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Opinión

Vacaciones, amigos, familia y solidaridad.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

En verano hace más calor y eso nos obliga a andar más despacio.

También es un tiempo de receso de la actividad escolar, con todo lo que eso implica para el ritmo de vida familiar. Los chicos no necesitan levantarse tan temprano, no hay que luchar para que no lleguen tarde al colegio. No hay que arrancar a las corridas todos los días.

Y si los hijos son más grandes, están con mayor disponibilidad horaria, y aprovechan a salir con amigos. Los adultos andamos un poco menos acelerados. Algunos papás y mamás es probable que también tengan unos días de vacaciones del trabajo cotidiano.

Es un tiempo oportuno para fortalecer los lazos familiares y hacer varias cosas para las cuales durante el año nos cuesta encontrar los momentos propicios. Es bueno proponerse aprovechar el espacio en cuestiones concretas: jugar en familia, visitar amigos o familiares que hace tiempo no vemos, salir a pasear juntos. También es bueno disponerse a leer un libro que nos enriquezca el alma.

Dependiendo del lugar en el cual nos encontremos podemos contemplar la obra creada por Dios. El Papa Benedicto XVI decía que el mundo es como un libro escrito por Dios para hacernos llegar su mensaje de amor. La belleza de las montañas, los lagos, los ríos, el mar, o una arboleda en el parque nos pueden ayudar a dar gracias a Dios por la creación.

Tenemos que evitar caer en la tentación de que cada uno esté en su mundo, sin compartir momentos en comunión. Al tener más tiempo el riesgo está en dejarnos absorber por la televisión, el celular, la computadora.

Es importante fomentar espacios de convivencia en los cuales haya momentos largos para el diálogo, compartir anhelos, proyectos, fracasos…

Son oportunidades para abrir el corazón y dar el tiempo a otros cercanos en el afecto.

Nos dice Francisco que “el pequeño núcleo familiar no debería aislarse de la familia ampliada, donde están los padres, los tíos, los primos, e incluso los vecinos. En esa familia grande puede haber algunos necesitados de ayuda, o al menos de compañía y de gestos de afecto, o puede haber grandes sufrimientos que necesitan un consuelo. El individualismo de estos tiempos a veces lleva a encerrarse en un pequeño nido de seguridad y a sentir a los otros como un peligro molesto. Sin embargo, ese aislamiento no brinda más paz y felicidad, sino que cierra el corazón de la familia y la priva de la amplitud de la existencia”. (AL 187)

He conocido muchas familias que aprovechan las vacaciones para salir a misionar, realizar alguna tarea solidaria con los más pobres. Una manera hermosa de acercarse a quienes esperan una palabra de aliento.

Aprovechar el tiempo en el servicio a los demás es una manera de ganarlo.  Ante la presencia en los diarios y en los noticieros (a veces con insistencia) de personas que hacen daño al prójimo, a la creación y a sí mismos, se nos puede pasar por alto tanta generosidad en muchos más. El otro día escuchaba a un sacerdote que predicaba “hace más ruido un árbol que cae en el bosque, que los miles que van creciendo en ese mismo momento”.

Hay gente buena que no se destaca ni brilla. Las mamás que educan a sus hijos, les tratan con ternura, les enseñan a decir la verdad… Los abuelos y abuelas que cuidan a sus nietos. Vecinos que se ayudan y acompañan. Enfermos que son asistidos por sus familiares y amigos. “La santidad de la puerta de al lado”, como le llama Francisco.

Gente que en medio de un clima egoísta e individualista no mira más allá del metro cuadrado que ocupa. Son buenos ejemplos que arrastran y conmueven, interpelan y cuestionan la tibieza imperante. Unos cuantos se ponen de acuerdo para hacer el bien desde los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales, las cooperativas…

Quisiera resaltar de modo particular a los grupos misioneros que durante el verano se multiplican por todo el País. Entre sus miembros hay algunos adultos, familias, religiosos, sacerdotes, diáconos, pero en su mayoría son jóvenes. Ellos dedican parte de sus vacaciones (o todos los días que disponen) para ir al encuentro de otros, en general a lugares pobres. Encarnan el pedido de Francisco de ser “Iglesia en salida, pobre y para los pobres”.

Algunos se dedican a servicios solidarios de trabajo manual: construir o arreglar casas, pintar escuelas o centros de salud, reparar capillas o centros de catequesis.

En las vacaciones demos tiempo y vida a la familia, los amigos y la solidaridad.

El pasado 15 de enero, se conmemoró un nuevo aniversario del terremoto de 1944, en San Juan. Según relatos de aquel tiempo, en torno a las 20.50 se produjo la mayor tragedia del pueblo argentino. Un par de minutos interminables. Se consignan 10.000 muertos y miles de heridos, junto con la destrucción casi por completo de la ciudad.

Viendo fotos de edificios derrumbados emerge el sentimiento de desolación de tantas familias y de toda una comunidad. Una dolorosa experiencia que queda grabada en la memoria colectiva de los sanjuaninos. Y hace un año, el 18 de enero, hubo otro temblor que hizo vivir horas de angustia e incertidumbre, destruyendo viviendas de los más pobres. Renovemos el compromiso y la oración.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

Foto: tiempodesanjuan

Opinión

Escuchar y caminar juntos.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

Este es el lema en esta semana para afianzar la adhesión a la Encíclica Laudato si’, que el Papa Francisco publicó el 24 de mayo de 2015, de la cual se van a cumplir 7 años.

Buscamos sensibilizarnos acerca de las cuestiones del cuidado de la casa común, promover la conversión ecológica que nos ayude a mejorar el vínculo con el ambiente, la justicia en la distribución de los bienes, la atención a los pobres.

Francisco nos impulsa al compromiso con un estilo de vida más sobrio y sostenible con la creación como don de Dios.

El lema hace referencia a mirar el mundo desde la convocatoria sinodal. “Escuchar” es la actitud fundamental de este tiempo. El Papa nos llamó a “Escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS 49).

“El clamor de la tierra” se escucha y se ve en la crisis ambiental que padecemos: el calentamiento global, los desastres por la tala de árboles indiscriminada de bosques nativos, la sobreexplotación de las especies marinas, la contaminación del aire, la desertificación de los suelos.

“El clamor de los pobres” nos llega especialmente porque son ellos quienes no tienen acceso al agua potable o los suelos más fértiles. A su vez, van creciendo los desplazados ambientales. Escucharlos no sólo en sus reclamos y demandas, sino también en su sabiduría y aportes en el buen vivir. Ellos tienen para enseñarnos desde su experiencia y espiritualidad.

La otra parte del lema nos llama a “caminar juntos”; podríamos decir a hacer historia, construir otros modelos económicos basados en la dignidad humana, la equidad y la justicia. Que el fin último no sea el lucro o la ganancia a toda costa. La avaricia y la acumulación nos lleva al desprecio de la obra creadora de Dios.

En este caminar juntos la espiritualidad ocupa un lugar preponderante. No son sólo cuestiones técnicas sino vinculadas a los estilos de vida y los horizontes de sentido.

No es una cuestión exclusivamente religiosa. Debemos ser capaces de compartir estas inquietudes con otras instituciones, universidades, organizaciones sociales, comunidades de diversas religiones, para construir juntos un mundo más humano.

Vinculada con esta dimensión social de la fe vamos a iniciar una propuesta formativa en la Universidad Católica de Cuyo, desde el Instituto de Formación Docente Santa María y con la participación de la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de San Juan. Creamos la “Escuela de Liderazgo Social” que propone generar y ofrecer un espacio para nutrir la experiencia y crecer.

Para lograr los cambios necesarios en nuestra sociedad hacen falta líderes sociales que puedan capacitarse y formarse en las herramientas imprescindibles desde una cosmovisión cristiana.

El estilo formativo tiene una dimensión académica, conjugada con la práctica de experiencias concretas. No se trata de abstracciones que alejan de la realidad.

Las propuestas son variadas: cursos, diplomados, investigaciones, todo tendiente a la amistad social y promover la cultura del encuentro.

La centralidad estará puesta en la cercanía con los pobres y más frágiles de la sociedad. Es imprescindible estar abiertos a aprender de otros modos de vínculos sociales.

Las propuestas van a combinar lo virtual con lo presencial.

Uno de los objetivos es potenciar el cuidado de la vida de “punta a punta” y de la casa común, la búsqueda de la justicia, la paz, el diálogo.

Sumate.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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La estrategia electoral de la oposición que puede hambrear a los argentinos.

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Por Luis Bruschtein – Nota publicada el 21/05/2022 en Página 12.

Estados Unidos –que prohibió la exportación de material de salud durante la pandemia–, acaba de anunciar que el G-7 podría funcionar como un cartel del petróleo para frenar la disparada de precios. Y el gobierno conservador de la India acaba de cerrar la exportación de trigo, en tanto que el Banco de Inglaterra advirtió sobre una “apocalíptica” falta de alimentos. El titular de la ONU, Antonio Guterres, advirtió el miércoles sobre el “espectro de una escasez mundial de alimentos” en los próximos meses. En Argentina, uno de los principales países afectados por estos coletazos de la guerra en Ucrania, la oposición ató de pies y manos al gobierno y lo dejó sin recursos para defenderse. En una guerra sería traición a la Patria.

Desde que empezó la guerra, el valor del trigo aumentó el 50 por ciento, y en la última semana, con la decisión de la India, pegó otro salto del 6 por ciento. Ucrania y Rusia proveen el 12 por ciento del trigo en el planeta y según la FAO, el alto costo de los alimentos básicos hizo que de 440 millones de personas que en el mundo no tenían asegurados sus alimentos, ahora pasaran a ser 1.600 millones de personas las que sufrirán hambre o penurias.

Argentina es un gran productor de alimentos, pero la disparada de precios hizo que la crisis golpeara a la población local de la misma manera que en los países que no producen alimentos y muchas familias no podrán satisfacer sus necesidades alimentarias mínimas. Si no se desenganchan los precios locales de los internacionales, algunos argentinos morirán de hambre, mientras que otros ganarán fortunas multimillonarias a costa de la desgracia de sus compatriotas.

Retenciones, sí o no.

La herramienta para separar los precios son las retenciones. No significa que la cadena de producción pierda su ganancia, sino que mantenga las ganancias como en situaciones normales –lo que de todas maneras implicaría ganancias importantes– pero de esa manera, el pueblo argentino tendría acceso a sus alimentos básicos.

La paradoja es que este gobierno había decidido, incluso a pesar de una fuerte presión interna, que no tocaría las retenciones porque le parecía que se trataba de un tema con mala historia y envenenado por la oposición. Esta semana, al recordar esta decisión, el presidente indicó que se hizo una marcha de productores rurales contra el impuesto a las ganancias inesperadas, y contra las retenciones a la harina y el aceite de soja, cuando a ese sector no lo afectaba ninguna de los dos. “Los que hablaron en la Plaza, no fueron productores, fueron todos dirigentes de la oposición” recordó.

Para no aplicar retenciones, el gobierno propuso crear un fideicomiso para comprar trigo, pero entonces se opuso el sector molinero porque eso implicaría “intervencionismo” estatal. A su vez, el sector productor de alimentos –dominado por cuatro o cinco corporaciones– actúa con la voracidad de los buitres y ninguno de esos sectores, incluidos los del campo, tienen ni una idea aproximada del caos y la violencia que se podría provocar si mantienen esa intención de hambrear a los sectores más vulnerados de la población y restringir al máximo el consumo en las capas medias que ya han disminuido drásticamente el consumo de carne y derivados del trigo. Ni siquiera han podido reemplazar la carne por otros alimentos ya que también se disparó el precio de los pollos y de la carne de cerdo.

Un mundo muerto de hambre.

The Economist, una publicación derechista y neoliberal, señala en su última edición que ya hay 250 millones de personas al borde de la hambruna en el mundo y “cientos de millones más caerán en la pobreza, el malestar político se extenderá, los niños sufrirán retraso en el crecimiento y la gente morirá de hambre”.

La publicación conservadora y neoliberal no cambió de ideología, simplemente tiene los ojos abiertos: en Alemania hay protestas y huelgas contra la inflación, igual en la Francia del reciente ganador de las elecciones Emmanuel Macron, pero allí no son ni la sombra de las protestas que se producen en Irán o en Sri Lanka.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey (el que advirtió sobre la hambruna), está desesperado por el incremento de la inflación, arrastrada por los precios de la energía y los alimentos. El malestar en sectores bajos y medios de Gran Bretaña puede estallar en cualquier momento. Ellos no producen alimentos ni petróleo. “No tengo herramientas, estoy indefenso ante los aumentos en el mercado global, que escapan a nuestro control”. El hombre vaticinó un “choque de ingresos” (muy altos y muy bajos) muy grande” con el consecuente conflicto social que provocaría. Inglaterra espera una inflación anual de dos dígitos, una enormidad para un país que prácticamente no ha sufrido ese problema.

La guerra entre Ucrania y Rusia puso de manifiesto la fragilidad del sistema alimentario mundial. Antes, esta guerra no hubiera producido los mismos efectos desastrosos. En la actualidad, el sistema de interrelaciones e interdependencia mundial impacta en todo el planeta. Pero a diferencia de los ingleses, los argentinos no están indefensos, porque aquí sí se producen alimentos y hay petróleo. Hay herramientas para poner una malla defensiva que proteja al país del impacto ruinoso de la crisis mundial provocada por la guerra.

Una oposición en Babia.

Obligado por la crisis, el gobierno conservador de Inglaterra está estudiando aumentar los impuestos. Aquí, a la oposición macrista actúa como si estuviera en Babia: solamente se le ocurre proponer lo contrario: bajar los impuestos y sacar las retenciones con lo cual la inflación y los precios de los alimentos llegarán a la luna. La oposición no toma conciencia del mundo que hay fuera de su burbuja de promesas electorales.

El gobierno, que tiene la responsabilidad de tomar decisiones, también quedó frente a una encrucijada de hierro. Ya no vale siquiera la perspectiva electoral. De alguna manera es lo que se evidencia en las declaraciones de Alberto Fernández después de regresar de su gira europea. La misma persona que se mostraba reacia a plantear las retenciones, ahora dice públicamente que constituyen la herramienta para separar los precios internos de los externos y que no tiene fuerza suficiente en el parlamento como para aprobarlas.

Los que promueven la tragedia.

Pero la oposición y todo el conglomerado relacionado con la producción de alimentos, tampoco pueden salir indemnes de esta crisis de la que, aparentemente no han tomado conciencia de su volumen y profundidad. Si mantienen una posición irreductible como hasta ahora, ya no serán responsables sólo de un aumento de precios, sino también de la hambruna de amplios sectores y de la alta conflictividad social que irá asociada con ella. 

Hasta ahora han usufructuado la protección de las corporaciones mediáticas que ocultan sus responsabilidades en esta tragedia anunciada. Pero cuando empeore la carestía y se instale a sus anchas será difícil que las corporaciones mediáticas aplaquen la reacción furiosa de los hambrientos. 

Algunos dirigentes rurales dijeron que estaban dispuestos a organizar un banco de alimentos para los más vulnerables. Es cierto que para ellos es más grave, pero es un problema del país, más amplio. Son ciegos si no ven que el descontento de la sociedad les puede arruinar el mejor negocio.

Muchas frases pueden sonar alarmistas, pero se convierten en razonables después de leer la prensa internacional y ver cómo la oposición local, las patronales del campo y la industria alimenticia obstruyen todos los intentos para evitar una tragedia.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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Opinión

Prepararse.

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Por Artemio López – Nota publicada el 20/05/2022 en Perfil.

Informó el Indec que una familia de cuatro integrantes necesitó $ 95.260,37 para superar el umbral de pobreza en abril de 2022: 6,2% más que el mes previo. Muy lejos de la media salarial existente.

La estrechez salarial que atraviesan las familias argentinas fue descripta con precisión por Máximo Kirchner en el acto partidario realizado en la localidad de Lanús. Señaló el presidente del PJ bonaerense: “En diciembre del 19, el salario mínimo vital y móvil era de 16.875 pesos y la canasta básica alimentaria de una familia tipo, cuatro personas, 15.584, un poquito arriba. Diciembre del 20, después de la pandemia y después de los esfuerzos que reconozco que se hicieron y que todos ayudamos para que se realizaran, el salario mínimo era de 20.588 pesos y la canasta básica, de 22.681, 2 mil pesos abajo. Diciembre del 21, el salario mínimo vital y móvil, 32 mil pesos; la canasta básica, 32.964, emparejamos un poquito. Palo y palo. Marzo del 22, el mínimo 33 mil pesos y la canasta 39 mil pesos, 6 mil pesos abajo. Por eso lo pedimos, no para lucirnos, no para ver quién corre por izquierda a quién. Nosotros creemos que la economía funciona cuando nuestro pueblo puede tener acceso a los bienes y a los servicios. Nada más”.

La estrechez no se circunscribe al salario mínimo vital y móvil y parece una tendencia que se perpetúa. Según el índice de salarios publicado por el Indec, durante el primer trimestre de 2022 los salarios de los trabajadores aumentaron 14,9% pero quedaron por debajo de la inflación acumulada, que fue de 16,1%.

La descontrolada suba de precios en los artículos de primera necesidad verificada en las últimas semanas ya se llevó puesto el adelantamiento de los incrementos en el salario mínimo vital y móvil que dispuso el Gobierno. En concreto, cuando se ajuste a $ 45.540, a partir del 1° de junio, no alcanzará para cubrir el costo de los alimentos necesarios para superar la indigencia, que se estima estará entonces en torno a los $ 46 mil.

Por otro lado, la Anses informó que a partir del mes próximo comenzará a aplicarse el segundo aumento trimestral de 2022 para jubilaciones, pensiones y asignaciones, por lo que recibirán un aumento del 15%.

Con este aumento, la jubilación mínima a partir de junio ascenderá a 37.524,96 pesos, mientras que la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Asignación por Embarazo para Protección Social aumentarán a 7.332 pesos. Ambas prestaciones por debajo de la línea de indigencia y pobreza respectivamente.

A la injusticia que suponen estos niveles de ingresos, la pregunta que surge es si puede sostenerse el crecimiento económico con estos niveles salariales, jubilaciones, pensiones y otros componentes de ingresos del hogar.

Si el modelo a seguir es el inaugurado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández, donde el 75% del crecimiento se basaba en el consumo doméstico, la respuesta es no, rotundamente no.

Ahora bien, como los años 90 lo mostraron, se puede crecer generando más pobreza y desigualdad.

En la recuperación del año 2021 los motores fueron otros. Según Cifra, la caída del salario promedio anual de los trabajadores registrados en el sector privado fue del 2,3% en 2021, en tanto que la de los no registrados fue del 7,1%. La perspectiva es negativa si se tiene en cuenta la aceleración del proceso de inflación en febrero, marzo y abril de 2022 (4,7%, 6,7% y 6% respectivamente). “Bajo esas circunstancias, dice el informe citado, se acentúa la tendencia regresiva en términos de la distribución del ingreso que se inició en 2018. La caída en la participación de los asalariados en el ingreso fue del 48,0% al 43,1% entre 2020 y 2021, cuando en 2017 era de 51,8%. A la inversa, el excedente apropiado por los empresarios subió del 50,5% al 54,3% del PBI entre 2020 y 2021, cuando en 2017 era del 46,4%. Esto explica que la reactivación económica haya estado empujada por la inversión y, en menor medida, las las exportaciones, mientras que el peso del consumo privado se desplomó a un nivel más bajo que el de la gran crisis de 2002 (61,8%)”.

Finalmente, parafraseando a Raúl Alfonsín, si este modelo de crecimiento inversión-exportaciones se perpetuara, y más allá de su dudosa sustentabilidad, la Argentina deberá preparase para crecer, si las condiciones externas –en especial para el sector agroexportador– le son favorables, y el Gobierno, para enfrentar dificultades electorales.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan.

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