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Opinión

Violencia política en la Argentina del siglo XX: militantes católicos en el 55 y en los años setenta.

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La presente es la décimo segunda entrega que forma parte de una serie de notas sobre la violencia política en la Argentina, en las que intento un análisis del contexto, la oportunidad, los costos, y los limites de la violencia política. 
Aldo Duzdevich

Militantes católicos en el 55 y en los años setenta

En esta nota voy hablar de la militancia católica, entre ellos muchos sacerdotes (algunos de los cuales conocí) excelentes personas, que en 1955 adhirieron o militaron contra Perón. Y  que luego, en los años setenta, acompañaron las luchas populares e incluso el nacimiento de las organizaciones armadas, en especial Montoneros.

Decir antiperonista no es un juicio de valor, es una descripción de ubicación política en determinado momento de la historia. Que según desde donde se mire, se puede presumir equivocada o correcta. Yo creo que en política solo hay verdades parciales; y que el otro a quien considero mi adversario o enemigo también tiene su parte de verdad.

En 1930 Perón apoyó el golpe contra Yrigoyen, de lo que se arrepintió después. Y solía decir: “hay una linea nacional, que nace en la Primera Junta, Rosas, Yrigoyen y Perón…”, o sea se consideraba como una continuidad del yrigoyenismo, pero, había contribuido a voltearlo.  No debe sorprendernos entonces que muchos sacerdotes e intelectuales católicos, en 1955 apoyaron la “revolución libertadora”,  en los años setenta los encontremos en posiciones afines al peronismo o a la izquierda.

Perón  y la Iglesia, un conflicto inútil.

Cuando planteamos revisar los errores del peronismo en los años 50, lo primero que surge es el conflicto con la Iglesia. Previo al golpe, la Iglesia ofició como catalizador de toda la oposición. Liberales, socialistas, radicales, comunistas, conservadores se encolunaron en multitudinarias procesiones detrás de la bandera pontificia y  el “todos somos la Iglesia” . Cincuenta años después, en una versión menor, un gobierno peronista tuvo su “todos somos el campo”. 

En sus inicios, Peronismo – Iglesia fueron sólidos aliados. Perón y Evita eran devotos católicos. Peron explicaba que la doctrina peronista nació de la doctrina social de la Iglesia. A fines de 1945 la Iglesia emitió una Pastoral, que solapadamente instaba votar al peronismo.

En 1947 el peronismo sancionó la ley de enseñanza religiosa en las escuelas publicas. Con la enseñanza religiosa, la Iglesia afirmó su poder y ensanchó su base popular. Pero al poco tiempo, se vio que entre los aliados (Peronismo-Iglesia) no había comunión sino competencia.

La Fundación Eva Peron ocupó el espacio de la “caridad católica”. Evita reivindicaba un cristianismo de los pobres; en contraposición al clericalismo de las jerarquías eclesiásticas. Tras su fallecimiento, Evita se convirtió en una especie de santa popular. En las casas humildes crecieron altares con su retrato rodeado de velas. Esto también molestó a un sector de la Iglesia.

Los sectores nacionalistas católicos que habían votado al peronismo, se sintieron molestos y traicionados por el “obrerismo” de Perón. Otro foco de tensión nació a partir de las mayores libertades y reconocimientos a otros cultos religiosos  por parte del gobierno.

El punto de quiebre para Peron fue la creación -con auspicio eclesial –  de la Democracia Cristiana (DC) en julio de 1954, de sesgo  abiertamente antiperonista. El conflicto aumentó en septiembre  por la disputa del estudiantado secundario -en Córdoba – entre los jóvenes católicos y la UES.

A fines  de 1954,  Perón dio un duro discurso acusando de conspiración a varios de curas y obispos que mencionó con nombre y apellido. Con la guerra declarada, el gobierno suprimió  la enseñanza y feriados religiosos. Y envió al Congreso  las leyes de divorcio; de equiparación de hijos legítimos e ilegítimos; de reglamentación de la prostitución y la separación de Iglesia-Estado.

A partir de ese momento los púlpitos de las iglesias se convirtieron en barricadas antiperonistas. Las esposas de los militares que concurrían asiduamente a misa, volvían a sus hogares con el discurso de que Perón era el anti-Cristo.

El punto mas alto se alcanzo el 16 de junio de 1955,  cuando aviones de la marina pintados con la cruz de Cristo-Vence bombardearon al pueblo indefenso produciendo 308 victimas fatales. Esa noche los agredidos “desde el cielo” descargaron su bronca incendiando varias iglesias en el centro de Buenos Aires.

Los jóvenes militantes católicos se sumaron  a los Comandos Civiles. Muchos colegios e iglesias se convirtieron en sitios donde se guardaban y distribuían  armas.    

Los jóvenes católicos de los años 60/70

Durante el gobierno peronista, la Iglesia desde  la Acción Católica promovió diferentes estructuras de jóvenes laicos para disputarle espacio político-social al peronismo. La organización para niños Aspirantes de Acción Católica, la JAC (Juventud de la Accion Catolica), la JEC (estudiantes secundarios), la JUC (universitarios), la JOC (obreros) . Estas estructuras se mantuvieron y renovaron después de 1955, llegando activas hasta los años 70.

Estas mismas organizaciones incluso,  en algunos sitios con los mismos guías espirituales, fueron semilleros de militancia setentista en especial de la organización Montoneros.

En 1973 Montoneros, -tal vez por coincidencia natural – va a organizar estructuras de superficie casi espejo a las de la Acción Católica: JP, (barrial) UES (secundarios), JUP (universitarios), JTP (obreros) .

Los grupos juveniles católicos y los sacerdotes que los guiaban, en los años 60, van a recibir la influencia del Concilio Vaticano Segundo convocado por Juan XXIII que revolucionó los conceptos político-sociales de la Iglesia. Como una derivación del Concilio, entre 1967/70 va a nacer en Argentina el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

Los jóvenes de izquierda tuvieron como referencia al Che Guevara. En cambio para los grupos católicos la referencia fue el sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres, muerto en combate en 1966.

Voy a exponer algunas de esas continuidades, en apariencia muy contradictorias, de la historia de estos grupos católicos.

Parroquia Cristo Obrero de Córdoba

Donde mayor envergadura tuvieron los Comandos Civiles fue en la ciudad de Córdoba; se calcula que participaron mas de 1500 civiles armados, entre ellos muchos estudiantes secundarios y universitarios. Entrevistado por Ismael Juri un protagonista de los enfrentamientos, Luis Bas recuerda: “en la Iglesia del Pilar, Quinto Cargnelutti proveía de armas a los chicos”.

El resistente peronista cordobés  Julio Ulderico Carrizo, recuerda haber visto en la Iglesia del barrio San Vicente al padre Lazaro y el padre Martinez repartiendo armas a los jóvenes católicos en los días de la “libertadora”; y también menciona al padre Quiroga de una iglesia de la calle Dean Funes como promotor de comandos civiles.

Isidoro Ruiz Moreno en su libro “La Revolución del 55”  escribe: “en Córdoba dos jóvenes sacerdotes acaudillaron el movimiento juvenil. Eran los padres Quinto Cargnelutti y Enrique Angelleli, el primero como jefe general y el segundo como encargado de la acción en las fabricas, a los cuales pronto se sumo el padre  Eladio Bordagaray liderando grupos en los Colegios Mayores que influían en los universitarios . (…) su local central se instaló en el edificio de la Acción Católica y otro en la Iglesia de Cristo Obrero”.

Quinto Cargnelutti años mas tarde abandono los hábitos y fue un dirigente del radicalismo cordobés. Angelleli que era asesor de la JOC con sede en Cristo Obrero siguió vinculado a los jóvenes.  En 1964, los sacerdotes Vaudagna, Gaido, Dellaferrera y Viscovich, que participaban de la linea pos-conciliar, hicieron declaraciones publicas que causaron conmoción interna.  Enrique Angelleli que (para ese entonces) era Obispo Auxiliar en Córdoba, salió en su defensa, lo que originó una sanción y su exclusión temporal del gobierno eclesiástico . Unos años después en la Parroquia Cristo Obrero donde concurrían los padres Vaudagna, Gaido, Dellaferrera, Alberione, Rojas y Fugante, va a nacer el primer grupo originario cordobés  de la organización Montoneros.

El padre Ernesto Leyendeker del Ateneo Santa Fe

En Santa Fe, el Colegio Jesuita La Inmaculada y el Ateneo Universitario  fueron los centros de la militancia antiperonista. Incluso en septiembre del 55, el Ateneo de Santa Fe  emitió un comunicado “desde la clandestinidad” saludando a la “Libertadora” y pidiendo que se retiren cuadros y bustos peronistas de los claustros universitarios. El padre Leyendeker asesor del Ateneo, fue uno de  los “curas conspiradores”  mencionados por Peron en su discurso del 10 de noviembre de 1954 .

En 1969 entre los jóvenes del Colegio Mayor y el Ateneo Universitario,  va a salir el grupo fundacional de Montoneros Santa Fe. Sus asesores espirituales eran los padres Ernesto Leyendeker, Rafael Yacuzzi y Ruben Dri.  Y,  el Colegio Inmaculada en los 70 pasará a ser catalogado como “cuna de montoneros” porque de sus aulas saldrán una docena de conocidos militantes montoneros.

El padre Carlos Mugica

En Capital Federal el núcleo fundacional de Montoneros (Firmenich, Abal Medina, Ramus y otros) eran militantes del JEC (secundarios católicos) del Nacional Bs As. , y su asesor espiritual era el padre Carlos Mugica.  Los Mugica eran una familia anti-peronista; su padre Adolfo fue en 1956 integrante de la Junta Consultiva que avaló los 29 fusilamientos de Aramburu. Carlos Mugica reconoció que siendo seminarista participó  “del júbilo orgiástico de la oligarquía por la caída de Perón”. Sin embargo su pensamiento cambió y al momento de su asesinato era un ferviente peronista que incluso se había distanciado de Montoneros por no coincidir con su política de enfrentamiento a Perón.

El cuarto grupo originario de Montoneros que lideraba Sabino Navarro también tenía origen católico. Sabino (el único obrero que tuvo la conducción de montoneros) había sido militante de la JOC (Juventud Obrera Católica).

Padre Santiago Raúl Mac Guire de Rosario

En el libro “Los Panfletos – Su aporte a la Revolución Libertadora” de Felix Lafiandra (h) , una recopilación de panfletos antiperonistas de 1954/55, aparece  la detención de varios sacerdotes por el delito de desacato y otros. Los sacerdotes mencionados son: Egidio Esparza, de Capital Federal;  Jesús Borlandelli, cura párroco de Cañuelas; Aldo Usseglio, cura párroco de Tortugas (Santa Fe); Antonio Lorenzo Fratin, cura párroco de Josefina (Pcia. de Santa Fe), Juan Requena, teniente cura de Lincoln (Buenos Aires); Edilio Moncalvo, teniente, cura de la parroquia de La Merced, de Villa Ballester (Buenos Aires);  Miguel S. Fox, cura párroco de Alberti (Pcia. de Buenos Aires) en todos los casos se menciona la imputación y el juez interviniente.

Entre este listado aparece el padre Santiago Raúl Mac Guire, acusado de haber “incurrido en
desacato al Sr. Presidente de la República, en un sermón pronunciado el domingo 24 de abril, en la misa celebrada en la capilla del Centro de Salud San José, de la Ciudad Evita (ex- Cañada de Gómez). Prisión preventiva decretada por el Juez Federal, Dr. Affranchino Rumi, de Rosario

Santiago Mac Guire en los sesenta fue uno de los mas activos promotores del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. En 1968 dejo los hábitos y se caso pero siguió vinculado al trabajo social en la Parroquia Itati del barrio Saladillo de Rosario. Años después paso a colaborar con la organización Montoneros.  En abril de 1978,  Mac Guire fue secuestrado, torturado y finalmente paso a estar detenido a disposición del PEN hasta 1983.

El Seminario de Villa Devoto

El Seminario de Villa Devoto hasta 1959, estuvo dirigido por la Compañía de Jesús . A partir de esa fecha lo toma el clero diocesano y su primer Rector es  el Padre Eduardo Pironio quien propicia una gran apertura teológica y pastoral. Allí se formaron entre otros, los curas: Alejandro Mayol,  Carlos Mugica,   Rodolfo Ricciardelli, Jorge Galli, Jorge Goñi. Domingo Bresci, Eliseo Morales, Juan de Laurenti.

Entre los seminaristas estaban: Eduardo Moreno, Jose Pepe Ledesma, Eduardo Ciordia, Federico Mirré, Ricardo Agazzi, Titi Grilia; J.C. Saccomanno, el “Negro” Montero, Jose Deslarmes,  Carlos Falaschi, Arturo Ferre Gadea, varios de estos jóvenes seminaristas tendrán participación en las FAP  y Montoneros.

El Colegio Máximo de San Miguel estaba considerado por el gobierno peronista como el centro de acopio de armas y explosivos de los Comandos Civiles. Veinte años después Jorge Bergoglio lo abrirá a los intelectuales del pensamiento nacional y popular, y su tercer piso servirá de refugio de paso para algunos jóvenes perseguidos por la dictadura de 1976.  

La participación política y el mal manejo de la utopía

La Iglesia Católica tuvo un rol central en la oposición y golpe contra el peronismo en 1955. De sus filas salieron muchos jóvenes católicos que empuñaron armas como Comandos Civiles contra el gobierno constitucional del General Perón.

En los años setenta importantes sectores de la Iglesia renovados en su concepción y práctica por el Concilio Vaticano II, van a ser fermento y semilla de militancia revolucionaria en toda América Latina. En nuestro país la organización  Montoneros nació del seno de grupos católicos, y como hemos visto en algunos casos vinculados a sacerdotes que en 1955 habían estado en el antiperonismo. En ambos momentos históricos estuvo presente la violencia en manos de los mas jóvenes.

El Papa Francisco el 28 de febrero del 2014, en su discurso a los miembros de la Pontificia Comisión para América Latina, expresó: “Otra cosa que es importante  transmitir a la juventud, es el buen manejo de la utopía. Nosotros en América Latina hemos tenido la experiencia de un manejo no del todo equilibrado de la utopía y que en algún lugar, en algunos lugares, no en todos, en algún momento nos desbordó. Al menos en el caso de Argentina podemos decir cuántos muchachos de la Acción Católica, por una mala educación de la utopía, terminaron en la guerrilla de los años ’70. Saber manejar la utopía, saber conducir –manejar es una mala palabra–, saber conducir y ayudar a crecer la utopía de un joven es una riqueza.”

Las palabras de Francisco abren la puerta a un análisis, sobre un aspecto del papel de la Iglesia, que todavía no ha sido puesto en debate.


Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Ahora San Juan

Opinión

La Rebelión de las Creaturas.

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En

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

El Planeta sufre. Hay vida que se está enfermando y destruyendo. Está en riesgo la existencia humana y todo lo que forma parte de nuestra casa común.

Nos encontramos ante un gravísimo deterioro ambiental por donde lo miremos: océanos saqueados, ríos contaminados, praderas desertificadas, bosques talados sin regulación y pérdida permanente de biodiversidad. Huracanes, tormentas y sequías.Retracción y disminución de glaciares; y los polos del norte y el sur también se están derritiendo provocando la suba en el nivel de los océanos. No se pone límite al aumento de la temperatura global; el último verano en el hemisferio norte fue sumamente caluroso. Una parte de la humanidad no quiere reconocer los límites de la creación. Tienen como meta extraer hasta agotar, consumir hasta el hartazgo. A su vez debemos decir que no todos en el Planeta tienen la misma responsabilidad: No tiene la misma incidencia un país europeo que otro africano.

No hay acceso equitativo al agua y a las fuentes de energía. El 20% de la población mundial consume el 80% de energía disponible; y la misma asimetría se refleja en los alimentos. Son síntomas de pecado: desprecio de la obra de Dios y cosificación de las personas.

Nos enseñaba el Papa Benedicto XVI que “el modo en que la humanidad trata el medio ambiente influye en el modo en que se trata a sí misma y viceversa” (CiV 51). Cada vez nos alejamos más del “homo sapiens” (hombre sabio) y nos acercamos al “nescius”, según el diccionario: terco, torpe, porfiado, obtuso.

Para la tradición religiosa judeo-cristiana: la creación es un don de Dios. También compartimos una mirada semejante con la espiritualidad de aborígenes.

Es imperioso caer en la cuenta de que el Planeta es casa de la familia humana. El próximo martes 4 de octubre celebramos la fiesta de San Francisco de Asís. No solo tuvo una vida de pobreza y sencillez, sino que nos enseña un vínculo renovado con la creación: el hermano Sol, la hermana Agua, la hermana Tierra.

Debemos cuidar la Justicia intergeneracional. NO podemos dejar de lado los derechos de las próximas generaciones. Para ello es fundamental promover el valor de la sobriedad en el estilo de vida.

En los próximos meses se desarrollarán dos importantes cumbres mundiales.

La primera será en Egipto en noviembre de 2022. La COP 27 sobre el cambio climático buscará vigorizar acuerdos para reducir el consumo de combustibles fósiles. También se propone fortalecer compromisos para no seguir aumentando la temperatura global debido al uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas).

La segunda: la COP 15 en el mes de diciembre en Canadá, sobre biodiversidad para detener la extinción de especies y la destrucción de los sistemas ecológicos.

Algunos gobiernos ponen piloto automático y se desentienden del compromiso, o son razonables con el discurso pero permisivos en su propio territorio.

El Papa nos pide “Escuchar la voz de la creación” (1 sept – 4 oct). “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (Ls 49).

La semana pasada el Papa Francisco dio a conocer el tema de 57º Mensaje por la Jornada de las Comunicaciones Sociales: “Hablar con el corazón”. Invita a los comunicadores y periodistas a seguir una línea imaginaria con la atenta escucha propuesta el año pasado y que ya vayamos conectando en la misma sintonía con el Sínodo de octubre de 2023. “Hablar con el corazón significa ‘dar razón de la esperanza que hay en nosotros’ y hacerlo con afabilidad, utilizando el don de la comunicación como un puente y no como un muro.” También nos anima a “no tener miedo de afirmar la verdad, a veces incómoda, que tiene su fundamento en el Evangelio”. Y termina: “Es un esfuerzo que se nos pide a todos, pero en especial a los operadores de la comunicación, llamados a ejercer su profesión como una misión para construir un futuro más justo, más fraterno, más humano”.

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Opinión

Un Dios que habla y escucha.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

El ritmo social que llevamos gradualmente nos conduce al aislamiento. Mucha gente se siente sola, sin tener posibilidades de abrir el corazón.

El diálogo entre amigos o en el seno familiar nos ayuda a ayudarnos, a compartir las alegrías y tristezas. Esa experiencia no se limita solamente a las palabras ni a expresar conceptos abstractos. Poner el hombro, abrazar, acariciar, hacer pausa y silencio, forma parte de la comunicación de cariño y ternura.

Dios entra en diálogo con cada persona. Nos enseña un importante documento del Concilio Vaticano II: “Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía”. (Dei Verbum 2).

Dios se da a conocer como Padre y, a su vez, nos revela también nuestra propia identidad de hijos suyos. Nos habla de sí mismo y de la vocación de eterna felicidad a la cual nos convoca.

Es Palabra que ilumina el camino, que muestra horizonte de sentido para la vida.

Dice la Carta a los Hebreos que “La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo; ella penetra hasta lo más íntimo del ser, hasta las articulaciones y la médula, y es capaz de discernir los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hb 4, 12). Nos desestabiliza y sacude de la tentación de la comodidad. Impulsa a un crecimiento permanente. Distingue con claridad el bien del mal y nos urge a optar por el amor, el servicio, la verdad.

La Palabra de Dios también es alimento. Por eso en los Templos se destaca su lugar en un espacio semejante a la mesa del altar.

Este cuarto domingo de septiembre lo llamamos “domingo bíblico nacional”, junto con otras Iglesias cristianas con las que compartimos el mismo texto sagrado.

En esta oportunidad el lema lo tomamos del Evangelio de San Lucas “¿y quién es mi prójimo?” (Lc 10, 29). En una ocasión un doctor de la Ley le preguntó a Jesús acerca de cómo alcanzar la vida eterna. En el diálogo quedó claro que el camino es el amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo; como para justificar su intervención, entonces el doctor insistió: ¿y quién es mi prójimo?

Jesús entonces le respondió con la Parábola del Buen Samaritano. No es una respuesta abstracta, sino bien concreta. Nos impulsa a inclinarnos ante quien está tirado al costado del camino, aunque no lo conozcamos. Es una bella enseñanza de fraternidad y servicio a quien está al borde del camino.

En esta misma línea se expresa la parábola del Evangelio que proclamamos este fin de semana en la misa. Un hombre rico vestido ostentosamenteque daba lujosos banquetes, mientras que a la puerta de su casa un pobre mendigo llamado Lázaro ansiaba las migajas de aquella mesa.

Jesús condena la indiferencia ante el sufrimiento del pobre. La carta de Santiago también advierte a los primeros cristianos del riesgo de las riquezas (St 5, 1-6).

Escuchemos la Palabra con oído atento y corazón de discípulos misioneros de Jesucristo.

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Cumpleaños de la Diócesis de Cuyo.

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Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

La Independencia de la Argentina fue declarada solemnemente en Tucumán el 9 de Julio de 1816. Sin embargo, el reconocimiento no fue inmediato por parte de otros países, y lo mismo ocurrió con la actitud de la Iglesia Católica en la Santa Sede.

Durante décadas las autoridades civiles locales y los sacerdotes solicitaron a la Santa Sede conformar una nueva diócesis con las Provincias de Cuyo. En abril de 1827 se firmó el Tratado de Guanacache entre los Gobiernos de las Provincias de San Luis, Mendoza y San Juan, en el que se comprometían a promover la religión católica. A partir de allí se incrementaron las gestiones para conseguir la creación del Obispado de Cuyo.

Se dieron algunos pasos intermedios pero con dificultades debido a presiones de la corte de España para no perder derechos en las que habían sido sus colonias, e incluso del Cabildo eclesiástico de Córdoba.

Después de tanta espera e intensas gestiones, al fin el Papa Gregorio XVI firmó el Documento (llamado Bula) por medio del cual se crea la Diócesis de Cuyo. Era el 19 de septiembre de 1834. Fue la primera diócesis creada en el país después de la declaración de la Independencia.

Se fija como sede de la nueva diócesis a San Juan, y su primer Obispo fue Fray Justo Santa María de Oro. Él murió en septiembre de 1836 con 64 años de edad, días después de caer de una mula en ocasión de ir a una visita pastoral. (Los datos históricos están tomados de un trabajo de la Profesora Leonor Paredes de Scarso.)

Es una fecha muy importante porque nos hace mirar nuestro origen. Este logro tiene vinculación con el deseo de hombres y mujeres de aquel tiempo, unido a la decisión del Papa Gregorio XVI, obispo de Roma y sucesor del Apóstol San Pedro.

San Pablo VI enseñaba que “la Iglesia existe para evangelizar”. Y esa es nuestra vocación y misión. Sumate en la oración para dar gracias a Dios por llamarnos a compartir la fe en esta geografía. Si estás cerca de la Catedral te invito a la misa de las 20 horas.

Este sábado y domingo celebramos en la Argentina la Jornada Nacional de Oración y Reflexión contra la trata de Personas. La fecha está fijada por la cercanía con el 23 de septiembre, “día internacional contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños”. 

Es una actividad mafiosa que enriquece unos pocos bolsillos a costa de las lágrimas de las víctimas y sus familias. Se esclaviza, oprime y ejerce violencia física y psicológica. Todo lo que se pueda hacer para mitigar tanto desgarro resulta poco.

Es el Cuerpo de Cristo avasallado, humillado, vejado. Son heridas abiertas que manan sangre inocente. Es necesario prestar atención a los gritos silenciosos que, desde la oscuridad invadida por el hedor rancio de tabaco, drogas y alcohol, claman justicia, libertad y dignidad.

El Papa Francisco manifiesta con claridad su pensamiento y denuncia: “Son organizaciones criminales que lucran con esto, esclavizando a hombres, mujeres y niños, laboral y sexualmente, para el comercio de órganos, para hacerlos mendigar o delinquir”.

Nos avergüenza como humanidad el engaño o el secuestro como métodos para avasallar los derechos elementales de toda persona a la vida y la integridad de su cuerpo.

Seamos sensibles a tanto crimen y dolor.

El viernes pasado a mediodía la presidencia del CELAM y miembros de la Fundación Populorum Progressio fuimos recibidos por el Papa Francisco. La tarde anterior había llegado de su viaje a Kazajistán pero su disposición era animada y su mirada, profunda. La enseñanza que nos dejó nos recordó la necesaria conversión a ver a Cristo presente en los que más sufren y en los que son excluidos y descartados de la sociedad.

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