, la computadora.

Es importante fomentar espacios de convivencia en los cuales haya momentos largos para el diálogo, compartir anhelos, proyectos, fracasos…

Son oportunidades para abrir el corazón y dar el tiempo a otros cercanos en el afecto.

Nos dice Francisco que “el pequeño núcleo familiar no debería aislarse de la familia ampliada, donde están los padres, los tíos, los primos, e incluso los vecinos. En esa familia grande puede haber algunos necesitados de ayuda, o al menos de compañía y de gestos de afecto, o puede haber grandes sufrimientos que necesitan un consuelo. El individualismo de estos tiempos a veces lleva a encerrarse en un pequeño nido de seguridad y a sentir a los otros como un peligro molesto. Sin embargo, ese aislamiento no brinda más paz y felicidad, sino que cierra el corazón de la familia y la priva de la amplitud de la existencia”. (AL 187)

He conocido muchas familias que aprovechan las vacaciones para salir a misionar, realizar alguna tarea solidaria con los más pobres. Una manera hermosa de acercarse a quienes esperan una palabra de aliento.

Aprovechar el tiempo en el servicio a los demás es una manera de ganarlo.  Ante la presencia en los diarios y en los noticieros (a veces con insistencia) de personas que hacen daño al prójimo, a la creación y a sí mismos, se nos puede pasar por alto tanta generosidad en muchos más. El otro día escuchaba a un sacerdote que predicaba “hace más ruido un árbol que cae en el bosque, que los miles que van creciendo en ese mismo momento”.

Hay gente buena que no se destaca ni brilla. Las mamás que educan a sus hijos, les tratan con ternura, les enseñan a decir la verdad… Los abuelos y abuelas que cuidan a sus nietos. Vecinos que se ayudan y acompañan. Enfermos que son asistidos por sus familiares y amigos. “La santidad de la puerta de al lado”, como le llama Francisco.

Gente que en medio de un clima egoísta e individualista no mira más allá del metro cuadrado que ocupa. Son buenos ejemplos que arrastran y conmueven, interpelan y cuestionan la tibieza imperante. Unos cuantos se ponen de acuerdo para hacer el bien desde los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales, las cooperativas…

Quisiera resaltar de modo particular a los grupos misioneros que durante el verano se multiplican por todo el País. Entre sus miembros hay algunos adultos, familias, religiosos, sacerdotes, diáconos, pero en su mayoría son jóvenes. Ellos dedican parte de sus vacaciones (o todos los días que disponen) para ir al encuentro de otros, en general a lugares pobres. Encarnan el pedido de Francisco de ser “Iglesia en salida, pobre y para los pobres”.

Algunos se dedican a servicios solidarios de trabajo manual: construir o arreglar casas, pintar escuelas o centros de salud, reparar capillas o centros de catequesis.

En las vacaciones demos tiempo y vida a la familia, los amigos y la solidaridad.

El pasado 15 de enero, se conmemoró un nuevo aniversario del terremoto de 1944, en San Juan. Según relatos de aquel tiempo, en torno a las 20.50 se produjo la mayor tragedia del pueblo argentino. Un par de minutos interminables. Se consignan 10.000 muertos y miles de heridos, junto con la destrucción casi por completo de la ciudad.

Viendo fotos de edificios derrumbados emerge el sentimiento de desolación de tantas familias y de toda una comunidad. Una dolorosa experiencia que queda grabada en la memoria colectiva de los sanjuaninos. Y hace un año, el 18 de enero, hubo otro temblor que hizo vivir horas de angustia e incertidumbre, destruyendo viviendas de los más pobres. Renovemos el compromiso y la oración.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

Foto: tiempodesanjuan

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